Publicado hace más de 50 años en Londres y nunca traducido, seguimos a
la espera que desde alguna institución se decidan por acometer su publicación y
podamos leer en español el libro de S.G. Checkland: “The Mines of Tharsis. Roman, French and British Enterprise in Spain”.
Que se estén haciendo gestiones, según nos comentan, para hacer realidad este
deseo que ya habíamos manifestado
repetidas veces, por escrito y en diferentes foros donde participamos, nos
alegra. Nuestra contribución a divulgarlo fue publicar el capítulo VI: Ernesto Deligny, el redescubridor olvidado. Y el capítulo XV: La vida en los pueblos mineros (1866 – 1914).
Al parecer acudió a Tharsis para tomar contacto con la empresa que
describe, agradeciéndole a sus directivos el acceso a toda la información
disponible, y el haberles ayudado tanto
en Glasgow como en España. En muchos casos la interpretación de los hechos
recopilados, según escribe en el prólogo, no son compartidas por altos cargos de la
empresa.
Residiría en la casa de huéspedes donde se hospedaban las personalidades
que la empresa quería agasajar. Cualquier duda, necesidad o petición, sería
canalizada a través de la señorita Phillis Grey hasta el mismo director. Viajaría
acompañado en los vehículos de la empresa en cuantas visitas quisiera realizar.
Para relacionarse con el staff directivo acudiría al club inglés. Y para
regresar a Inglaterra bien pudo ser conducido por un coche de la empresa hasta el
aeropuerto de Sevilla.
El año que se editó el libro la empresa ya había pasado a manos de
Antoine Velge, al hacerse con un 25% del capital a través de agentes
financieros, siendo belga por lo tanto el accionista mayoritario de la
compañía. En esta compra de
acciones tubo que influir la opinión de Carlos Strauss, que fue nombrado
director General, ya que: “había visitado
Tharsis en 1958 acompañando a Antoine y Frederic Velge, y varias ocasiones más en 1960, donde recogí
información importante sobre los procesos de producción y las reservas
existentes”.
Esta etapa, que no consta en el título del libro, confirmaría la labor
de investigación y recogida de datos a la que dedicó Checkland varios años. Teniendo
en cuenta que el traspaso de Victor Mercier a Charles Tennant se produce en 1866 y la Tharsis Sulphur and Copper
Company Limited toma posesión de Tharsis y la Zarza en diciembre de ese
año y para un periodo de casi un siglo (99
años), en 1965 la vigencia de ese contrato había concluido o se debería posibilitar
su prorroga. Esto era sobradamente
conocido por el autor, y parece que se limitó a editar todo lo que había
recopilado antes de 1964, pero como no hemos leído el libro, desconocemos si
hay algún anexo a la etapa Belga, ya que su trascendencia no fue menos
importante.
El libro se publicó en 1967, y aunque la mayor parte del trabajo dice
haberlo realizado años antes, quienes tenemos cierta edad podemos tirar de
memoria y de hemerotecas para situarnos en el Tharsis que pudo haber contemplado Checkland, si es que visitó el pueblo para escribir del
trabajo y la historia de la Tharsis
Sulphur. Sobre los años 60 y vida social, ya he publicado otros artículos: (1), (2), (3), (4)

A principio de los 60, en el mes de Octubre, quienes rondábamos nueve o diez años, no
teníamos la más remota idea que en las elecciones sindicales celebradas para la constitución del jurado de empresa se
eligen a tres representantes para cada uno de los grupos: técnicos,
administrativos, mano de obra cualificada, y mano de obra no cualificada. Para
el cargo de secretario eligen a Cándido Maestre. Nuestra conciencia social, que
nos dirían después, aún no se había despertado y nos considerábamos la mar de
felices en nuestra vida diaria. Existía una organización en la que crecimos,
que de alguna manera también nos podía condicionar, pero es la que había y se
disfrutaba de cierto bienestar comparado con otros pueblos. Teníamos el
“anticipo”, donde entregando la cartilla te adelantaban dinero a cuenta de la
nómina de tu padre. El Economato era también la tienda más surtida del pueblo y
que más visitaban nuestras madres. La plaza de abastos disponía igualmente de
todo tipo de productos frescos, a donde acudían vendedores de otros pueblos. Se
podía comprar a los diteros sin necesidad de avalistas, bastaba que tu padre
fuera empleado de la empresa para conseguir cualquier producto y pagar en
cómodos plazos. La escolarización, que
había organizado la empresa y se disfrutaba desde 1881 en la Escuela Grande,
debía tener cierto prestigio en el ámbito provincial, ya que en la visita que
hace Franco a Riotinto en 1956, se le muestran fotografías de la escuela de
Tharsis, una de la clase de don
Francisco.
Sí recordamos, que al igual que ahora, la afición al fútbol era
dominante en el pueblo. Los partidos del club atlético Tharsis eran seguidos
por la mayoría de trabajadores, y en los desplazamientos del club a otros
campos de futbol, viajaban familias con la intención de encontrarse con
familiares que vivían en otros pueblos. Ocurría igual cuando otros equipos
venían a Tharsis, que parientes de nuestros padres se llegaban por casa, nos
besaban y nos saludaban efusivamente.
Una vez que se instaló el primer televisor en el Casino, los aficionados
lo recibieron como un gran regalo. Ya no solo podían ver jugadas reales en el campo Santa Bárbara,
ahora también a través de la televisión, la de sus equipos favoritos. Y aunque el casino se llenaba a rebosar los domingos
que televisaban algún partido, la costumbre de estar al tanto de la liga y las
quinielas, con el transistor pegado a la oreja escuchando a Juan Tribuna en su carrusel
deportivo, seguiría durante años.
Estábamos alegres por la felicidad que reinaba en nuestras casas, entre
las familias, y en el pueblo. Nuestras ocupaciones eran ir a la escuela y después a clases particulares, y el resto
del tiempo a jugar y a esperar que llegaran nuestros grandes acontecimientos:
la Velada, Santa Bárbara, la Peña, Navidad y Reyes. Con esos años el futuro era
una palabra sin apenas significado. El cine también competía con el casino como
lugar de distracción, no sólo para proyección de películas, algunos
espectáculos tuvieron gran concurrencia de público, sobre todo de los cantantes
de la época. Recuerdo uno de Rafael Farina donde se movilizó mucha gente. El
cine también sirvió para entregar los premios que la compañía daba a los
alumnos por asistencia y aplicación, y que presidía la Señorita Phillis Grey.
Cuando aquellos aparatos de radio a válvulas los había en pocas casas, y
la televisión aún no había aparecido, la
única distracción concurrida para salir de la monotonía diaria era el cine. Se
esperaba con avidez a que en la fachada se colocara el cartel avisando de una
nueva película. Una anécdota que me relató don Alberto al pedirle, hace cuatro
años, que me contara sus vivencias en el pueblo, había ocurrido en el cine
antes de su llegada; y es que cuando acudió a Tharsis en 1956 como médico del
SOE, entabló lógica amistad con D. José Díaz Riestra, quien le contó que
entrando una vez al cine se sentó en el palco que tenía reservado la empresa y
vinieron a llamarle la atención. Se prometió en ese instante que jamás pisaría
el cine, promesa que le dijo a don Alberto mantendría mientras viviera. Y la verdad, tenía que ser
duro en aquella época, me decía don Alberto,
renunciar al cine.
También se celebraban en el casino otro tipo de actos y que alguna vez
observamos desde la distancia, eran la reuniones convocadas por el sindicato,
el que había, que se llenaba de
pancartas y de aplausos que resonaban
bien lejos. A la salida, los trabajadores se felicitaban de los discursos que habían
escuchado.
Por esta época, y cuando empezábamos a interrogarnos algunas cosas, no encontrabas
mucha disidencia con la situación política,
no dudo que hubiera más, pero entre los de mi edad había, si se puede decir así, bastante
desinterés: ni nos interesaba Franco, ni quienes lo combatieron, y si después me
movió la curiosidad por saber, es porque quienes perdieron la guerra se empeñan
en reescribir la historia. Pasarlo bien era nuestra meta hasta entonces, poner los
pájaros, jugar al foché, a la guillarda, a los bolindros, o construir y volar
pandorgas. Lo más revolucionario que hacíamos era escuchar Radio España Independiente, la “pirenaica”, pero con el tiempo descubrí que no tenía nada de independiente, y de
pirenaica tampoco, que emitían desde la dictadura más cruel de la
historia.
Aquella situación la sufrieron
mayormente nuestros padres, y aunque nos tocó vivir en la dictadura hasta 1979,
después de muerto el dictador miles se declararon antifranquistas, a pesar que se
beneficiaron y prosperaron en su régimen.
La gran oportunidad para salir del pueblo se nos presentó gracias a la
creación de las becas del PIO en 1961. Un grupo de alumnos acudimos a Huelva a
un examen para acceder a esas becas, así fue como cambiamos los días de asueto
y juegos después de clase, por la disciplina que imperaba en los colegios del
frente de juventudes, como era el colegio Menor Santa María de la Rábida, que nuestros padres eligieron para iniciar
el bachillerato, quizás porque otros alumnos del pueblo ya estaban en ese
colegio. Otros compañeros también cursaron estudios en el seminario.
Los que no pudimos mantener la beca, continuamos en la academia
Cervantes en Alosno, que se había organizado por esas fechas. A donde acudían
los profesores del Instituto La Rábida de Huelva para examinarnos por libre.
En los días de invierno, que cogíamos el autobús de Damas para ir a la
academia de Alosno, encontrábamos el quiosco de Valle con la chimenea encendida,
y se agradecía acercar las manos al tiro metálico para calentarse. Llevábamos
el canasto con la comida preparada por nuestras madres, y al llegar lo
dejábamos en casa de un conocido o familiar. En mi caso, y el de mi primo
Antonio, a casa de Francisco Garfia, hermano de José Garfia Cerrejón, muerto
recientemente (q.e.p.d.), y a quien
tantas veces recurrí para contrastar información. Alguna vez coincidimos con
obreros que viajaban a Huelva porque la empresa había organizado un curso para
sacarse el carnet de conducir.
Los años 50 se viven en Tharsis con el pleno
empleo. Terminada la segunda guerra mundial, la industria europea trabaja para
la plena recuperación y necesita mucha materia prima. La provincia de Huelva
suministra la pirita, esa materia prima tan demandada. La prensa afirma que la
mina de Riotinto es la primera del mundo. En Tharsis se alcanzan 780.000
toneladas.
Durante décadas la actividad laboral en los tres centros
mineros: Tharsis, la Zarza y Corrales, tenía ocupada mucha mano de obra. La
exportación de la pirita a través del río Odiel mantuvo un flujo constante de
trenes con una repercusión benéfica en la población, que disfrutaba de un relativo
bienestar. Aunque se vivieron periodos de crisis, no sólo
huelgas, también los altibajos que de forma cíclica siempre ha soportado la actividad
minera. Terminada la guerra civil, otra grave crisis dio comienzo trayendo
miseria y penumbra a toda España, la segunda guerra mundial. Los obreros
compaginan el trabajo en la mina con
otros agrícolas. La necesidad de contribuir a la economía familiar era
imperiosa, y quien tenía un huerto donde cultivar alimentos, se entregaba a
ello todas las horas posibles. Cuando la exportación recayó a raíz de la
guerra, la empresa tenía excedente de mano de obra de la que no se podía desprender,
y optó por ocupar a los obreros en tareas
ajenas a la minería, o reduciendo la
semana a solo tres días de trabajo.
Esa época, los años 40, es la de mayor auge
del contrabando, que nuestros padres bien recordaban, y a lo que también se dedicaron vecinos de Tharsis. El
café y el azúcar eran los productos más demandados en esta parte de la
frontera. Esta actividad fue perseguida en España y Portugal pero con cierta
permisividad en ambos países. Del contrabando, ejercido mayormente por hombres,
se pasó a la recova, ejercida casi en exclusiva por mujeres, y que portando
enormes canastos repletos de huevos, una vez que llegaban en tren al Puntal, intentaban
abordar a toda prisa la primera canoa. Llegar cuanto antes a la plaza de Huelva
repercutía al alza el precio de los
huevos.
Esos años propiciaron también la
desaparición de la banda de música. Las necesidades eran tantas que se
sacrificaron aficiones para la búsqueda de ingresos extras tan necesarios. En
vez de ensayar y tocar con la banda, esos días y esas horas se empleaban en
conseguir trabajos retribuidos. Las penurias que se pasaban en muchas familias relegaron la
afición por tocar. Nuestros padres nos contaron de esas penalidades, donde una
terrible hambruna asolaba muchos hogares. Juan Blanco Estévez, a quien
entrevisté en 2008, me informó de esta situación.
En 1941, 350 trabajadores de Huelva parten
para trabajar en Alemania, que estaba en guerra. Entre ellos, trabajadores
de Tharsis componentes de la banda de música. Esta
ausencia de algunos, y las necesidades básicas poco cubiertas de la mayoría,
debió desmotivar a todos. Actuaron por
última vez en 1951 para acompañar en procesión por el pueblo a la virgen de Fátima. Después se
entregaron los instrumentos. Uno se vendieron y otros desaparecieron.
La exportación de la pirita en los años 50
propicia igualmente el incremento de mano de obra y la empresa promueve la
construcción de nuevas viviendas: plaza de San Benito, calle Dr. Fleming. A pesar
de ello muchos huertos fueron ocupados, por qué la demanda de vivienda no la
solucionaban las nuevas construcciones.
En 1963 se aplicó el salario mínimo
interprofesional, de 36 pesetas diarias de media para la industria, y entre 24 y 27 en la agricultura.
Un día de febrero de 1965 se supo en el pueblo que un teatro ambulante situado
en el llano del paseo había sido derribado por un fuerte viento. Quienes
pasaron por allí relataban que les había impresionado ver esparcidos
pertenencias y objetos personales. La compañía le prestó ayuda, al igual que
hicieron otros vecinos ofreciéndoles alojamientos en su huerto.
En 1967, representantes del jurado de
empresa de la compañía de Tharsis, viajaron a Nerva para agradecerle al
ministro de trabajo Romeo Gorría, y al “caudillo”,
el incremento en los salarios de los mineros.
En 1968, el diario Odiel dedica un amplio reportaje a la Compañía de azufre y cobre de Tharsis
y sus importantes realizaciones. En uno de nuestros artículos publicamos fotografías de aquella época. Ese mismo año la Sección Femenina instala
su cátedra en Tharsis, que clausura con una demostración de gimnasia y la
actuación de un grupo de baile en el llano del paseo.
En 1969 se inaugura el club Juvenil. Disponer
de un local de reunión para la juventud fue un hecho importante, donde asumimos,
entre todos, la responsabilidad de organizarnos. Participamos en tómbolas, teatros, excursiones y bailes. Y editamos
la revista Tharsis, con su aire contestatario, que creo fue el motivo por el
que nos pidieron legalizarnos o dejar de publicar. Pero de esto ya hemos escrito en nuestro blog
hace más de siete años, para conmemorar el 41 aniversario.
José Gómez Ponce
Febrero 2018