jueves, 2 de julio de 2015

VIAJANDO GRATIS


La época veraniega es propicia para viajar. Se cruzan regiones, países, o continentes, para satisfacer curiosidades, experiencias, o creer pasarlo bien. También para visitar a familiares o reencontrarse con viejas amistades
Por estas fechas suelen acudir emigrantes que salieron un día, hace años,  para visitar a los escasos familiares que aquí les van quedando. Se intercambian saludos, opiniones, y se comentan anécdotas.  Y es que nuestros pueblos se fueron despoblando por la emigración. La búsqueda de un futuro que era imposible alcanzar viviendo junto a sus padres, desplazó a gran parte de la juventud a otras ciudades. Incluso familias enteras  marcharon  a otras regiones porque los padres diagnosticaron un triste futuro para sus hijos.
Aunque esta posibilidad de salir de los pueblos viajando se les ofrecía cada año a los jóvenes, en un viaje obligatorio y sin poder elegir destino. El Servicio Militar te llevaba hasta donde tú no querías,  no sólo por un mes, los del verano; por un año o más. Y cada ansiado permiso regresaban de nuevo a casa, pero igualmente se estaban preparando, sin saberlo, para un viaje sin retorno.

Esta es la foto de nuestros “quintos” delante de la casa del médico, preparándose para viajar gratis.

jueves, 25 de junio de 2015

CURSO DE ELECTRICISTAS EN THARSIS

  

En Septiembre de 1966 informaba el diario Odiel de la clausura de un curso de formación Profesional Obrera en Minas de Tharsis, habiéndose celebrado anteriormente otros de mecánicos y de conductores.
Las clases y la clausura se llevaron a cabo en un edificio emblemático, “las Cuadras”, saqueado y convertido en ruina al igual que otras muchas instalaciones. Os dejamos, con mejor calidad, la fotografía que publicaba el periódico, y otra donde se aprecian los robustos travesaños del edificio.
                                         
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El sugerente del Programa de Promoción Profesional dirige la palabra a los componentes del curso para electricistas  en el acto de clausura celebrado en Tharsis.
Dentro del extenso Progra­ma de Promoción Profesio­nal Obrera que se viene  llevando a cabo en nuestra ca­pital y provincia, hemos de destacar los que en menor espacio de un año se han ce­lebrado en Minas de Tharsis.
Primero tuvo lugar uno pa­ra mecánicos reparadores al que asistieron 22 alumnos. Seguidamente otro para con­ductores, en el que  obtuvie­ron la correspondiente licencia 19 participantes, y finalmente uno para electricistas en el que han promocionado 15 productores.
El pasado día 24 se celebró el acto de clausura de este último que fue presidi­do por don Teófilo Barros Hernández, subgerente del Programa de Promoción Profesional, en representación  del delegado provincial de Trabajo, asistiendo por parte de  la  Empresa Cía. de Tharsis, Ltda., don José Ve­ga García, jefe de Personal, don José María Varona, in­geniero encargado de Promo­ción Profesional; don José Maria Ley,   ingeniero jefe de Sierra Bullones; don Rei­naldo Hunter, jefe de Talle­res, y señores monitores y alumnos.     

       
En primer lugar hizo uso de la palabra el señor Vega García quien destacó la im­portancia que para los promocionistas tenían aquellos cursos gracias a los cuales y gratuitamente adquirían una experiencia que les permitiría mejorar dentro de la Empre­sa. Asimismo anunció el proyecto de celebrar próximamente nuevos cursos para albañiles y manipuladores de maquinas pesadas.
Seguidamente, el señor Ba­rros Hernández agradeció en nombre del delegado provincial de Trabajo la colaboración que la Empresa de Tharsis  -a la que considera modelo- dispensaba al Programa de Promoción Obrera. Destacó la trascendencia de la promoción, no sólo profesional sino  social, que gracias a  estos cursos se viene produciendo, y anunció que seguirán dándose en otras especialidades
Se procedió a continuación a la entrega de los certificados de  aptitud a los quince participantes cuyo orden se­gún los merecimientos de cada uno es así:
Francisco Mo­reno Moguer, Mario López Martin, Lorenzo Villegas Ca­ballero, Diego Rodríguez Ba­rros, José Toronjo Poleo, Manuel Rodríguez  Rodríguez, Martín García Martín, José Domínguez Márquez, Juan Palma Alfonso, Domingo Pé­rez Pérez, Pedro Medel Charneco, Benito Medel Chama­co, Francisco Domínguez Márquez, José A. Trigo Álvarez, y Juan Romero Estévez.
Finalmente y en nombre de todos sus compañeros el alumno Lorenzo Villegas dio las gracias al Ministerio de Trabajo por los beneficios que este curso les proporcio­naba, así como a la Empresa y a los monitores que les han instruido.
Terminado el acto de clausura la Cía. de Tharsis invi­tó a los asistentes y alumnos a un vino de honor.
No querernos terminar es­ta información sin destacar las facilidades dadas por La Cía. de Azufre y Cobre de Tharsis, Ltda. a cuantos pro­ductores de su plantilla se inscribieron para tomar par­te en los cursos realizados, ya que no sólo les permitió un horario de trabajo com­patible con el de sus clases, sino que fueron gratificados con una prima de asistencia a las mismas.
Encomiable labor la de estos cursos de Promoción Pro­fesional Obrera del Ministe­rio de Trabajo, gracias a los cuales es mayor cada día el número de los que adquie­ren unos conocimientos teó­ricos y prácticos que les per­mitirán optar a puestos de trabajo más dignos y mejor remunerados.—C.


jueves, 18 de junio de 2015

"Os podéis quedar en mi huerto"


El último artículo, "noches de verano en Tharsis", ha tenido muy buena acogida entre vosotros. Esto es de agradecer. Quienes pasamos nuestra infancia y juventud en el pueblo recordamos bien aquellas noches calurosas. Gracias.
                                     
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El asunto de los huertos en Tharsis tiene una dimensión sociológica importante. No sólo contribuyeron a las economías familiares, si no que  fueron utilizados para acoger entre nosotros a quienes tenían trabajo pero no vivienda, o paliar alguna necesidad. Eran otros tiempos y Tharsis era diferente, pero quienes empezaron acogiendo  forasteros en  sus casas  una vez que la Compañía relajó el control sobre las viviendas, cuando tuvieron un huerto lo cedieron a familias que no tenían donde quedarse.
De este asunto pensamos extendernos algo más en otro momento.
En la fotografía, un miembro de un teatro ambulante que un temporal dejó sin vivienda en Tharsis,. Junto a la familia de acogida y vecinos.

jueves, 11 de junio de 2015

NOCHES DE VERANO EN THARSIS


La minería es una actividad que requiere de grandes inversiones, pues llegar a los minerales es costoso y peligroso, y al igual que otras actividades económicas, se manifiesta en dos importantes   fluctuaciones a lo largo de la historia: apogeo y declive.
Cuando se acometen proyectos que conllevan  gran demanda de mano de obra, esto se traduce en  prosperidad y desarrollo no solo en la población de la mina,  abarca incluso una comarca o un país. Por el contrario,  la desaparición de la minería, si no existen alternativas, propicia la emigración y el envejecimiento de la población.
Tharsis no era  una excepción, y camina por la senda  por la que han pasado  poblaciones  de nuestro entorno. Pueblos no hace mucho bulliciosos, que acudían  a fiestas y celebraciones. Con calles de un continuo ir y venir de personas, de niños en los colegios. De mineros que se vestían de domingo para disfrutar del merecido descanso en compañía de la familia; acudiendo al casino, al cine, o de visita a otras familias. Y al no haber indicios que la actividad minera  vuelva a resurgir a corto plazo, este inexorable  camino que ya transitamos puede no tener retorno.
Nuestros últimos mineros tienen poca necesidad de esperar al deseado descanso dominical, porque ya jubilados todo el año es domingo. Y sus  familias, en muchos casos, están lejos de ellos. Hijos que marcharon a la búsqueda de futuro y dejaron aquí a sus padres. Con los que se encuentran en contadas ocasiones cuando la distancia que los separa es grande. O con visitas más o menos periódicas, o semanales, cuando la distancia de separación es menor.
Si hay algo que refleja el declive poblacional, es con la llegada del verano. Con el  frío o  mal tiempo, la meteorología nos hacía buscar  resguardo en nuestra casa, alrededor de un brasero y disfrutar de nuestras muchas o pocas comodidades.  La llegada del calor sin embargo  nos predispone a combatirlo, y una de las formas más antiguas es salir de nuestros refugios al anochecer. Sacando a la calle nuestro banco, nuestra silla de enea, o nuestra hamaca, y refrescándonos con la ligera brisa, huyendo del "horno" de la casa. Calles antaño que se llenaban de vecinos practicando un "ejercicio" obligatorio, tomar el fresco.
Recordamos lo concurrida de nuestras calles a las 10 o las 11 de la noche, donde se  formaban tertulias, se contaban cuentos, se  jugaba, o simplemente se contemplaban las estrellas y la vía  Láctea, que la poca iluminación pública hacían posible. Se pasaba por calles que al estar en penumbras, tenías que dar las buenas noches por cada puerta que pasabas, donde se congregaban sus habitantes,  y a cada saludo tuyo respondían varias voces.
Otros recuerdos de aquellos tiempos, de  los que tenemos alguna edad y vivíamos en ciertas calles, es que a determinadas horas de aquellas noches calurosas, veíamos desde el comienzo de la calle, que las familias se refugiaban deprisa y corriendo en sus casas. Primero una, después otra, así hasta que llegaba a la altura de nuestra casa; que hacíamos lo mismo, abandonar el fresquito antes que soportar la fetidez del "carro de la mierda". Que pausadamente se alejaba para depositar su  maloliente y orgánica carga.
Ahora, cuando se inicie el verano, darse una vuelta por aquellas calles antaño alegres  y concurridas, apenas si veréis gente al fresco. Y las farolas que hoy iluminan calles que permanecieron años en penumbra, os confirmaran la cruda realidad, que muchas puertas están "cerradas a cal y canto"  porque simplemente, ya no vive nadie.



jueves, 4 de junio de 2015

Grandes fiestas en Tharsis


Este venía a ser el titular que Cándido Maestre enviaba cada año al diario Odiel llegado el  mes de Julio. Se celebraba La Velada, festividad solaz por excelencia y que históricamente pudo tener relación con la guerra de Cuba y la generación del 98, como hemos reseñado aquí. Otro paisano, y “embajador” en Argentina, José Alfonso, se refiere igualmente a la gran fiesta del mes de Julio, destacando la  gran afluencia de público y la importancia del baile que se organizaba en la Caseta, donde la juventud se divertía con frenesí. Se interpretaban los éxitos del momento y se contaba con la participación de la Banda de música de Tharsis, hasta su disolución en 1951.
En Tharsis, por esas fechas, existía un conjunto de música que también actuaba por los pueblo, y del que formó parte, entre otros, Juan Ruiz.
Las Veladas de ahora  siguen transcurriendo, en parte,  más o menos igual, pero si hablamos de fiestas y bailes, otras se celebraban a lo largo del año con el aliciente del baile como reclamo para el éxito. Donde no desmerecía la participación de la juventud.
Una tenía lugar para la elección de la reina de Santa Bárbara, y más de una vez hemos visto celebrar en el campo de Fútbol. Solía tocar algún conjunto de la provincia y ya que se organizaba en Verano, sillas y veladores se sacaban al terreno de juego, donde al día siguiente jugaba el Atlético de Tharsis, que Gabriel se preocupaba de recordar para que fuéramos cuidadosos con tapones y cristales.   
Era difícil que en estas fiestas no participara nuestro querido “pregonero” Manolo el Control, al igual que algún representante de las “fuerzas vivas”: el alcalde, el médico, el sargento.  Allí acudíamos los jóvenes, donde reinaba el buen ambiente. El baile siempre ha sido  la manifestación socialmente aceptada para el galanteo y el contacto físico entre sexos. 



Llegada la celebración de Santa Bárbara, las actuaciones musicales se desarrollaban en el escenario que se montaba en la terraza del Casino. Allí volvía a estar Manolo el Control, presentando, entre otros, al “Dúo Rupol”, o a los “Beatles de Cádiz”  cuando actuaron en Tharsis.
Un año tocaron por esas fechas, aunque en el Cine, un conjunto que estaba en sus comienzos, y con el tiempo adquirieron cierto renombre en la provincia, “Época 69”.
Alguien que llegó  a ser famoso y apuntaba maneras a lo “Raphael”, fue “Francisco de Miguel”, que actuó otro año en el campo de fútbol. Y seguramente por lo dura que estaba la vida, que diría un castizo, el bollullero no se hacía acompañar por orquesta, sino por un “moderno” magnetófono donde venia grabada la música y él ponía la voz a través de un voluminoso micrófono.


Con la inauguración del Club Juvenil, los bailes en Tharsis contaban con nuevos organizadores. Seguidores de los éxitos del momento, que se ponían al día con la TV viendo “Escala en Hifi”. Hasta teníamos un Delegado de Música, Manolo Álvarez, cliente habitual de “Radilux”, donde renovaba su discoteca que luego compartía con nosotros. 
Otras orquestas acudieron  a Tharsis para la fiesta de fin de año, que se celebraban en el Casino.
Os dejamos algunas fotos para que recordéis.


jueves, 28 de mayo de 2015

DELIGNY, UN INGENIERO DEL SIGLO XIX. Y 2ªParte


Pero lo más importante estaba por llegar.

Entre Febrero y Marzo de 1853, visitó varias minas en Andalucía, entre ellas la de RioTinto, donde habían realizados progresos en el tratamiento de los minerales. También acudió a Portugal. Todo por encargo de Luis-Charles Decazes, duque de Glucksberg (1819-1886), que había sido embajador de Francia en España, y del Banco de Crédito. En los alrededores de los yacimientos mineros, descubrió grandes depósitos de escorias, importantes restos de explotaciones anteriores: romanas, o fenicias. En esos principios de la Geología, el recurrir a esos métodos de prospección, era un enfoque que no carente de interés. Claude Domergue nos dice que Deligny formó parte de de esos ingenieros que de hecho fueron los primeros arqueólogos mineros. Inmersos en la cultura clásica, llenos de admiración por los trabajos de griegos y romanos; no dejaron de anotar en sus cuadernos los restos de trabajos antiguos, arriesgándose a menudo a reconocimientos peligrosos en zonas de dudosa estabilidad. En su entusiasmo creyó haber encontrado cerca del pueblo de Alosno las minas bíblicas de Tharsis. De hecho, es el nombre de la montaña vecina “Tarse”, lo que le empujó a esta interpretación poco acertada. Pero el nombre se ha mantenido, y el de Deligny está asociado a una página española de Internet “Los amigos de Tharsis, Ernesto Deligny”. Aunque cometiera varios errores por su inexperiencia minera, va a ser el primero en sentar las bases de una explotación a gran escala. Se aferró a una explotación subterránea, pero no solucionó correctamente el problema del desagüe y extracción (Ver La Sabina) Y a pesar de su experiencia en ferrocarriles, no pudo solucionar el gran reto del transporte. La primera sociedad creada para explotar las minas de Tharsis en 1853, debió ser rescatada rápidamente. Sucediéndole otra nueva en 1854: La Compañía de minas de cobre de Huelva. La actividad se desarrolló rápidamente, y en 1856 1.500 obreros trabajaban en ella.

En 1858, Decazes junto a Duclerc, futuro dirigente del Crédito Mobiliario de España, y Deligny, fundaron la Sociedad La Sabina para la explotación de Santo Domingo, en Portugal, que ya había reconocido en 1855. Esta zona, aunque separada por la frontera, era la prolongación de los yacimientos de Tharsis. Pero la salud financiera de La Compañía de minas de cobre de Huelva no era siempre buena y, en 1859, Duclerc dejó la dirección de la compañía, seguido por Deligny. No obstante pudo ser recuperada en parte, (Dirección de Mercier) pero continuando con un pésimo transporte para la salida de los minerales, y un escaso mercado.

Los ingleses penetraron en la zona llevando, gracias a una innovación técnica de la doble recuperación del cobre y del azufre, una ampliación del mercado que permitía la movilización de capitales. En 1866, la “Tharsis Sulfur and Copper Company”, sociedad inglesa cuya sede estaba en Glasgow, retomaba la explotación de las minas constituyendo una entidad con medios financieros bastante considerables. La sociedad “Mason and Berry” fortalecía las concesiones de la Sabina (Santo Domingo en Portugal) y completaba así la presencia inglesa.

Al final de la década de 1860, Déligny crea la Sociedad de minas de cobre de Alosno,  única sociedad francesa en la región, activa y próspera en 1882, donde la representaba su hijo Víctor.

A pesar del dominio de los ingleses sobre el conjunto de las minas de la zona, los intereses franceses habían sido preservados en buena parte. La acción de los pioneros franceses -pioneros desgraciados como los califica Gérard Chastagnaret,- había permitido despertar a toda una región, relanzando un sector de actividad que constituyó una fuente de riqueza. En 1878, a pesar de sus avanzados puntos de vista, la Corte de España concedió a Deligny, como recompensa por sus servicios, el título de Conde de Alosno. Pero según relata L. L. Vauthier, él no le daba importancia a este nombramiento.

En 2007, el Ayuntamiento de Huelva decidía volver a rotular una de sus calles con el nombre de Ernesto Deligny. (A petición de Amigos de Tharsis) Esta ciudad, frecuentada antes de 1850 por apenas algunos barcos pesqueros, donde no llegaba nunca un navío, se había convertido a finales del siglo XIX, en uno de los puertos comerciales más importantes de España.

 
LA VUELTA A FRANCIA Y SU IMPLICACIÓN AL SERVICIO DE PARIS

Su vuelta a Francia se hizo progresivamente, con una etapa en el viñedo Bordelés, al norte de Libourne. Entre 1862 y 1866 se encuentra todavía en España, ocupado en la construcción de un muelle de carga en Huelva para el mineral de Tharsis.

En 1863 publicó Apuntes Históricos sobre las minas cobrizas de la sierra de Tharsis (Tartesis Bética) en la Revista Minera, texto que fue reeditado en Glasgow en 1953 bajo los auspicios de la Tharsis Sulfur and Copper Company que todavía existe. En los Apuntes relata la historia de las minas de Huelva desde la época fenicia, y cuenta cómo y por qué acudió a inspeccionar las minas de la provincia. Su descubrimiento de lo que él llamó Tharsis, y el argumento utilizado para bautizar con ese nombre a las antiguas minas, laboradas ya por fenicios y romanos. Las concesiones solicitadas, y los comienzos de la explotación hasta 1860.

En 1864 devolvió al Museo de Artes y Oficios la rueda romana de desagüe de la mina de Santo Domingo. En esa fecha estaba domiciliado cerca de Paris, el nº 15 de la Vieja Carretera a Neuilly. En 1868, en el anuario de los viejos alumnos de la Escuela Central, se declara cultivador vinícola en el Castillo del Arco, por San Denís de Pile (Gironde), dando una nueva dirección en París, el nº 18 de la calle Francisco I. El Castillo del Arco fue la propiedad del padre de Luis Carlos Decazes, Elie (1780-1860) ministro de Luis XVIII y fundador de Decazeville en 1822.

Antes de 1870 es propietario y director del periódico La Tribuna de Burdeos. Habiendo estallado la guerra de 1870, fue, en 1871, miembro de la Comisión de abastecimiento para la defensa de París, lo que le valió la Cruz de Caballero de la Legión de Honor en 1891.)

Esto fue el principio de la última parte de su vida, durante la cual se consagra al servicio de París. En 1874 fue elegido consejero municipal, sin interrupción hasta 1893, del barrio de La Puerta Dauphine (en París).

Su actividad parisina merecería un desarrollo particular. De 1875 a 1878 ocupó el puesto de síndico de la Asamblea. Republicana, pero independiente. Rehusó constantemente tomar parte en discusiones políticas y sólo se ocupó de cuestiones municipales, donde colaboró con L.L. Vauthier (1815-1901).
Furierista que se había ilustrado en Brasil, donde había trabajado en el desarrollo de Pernambuco (Recife) durante seis años. De vuelta a Francia, elegido diputado en 1849, implicado en los sucesos de junio de 1849, fue excluido del cuerpo de Puentes y Carreteras. Encarcelado, y después desterrado de Francia en 1855, fue amnistiado en 1859. Practicó la actividad de ingeniero civil en Europa, después en Francia. Elegido Consejero municipal en 1871, donde permaneció hasta su muerte, fue un miembro influyente de la Asamblea, interviniendo en todos los problemas técnicos que presentaba el desarrollo de una gran ciudad. Constituyó, junto con Deligny, el núcleo de consejeros con quien se podía dialogar, enfrentarse con una administración muy poderosa, teniendo en cuenta el estatus particular de París. Redactó su reseña necrológica para la SCI.

Presidente de la Comisión de Aguas y Alcantarillado, Deligny solicitó el desarrollo del suministro del agua potable de fuentes y ríos, y su distribución en los edificios. La finalización de la red de alcantarillado, y la mejora de los muelles del Sena en la travesía de París. Votó por la creación de institutos de chicas, y por viviendas baratas. Estuvo muy implicado también en el problema del transporte: en el proyecto de la Estación Central, del metropolitano, y en el desarrollo de los tranvías. Es autor, además, de más de 18 informes sobre estos temas, entre 1883 y 1891; catalogados en la Biblioteca Nacional de Francia. Allí aparece anotado, además, su informe en 1878 sobre la cesión por la villa de París de los terrenos necesarios para la construcción de la nueva Escuela Central. Se había convertido en una voz muy respetada, tanto en el Consejo Municipal como en el Consejo General del Sena, sobre todo lo que concernía al desarrollo de París y el bienestar de sus habitantes.

Moriría en el castillo del Arco, en Gironde, el 15 de noviembre de 1898.

INGENIEROS COMPROMETIDOS Y FILANTRÓPICOS

A través de las vicisitudes y éxitos de su carrera, se puede, con un sólo examen de las acciones emprendidas y de los objetivos perseguidos, reconocer los valores que encarnaron esta existencia: creencia en el progreso material para mejorar las condiciones de vida de la población, con el desarrollo de los transportes, de la industria, de la higiene, y de la educación.

Se encuentra, con su orientación política republicana, una similitud con un hombre como Emilio Muller (1844) calificado en el momento de su muerte, en 1889, como “soldado del progreso” por Eiffel. En el Consejo municipal de París, otros Centralistas -como Eugenio Parisse (1877)- compartían en particular sus preocupaciones por la educación.


FIN

jueves, 21 de mayo de 2015

DELIGNY, UN INGENIERO DEL SIGLO XIX. 1ª Parte

Se cumple por estas fechas el 195 aniversario del nacimiento de Ernesto Deligny. Publicamos ahora en Facebook el trabajo del historiador  Jean-Louis Bordes, que ya habíamos  publicado en 2011.       El original está escrito en francés, y aunque somos responsables de esta traducción,  lo pueden consultar aquí.   

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Ernesto Deligny, un ingeniero del siglo XIX: 1820-1898

La vida de Ernesto Deligny ocupa la mayor parte del siglo XIX. Su carrera de ingeniero se inscribe en el 2º periodo de la Industrialización. Caracterizado por la variedad de sus actividades, los lugares donde se desarrolla, y los compromisos que le sustentan. Del tipo de ingenieros que formaba entonces La Escuela Central de las Artes y Manufacturas, fundada en 1829. Aunque no disponemos de toda la información que hubiera sido deseable, pensamos que era necesario hablar de esta aventura humana y técnica.

Origen y Formación: 1820-1842.

Ernesto Deligny nació el 4 de mayo de 1820 en París. Su padre, Fernando Deligny, comerciante, vivía en el nº 18 de la calle Basse de Orleáns, en el barrio San Denís. Su madre fue Margarita Ardaillon. Al menos se le conoce un hermano. En la época de su entrada en La Escuela Central, su padre es propietario en Calonges (Cantón de Autrey) en Haute-Saóne. Parte de sus estudios los realiza en el Colegio de Gray, del mismo departamento, desde 1835 a 1839.

Volvió a la Escuela Central de Artes y Manufacturas el 4 de enero de 1840, después de haber superado un examen de admisión el 4 de septiembre de 1839.

De allí salió el 15 de agosto de 1842, Diplomado en la especialidad de Metalurgia. No se sabe con qué rango. La promoción constaba de 48 alumnos, de los que 29 fueron Diplomados, los otros Certificados (cualificación de menor relevancia). 120 alumnos habían sido admitidos en 1840. La selección a estos estudios había sido dura. Sus compañeros de promoción se llamaban, Arquembourg, Bishoffeim, Gouvy, Hartmann, Koechliln.

El joven ingeniero: 1842-1850

Dirigió su salida profesional hacia la industria de los ferrocarriles, que constituía en ese tiempo un camino lleno de futuro, sinónimo de progreso. Desde su salida de la Escuela en 1842, trabaja como ingeniero en el estudio del ferrocarril de Dijon a Besancon. Aquí estuvo poco tiempo, pues en 1843 se convertía en ingeniero de los ferrocarriles de Saint-Germain y Versalles, con la categoría de Jefe de Sección; bajo las órdenes de Eugenio Flachat, quien lo había contratado. Estaba pues, integrado en un prestigioso equipo, de ideas San Simonianas. Y de notable repercusión en los ferrocarriles, la ingeniería civil asociada, y las fábricas metalúrgicas. Llegó a tratar, entre otros, con Jules Petier (1832), y Alexis Barrault (1836), quienes marcaron su época.

En 1845 simultaneaba el trabajo de ingeniero en la línea Paris-San Germain, colaborando en los trabajos del ferrocarril atmosférico de Pecq a San Germain,  así como en la estructura de la estación San Lázaro. Participando en la construcción de la parte más antigua de la estación, que aún existe, formada por cerramientos y ensamblajes. O en la reconstrucción del puente de Asnieres.

En su necrológica, se lee “En 1848, Deligny fue el responsable de los trabajos de reconstrucción y mantenimiento. Demostrando su pericia para restablecer en muy poco tiempo tres vías del gran puente de Asnieres, que el 2 de marzo los barqueros del Sena habían incendiado, así como otros menos importantes. En sólo dos días presentó el proyecto y los materiales para la obra. Los trabajos se iniciaron el 4 de marzo, y 15 días después la circulación podía restablecerse. Esto fue una gran hazaña en aquella época”.              

Participó a continuación en los estudios del "Puente en hoja", obra que debía estar finalizada en 1852. En el mismo año de 1848, era miembro fundador de la Sociedad Central de Ingenieros Civiles de Francia, nombre inicial de la SCI; y miembro del Comité de la Sociedad desde 1850 a 1851.

LA AVENTURA ESPAÑOLA: ferrocarriles, minas y arqueología, 1850-1869

Era imposible un desarrollo interesante de su carrera en el marco de expansión de la Cía. de Versalles, ya que no obtuvo la concesión de la línea del Oeste. Ello, y el interés que los financieros franceses habían puesto en los recursos mineros españoles, y especialmente en los carbones de Asturias, le impulsó a viajar a España. En 1850 participa como ingeniero en la construcción del ferrocarril Langreo-Gijón. Siendo director de las minas de hulla de Langreo.

Se puede pensar que los sucesos de 1851, (el golpe de estado de Luís Napoleón Bonaparte), del 2 de diciembre, y del régimen político allí instituido, han pesado en la decisión de su aventura española.


Continuará...