lunes, 5 de noviembre de 2018

RUTA FOTOGRÁFICA EN THARSIS




Desde amigos de Tharsis ya hemos divulgado la trayectoria de Ernesto Deligny (1820-1898), no solo en el blog, en Facebook, editando sus apuntes históricos, o en alguna intervención radiofónica. También acudimos en 2011 al colegio Argantonio para hablarle a los alumnos de la labor de este francés, que visitó un terreno inhóspito, despoblado, sin nombre ni futuro, en 1853.
Esta ruta fotográfica tiene por objetivo recordar aquella visita, que gracias a la determinación mostrada para hacer realidad lo que parecía imposible, nuestros antepasados vivieron y prosperaron trabajando para la empresa que pasó de ser francesa, a británica y después belga.
En el cartel se explica lo que se pretende, por lo que el desplazamiento es por cuenta de cada uno, y ya que los lugares a visitar están a cierta distancia, lo haremos en coche, partiendo del mismo sitio y siguiendo un itinerario. En cada lugar visitado se dará una explicación o se leerá algún pasaje de sus apuntes, después un tiempo para hacer las fotografías.

José Gómez Ponce
Noviembre 2018

martes, 4 de septiembre de 2018

CORRALES, 100 ANIVERSARIO DEL CASINO MINERO.



El pasado mes de Junio fue organizado por el Casino minero de Corrales una fiesta para conmemorar los 100 años de su apertura: 1918-2018. Por lo que nos cuentan, el acto fue emotivo y alegre, con la participación de los socios, que recrearon la efemérides con indumentaria similar a la de aquella época.
Previamente se descubrió una placa recordando aquella fecha de 1918. Después se procedió a degustar los aperitivos que los propios socios habían elaborado, acompañados de té y otras bebidas.
Estos Casinos, o círculos mineros que la Tharsis Sulphur sufragó en los tres centros: Tharsis, La Zarza y Corrales, se adelantaron muchos años al resto de Casinos de la provincia.
Lo que los hacía diferente es que la propia empresa se encargaba de su construcción y dotación. El de Tharsis, hasta los años 30, constaba de mesa de billar, pianola, proyector de cine para películas mudas, y de una excelente colección de libros. Posteriormente, con la llegada de la radio, se instaló un aparato de radio a válvulas, con tanto éxito, que venían andando desde Alosno para escuchar las retransmisiones de los partidos de fútbol.
Aunque fueron construidos para el disfrute de los trabajadores, el staff directivo debió contar mucho antes de un casino mas exclusivo y elitista, situado en los aledaños de sus viviendas. Ya pusimos aquí la fotografiá de la demolición del Casino inglés de Tharsis en los años 60, que denota una construcción bien antigua, seguramente no muy lejana al traspaso de Mercier a los ingleses en 1866.
Pero si importante fue que estos poblados mineros dispusieran de algún centro de ocio, igual de importante fueron otras construcciones financiadas por la Compañía: iglesia, cementerio, hospital, mercado; y lo mas importante, casas. Pero su construcción, o mejor, su escasa construcción de viviendas, motivó siempre un grado de conflicto entre empresa y trabajadores.
Tanto los edificios como las infraestructuras necesarias para vivir en los poblados mineros fue responsabilidad de la empresa. Suministrando agua y electricidad. Agua, perforando pozos cuando la combustión de las teleras hacía que el agua potable escaseara y la depuración ni se contemplaba. Electricidad desde la central eléctrica a las casas. El mercado, siempre surtido de productos, unos traídos por ferrocarril a partir de 1871, y otros directamente por los propios agricultores a lomos de caballería desde Cartaya, Lepe, o Gibraleón.



Esta responsabilidad asumida por la empresa debió tener dos objetivos, no por ellos despreciables: 1) Fijar a la población. En la medida que vivienda, comida y ocio estuvieran minimamente cubiertos, residir en el poblado sería atractivo. Ya en los comienzos de la minería, la empresa sufría el abandono de mano de obra en la época de la cosecha. Igualmente, la autosuficiencia a la que se vio abocada por la lejanía de centros industriales y el coste de los transportes, la persuadió a asumir la reparación de maquinas y la fabricación de piezas; donde los modelos en madera expuestos en el museo es un claro ejemplo. De ahí que instruyera a una población eminentemente agrícola para dotarse de mecánicos, carpinteros, fundidores, maquinistas, fogoneros, etc.
2) Rentabilizar la inversión económica. Poner en explotación unas minas creando tres centros mineros y unirlos por ferrocarril, fue una verdadera revolución industrial. Sus planes incluían conseguir estabilidad social, que pretendían conseguir creando casinos, teatros, hospitales, bandas de música, o economatos. Pusieron en explotación estas minas para sacar el máximo rendimiento a nuestras materias primas y a nuestros antepasados. Que el Casino fuera un elemento más para fijar a la población y alejarla de pulsiones contestatarias o revolucionarias, también es evidente. Y a pesar de toda esta ingente infraestructura la Compañía sufrió huelgas y sabotajes.
La celebración de estos 100 años del Casino minero de Corrales es un hecho histórico que los vecinos han recordado oportunamente. Si orgullosos estuvieron nuestros padres y abuelos por considerarse mineros, que menos que recordemos el aniversario de un centro que fue importante en sus vidas y les permitió, de alguna manera, evadirse de su duro trabajo.
Olvidarse de donde venimos, nos puede conducir a tomar malas decisiones.

José Gómez Ponce
Septiembre 2018

lunes, 25 de junio de 2018

Sobre la genealogía de Tharsis, y edición frustrada.


Sobre la genealogía de Tharsis, y edición frustrada.


Creo que sería interesante cierta investigación sobre nuestra genealogía centrada en nuestros apellidos y su procedencia. Cualquiera de nosotros si retrocede en su árbol genealógico encontrará lugares y apellidos venidos de otras provincias de España, así como de Portugal. Hay apellidos entre nosotros que han venido desde cientos de kilómetros de distancia, y aunque muchos los compartimos con los pueblos más cercanos: Alosno, La Puebla, Villanueva de las Cruces, etc; otros muchos podemos constatar que son compartidos entre personas bien lejanas. Poniéndome yo de ejemplo, que aunque tengo una abuela de Alosno y un abuelo de Puebla de Guzmán, también tengo una bisabuela apellidada Mantecón Rasilla y que se desplazó desde Torrelavega, Santander, donde había nacido.
Esta confluencia no sólo de apellidos, también de costumbres, creencias y expectativas; fue posible por lo que considero que se produjo con la visita de Deligny: la revolución industrial en el Andévalo. El reconocimiento y puesta en explotación de los “grandes escoriales del Alosno” dio lugar a un importante flujo migratorio que se irradió a toda España.
Aunque la especialidad de Deligny no era la minería, ya que él acudió a Asturias para trabajar en un trazado ferroviario, cuando decidió poner en explotación unas minas que estaban abandonadas desde hacía siglos, comprobaría la escasa o nula experiencia minera de los pueblos de alrededores, y debió buscar colaboradores fuera de la provincia o traerlos de Francia.
Esa necesidad de mano de obra hizo posible que miles de personas se movilizaran para acudir al extremo sur de España en búsqueda de trabajo. Hoy nos puede parecer de lo más normal el desplazamiento desde cientos o miles de kilómetros con los medios de transportes que tenemos, pero en el siglo XIX viajar, si acaso, a lomos de caballería, no estaba al alcance de cualquiera, y la única forma de llegar a los sitios era caminando.
Hay historias curiosas de estas dificultades pasadas por nuestros primeros pobladores para llegar hasta Tharsis en busca de trabajo: de caminatas a pie durante días; del familiar o pariente que trajo a otro a trabajar; y de otros que cambiaron trabajos escasos y peor retribuidos para ejercer de mineros.
Los pueblos a menor distancia de la explotación tenían su ventaja para una afluencia masiva de emigrantes, y sus apellidos se establecieron en el poblado registrados como nuevos mineros, por lo que creo que tanto Alosno como la Puebla, comparten muchos apellidos con Tharsis. Alosno por una especial particularidad aparte de la menor distancia: 1) la mayoría de los denuncios se efectuaron en su término, donde muchas gestiones administrativas pasaban por su Ayuntamiento y donde se divulgaría primeramente la puesta en explotación de las minas. 2) Igualmente, en su municipio debieron residir el equipo directivo, incluido capataces, en búsqueda de alojamiento; lo que dio más oportunidades a la contratación de otros profesionales; muleros, carreteros, o arrieros. 3)Y no menos importante, que fueron alosneros, según Deligny, quienes le ayudaron económicamente. A este respecto no se puede olvidar al gran cacique y alcalde de Alosno, D. Francisco Limón Rebollo, pues si él y otros familiares ofrecieron su apoyo para la explotación minera, igualmente bien podían interceder para que un familiar, o alguien recomendado, fueran aceptados para trabajar de mineros.
Hace tiempo comenté este asunto de los apellidos con Mario Monterroso, que ejerce de sepulturero en Tharsis, me confirmó igualmente que encontraba apellidos raros o extranjeros en las lapidas que tenía encargo de retirar por su abandono. Le pedí que las conservara, y si las tenía que destruir, al menos les hiciera una fotografiá por si alguien muestra interés por estudiar este asunto.
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Reconociendo que sobre Tharsis hay poca bibliografía, pero no porque su historia no fuera merecedora, quizás por cuestiones más mundanas. Si hace unos meses ya me refería a que por fin, íbamos a contar con la traducción de un libro que trataba en bastante profundidad la historia de Tharsis; el de S.G. Checkland, la alegría se ha transformado en desilusión. Editar en español el libro The Mines of Tharsis. Roman, French and British Enterprise in Spain”, por ahora ya no es posible, a pesar que su traducción estaba finalizada hacía tiempo por una persona capacitada y conocedora de la minería en la provincia de Huelva. Y que ademas esta traducción lo ha sido de forma desinteresada. Hasta donde me informan, el escollo parece estar en que los herederos de Checkland tienen la propiedad intelectual sobre la obra, y exigen una compensación económica. Algo lógico de entender y que la Ley ampara. Desconozco el montante de la cantidad solicitada por su hija, que al parecer es a quien se han dirigido desde la Universidad de Huelva, pero que estando la obra traducida, maquetada, y lista para la imprenta; nos quedemos en Tharsis, la Zarza y Corrales, sin leer este libro de nuestra historia, es para explotar de rabia.
Que instituciones públicas de la provincia, Diputación, Universidad; que tantos libros y trabajos editan, no se pongan de acuerdo en conseguir la cantidad necesaria, si es que es ese el único impedimento, dice bastante de su poca capacidad de gestionar.
Tampoco es comprensible que dos ayuntamientos directamente descritos en el libro, Tharsis y Alosno, no hayan manifestado su disposición a colaborar. Sin embargo, para otras cuestiones, mucho más importante, claro; hay colaboración y recursos: muchos fuegos artificiales, o mucha memoria histórica para hurgar en la guerra civil.

P.D.
Feliz Velada 2018, que bien puede ser que este año coincida con su 120 aniversario.

José Gómez Ponce
Junio 2018


viernes, 20 de abril de 2018

Tharsis, de denuncio minero a poblado.



Sabido es que los nombres con que se designan a poblaciones, accidentes geográficos, o hechos históricos, han de ser compartidos para mantenerlos en el tiempo. Así viene ocurriendo desde los tiempos más remotos para trasmitirlo a las siguientes generaciones.
Si la dependencia económica de la población de Tharsis estuvo exclusivamente relacionada con la minería desde el siglo XIX, la estabilización de la población en los alrededores, o cercana a la actividad laboral, fue conformando el núcleo poblacional que en parte perdura hasta hoy día. En una época, a partir de 1853, cuando la mano de obra era barata y el transporte caro o inexistente, los núcleos mineros se fueron configurando cercanos a los tajos. Baste repasar algunos planos antiguos para confirmar la cercanía entre viviendas y lugar de trabajo. En ellos se ven casas junto a los “canaleos”, a las teleras, a Filón Norte, a Talleres, etc. Este proceder, que se ha mantenido inalterable desde los siglos, se ha ido equilibrando en la medida que los peligros inherentes a la actividad han sido puestos de manifiesto, así como a la mejora del transporte: Alejándose de las teleras, de las zonas de los “barrenos” y también buscando un medio ambiente más sano.
Ya nuestros antepasados, que desde siglos anteriores se dedicaban a la minería, se establecían encima casi de donde ejercían su actividad laboral, evitando con ello los desplazamientos, pero manteniendo un estatus entre quienes trabajaban físicamente y quienes mandaban o dirigían. Donde las excavaciones del cabezo Juré lo confirman, con la existencia en sus faldas de un poblado anterior incluso a la supuesta introducción de la minería por los fenicios. (Aquí publicado). O el poblado romano, localizado en los alrededores del “tenis”, y que tenían Filón Sur y La Esperanza a escasos metros. Donde aparecieron importantes hallazgos: El lujoso collar de oro aparecido en una tumba en los alrededores de La Esperanza, el torso de un posible emperador, y el busto del emperador Calígula, depositados ambos en el museo de Huelva; así como cerámicas, monedas o lucernas. Este poblamiento romano bien pudo estar recogido en el Itinerario Antonino, donde se detalla el trazado de las vías romanas de Hispania, que enlazaban urbes con zonas productivas y portuarias y que bien pudo estar rotulado como “Ad Rubras”. Esto debió ser desconocido por Deligny, pues a pesar de que su instrucción académica estuvo repleta de Humanidades, y que los vestigios encontrados en 1853 catalogó oportunamente de fenicios y romanos, de conocer que este poblamiento romano ya estaba nombrado en el siglo I d. C. se le podía plantear la duda entre dar a las minas el nombre de un cabezo,”Tarse”, o el de un poblado o mansio, “Rubras”. Si estas mansio se establecían en las vías romanas a cada cierta distancia donde viajeros y caballerías podían descansar y pernoctar, es de suponer que lo que hoy es Tharsis, en la época romana ya tenia cierta entidad, que los hallazgos arqueológicos han ido corroborando. Aunque algunos investigadores dudan entre situar Ad Rubras en Tharsis o Cabezas Rubias.

Esto se lo comenté al familiar de Deligny cuando nos visitó hace dos años, que el nombre que le puso a las minas lo adoptó el pueblo, y que él, nada más oírlo, ya quedó impresionado relacionándolo con el Tarsis bíblico. Sí me comentó que pensaba investigar los pasos de su tatarabuelo y que se pondría en contacto con los descendientes del duque de Glucksbierg, con quien mantuvo estrecha relación no solo epistolar. Aunque esta importancia de Tharsis en la Hispania romana fuera conocida o no por quien puso en explotación unas minas abandonadas durante siglos, nada cambiaría la historia. Ni tampoco si llegáramos a averiguar porqué en su primera incursión minera en las cantareras de la reina y sierra de Santo Domingo, le pusiera al socavón con que pretendía llegar a minerales, el nombre de “la Sabina”.

Los nombres utilizados en registrar los denuncios fueron dispares, al igual que hizo su continuador en la etapa francesa, Mercier, pero esta claro que ponerle a las minas el nombre de Tharsis estuvo motivado por lo que él consideraba una revelación, y que detalla oportunamente en sus “Apuntes históricos”.

José Gómez Ponce
Abril 2018

martes, 20 de febrero de 2018

El libro de Checkland, y como vivíamos en Tharsis



Publicado hace más de 50 años en Londres y nunca traducido, seguimos a la espera que desde alguna institución se decidan por acometer su publicación y podamos leer en español el libro de S.G. Checkland: “The Mines of Tharsis. Roman, French and British Enterprise in Spain”. Que se estén haciendo gestiones, según nos comentan, para hacer realidad este deseo que ya  habíamos manifestado repetidas veces, por escrito y en diferentes foros donde participamos, nos alegra. Nuestra contribución a divulgarlo fue publicar el  capítulo VI: Ernesto Deligny, el redescubridor olvidado. Y el capítulo XV: La vida en los pueblos mineros (1866 – 1914).

Al parecer acudió a Tharsis para tomar contacto con la empresa que describe, agradeciéndole a sus directivos el acceso a toda la información disponible, y el haberles ayudado  tanto en Glasgow como en España. En muchos casos la interpretación de los hechos recopilados,  según escribe en el prólogo,  no son compartidas por altos cargos de la empresa.

Residiría en la casa de huéspedes donde se hospedaban las personalidades que la empresa quería agasajar. Cualquier duda, necesidad o petición, sería canalizada a través de la señorita Phillis Grey hasta el mismo director. Viajaría acompañado en los vehículos de la empresa en cuantas visitas quisiera realizar. Para relacionarse con el staff directivo acudiría al club inglés. Y para regresar a Inglaterra bien pudo ser conducido por un coche de la empresa hasta el aeropuerto de Sevilla.
El año que se editó el libro la empresa ya había pasado a manos de Antoine Velge, al hacerse con un 25% del capital a través de agentes financieros, siendo belga por lo tanto el accionista mayoritario de la compañía. En esta compra de acciones tubo que influir la opinión de Carlos Strauss, que fue nombrado director General, ya que: “había visitado Tharsis en 1958 acompañando a Antoine y Frederic Velge,  y varias ocasiones más en 1960, donde recogí información importante sobre los procesos de producción y las reservas existentes”.

Esta etapa, que no consta en el título del libro, confirmaría la labor de investigación y recogida de datos a la que dedicó Checkland varios años. Teniendo en cuenta que el traspaso de Victor Mercier a Charles Tennant se produce  en 1866 y la Tharsis Sulphur and Copper Company Limited toma posesión de Tharsis y la Zarza en diciembre de ese año  y para un periodo de casi un siglo (99 años), en 1965 la vigencia de ese contrato había concluido o se debería posibilitar su  prorroga. Esto era sobradamente conocido por el autor, y parece que se limitó a editar todo lo que había recopilado antes de 1964, pero como no hemos leído el libro, desconocemos si hay algún anexo a la etapa Belga, ya que su trascendencia no fue menos importante.  

El libro se publicó en 1967, y aunque la mayor parte del trabajo dice haberlo realizado años antes, quienes tenemos cierta edad podemos tirar de memoria y de hemerotecas para situarnos en el Tharsis que pudo haber  contemplado Checkland,  si es que visitó el pueblo para escribir del trabajo y la historia de la Tharsis Sulphur. Sobre los años 60 y vida social, ya he publicado otros artículos: (1),   (2),   (3),  (4)


A principio de los 60, en el mes de Octubre,  quienes rondábamos nueve o diez años, no teníamos la más remota idea que en las elecciones sindicales celebradas  para la constitución del jurado de empresa se eligen a tres representantes para cada uno de los grupos: técnicos, administrativos, mano de obra cualificada, y mano de obra no cualificada. Para el cargo de secretario eligen a Cándido Maestre. Nuestra conciencia social, que nos dirían después, aún no se había despertado y nos considerábamos la mar de felices en nuestra vida diaria. Existía una organización en la que crecimos, que de alguna manera también nos podía condicionar, pero es la que había y se disfrutaba de cierto bienestar comparado con otros pueblos. Teníamos el “anticipo”, donde entregando la cartilla te adelantaban dinero a cuenta de la nómina de tu padre. El Economato era también la tienda más surtida del pueblo y que más visitaban nuestras madres. La plaza de abastos disponía igualmente de todo tipo de productos frescos, a donde acudían vendedores de otros pueblos. Se podía comprar a los diteros sin necesidad de avalistas, bastaba que tu padre fuera empleado de la empresa para conseguir cualquier producto y pagar en cómodos  plazos. La escolarización, que había organizado la empresa y se disfrutaba desde 1881 en la Escuela Grande, debía tener cierto prestigio en el ámbito provincial, ya que en la visita que hace Franco a Riotinto en 1956, se le muestran fotografías de la escuela de Tharsis, una de  la clase de don Francisco.  

Sí recordamos, que al igual que ahora, la afición al fútbol era dominante en el pueblo. Los partidos del club atlético Tharsis eran seguidos por la mayoría de trabajadores, y en los desplazamientos del club a otros campos de futbol, viajaban familias con la intención de encontrarse con familiares que vivían en otros pueblos. Ocurría igual cuando otros equipos venían a Tharsis, que parientes de nuestros padres se llegaban por casa, nos besaban  y nos saludaban  efusivamente.

Una vez que se instaló el primer televisor en el Casino, los aficionados lo recibieron como un gran regalo. Ya no solo podían ver  jugadas reales en el campo Santa Bárbara, ahora también a través de la televisión, la de sus equipos favoritos. Y aunque el casino se llenaba a rebosar los domingos que televisaban algún partido, la costumbre de estar al tanto de la liga y las quinielas, con el transistor pegado a la oreja escuchando a Juan Tribuna en su carrusel deportivo, seguiría durante años.
Estábamos alegres por la felicidad que reinaba en nuestras casas, entre las familias, y en el pueblo. Nuestras ocupaciones eran ir a la escuela  y después a clases particulares, y el resto del tiempo a jugar y a esperar que llegaran nuestros grandes acontecimientos: la Velada, Santa Bárbara, la Peña, Navidad y Reyes. Con esos años el futuro era una palabra sin apenas significado. El cine también competía con el casino como lugar de distracción, no sólo para proyección de películas, algunos espectáculos tuvieron gran concurrencia de público, sobre todo de los cantantes de la época. Recuerdo uno de Rafael Farina donde se movilizó mucha gente. El cine también sirvió para entregar los premios que la compañía daba a los alumnos por asistencia y aplicación, y que presidía la Señorita  Phillis Grey.

Cuando aquellos aparatos de radio a válvulas los había en pocas casas, y la televisión aún no había aparecido,  la única distracción concurrida para salir de la monotonía diaria era el cine. Se esperaba con avidez a que en la fachada se colocara el cartel avisando de una nueva película. Una anécdota que me relató don Alberto al pedirle, hace cuatro años, que me contara sus vivencias en el pueblo, había ocurrido en el cine antes de su llegada; y es que cuando acudió a Tharsis en 1956 como médico del SOE, entabló lógica amistad con D. José Díaz Riestra, quien le contó que entrando una vez al cine se sentó en el palco que tenía reservado la empresa y vinieron a llamarle la atención. Se prometió en ese instante que jamás pisaría el cine, promesa que le dijo a don Alberto mantendría  mientras viviera. Y la verdad, tenía que ser duro en aquella época, me decía don Alberto,  renunciar al cine.   
También se celebraban en el casino otro tipo de actos y que alguna vez observamos desde la distancia, eran la reuniones convocadas por el sindicato, el que había,  que se llenaba de pancartas y de aplausos que resonaban  bien lejos. A la salida, los trabajadores  se felicitaban de los discursos que habían escuchado.

Por esta época, y cuando empezábamos a interrogarnos algunas cosas, no encontrabas mucha disidencia con la situación política, no dudo que hubiera más, pero entre los de mi edad  había, si se puede decir así, bastante desinterés: ni nos interesaba Franco, ni quienes lo combatieron, y si después me movió la curiosidad por saber, es porque quienes perdieron la guerra se empeñan en reescribir la historia. Pasarlo bien era nuestra meta   hasta entonces, poner los pájaros, jugar al foché, a la guillarda, a los bolindros, o construir y volar pandorgas. Lo más revolucionario que hacíamos era escuchar Radio España Independiente, la “pirenaica”, pero con el tiempo descubrí que no tenía nada de independiente, y de pirenaica tampoco, que emitían desde la dictadura más cruel de la historia.
Aquella situación la  sufrieron mayormente nuestros padres, y aunque nos tocó vivir en la dictadura hasta 1979, después de muerto el dictador miles se declararon antifranquistas, a pesar que se beneficiaron y prosperaron en su régimen.

La gran oportunidad para salir del pueblo se nos presentó gracias a la creación de las becas del PIO en 1961. Un grupo de alumnos acudimos a Huelva a un examen para acceder a esas becas, así fue como cambiamos los días de asueto y juegos después de clase, por la disciplina que imperaba en los colegios del frente de juventudes, como era el colegio Menor Santa María de la Rábida, que nuestros padres eligieron para iniciar el bachillerato, quizás porque otros alumnos del pueblo ya estaban en ese colegio. Otros compañeros también cursaron estudios en el seminario.
Los que no pudimos mantener la beca, continuamos en la academia Cervantes en Alosno, que se había organizado por esas fechas. A donde acudían los profesores del Instituto La Rábida de Huelva para examinarnos por libre.

En los días de invierno, que cogíamos el autobús de Damas para ir a la academia de Alosno, encontrábamos el quiosco de Valle con la chimenea encendida, y se agradecía acercar las manos al tiro metálico para calentarse. Llevábamos el canasto con la comida preparada por nuestras madres, y al llegar lo dejábamos en casa de un conocido o familiar. En mi caso, y el de mi primo Antonio, a casa de Francisco Garfia, hermano de José Garfia Cerrejón, muerto recientemente (q.e.p.d.),  y a quien tantas veces recurrí para contrastar información. Alguna vez coincidimos con obreros que viajaban a Huelva porque la empresa había organizado un curso para sacarse el carnet de conducir.
Los años 50 se viven en Tharsis con el pleno empleo. Terminada la segunda guerra mundial, la industria europea trabaja para la plena recuperación y necesita mucha materia prima. La provincia de Huelva suministra la pirita, esa materia prima tan demandada. La prensa afirma que la mina de Riotinto es la primera del mundo. En Tharsis se alcanzan 780.000 toneladas.

Durante décadas  la actividad laboral en los tres centros mineros: Tharsis, la Zarza y Corrales, tenía ocupada mucha mano de obra. La exportación de la pirita a través del río Odiel mantuvo un flujo constante de trenes con una repercusión benéfica en la población, que disfrutaba de un relativo  bienestar. Aunque  se vivieron periodos de crisis, no sólo huelgas, también los altibajos que de forma  cíclica siempre ha soportado la actividad minera. Terminada la guerra civil, otra grave crisis dio comienzo trayendo miseria y penumbra a toda España, la segunda guerra mundial. Los obreros compaginan  el trabajo en la mina con otros agrícolas. La necesidad de contribuir a la economía familiar era imperiosa, y quien tenía un huerto donde cultivar alimentos, se entregaba a ello todas las horas posibles. Cuando la exportación recayó a raíz de la guerra, la empresa tenía excedente de mano de obra de la que no se podía desprender, y optó por ocupar a los obreros  en tareas  ajenas a la minería, o reduciendo la semana a solo tres días de trabajo.

Esa época, los años 40, es la de mayor auge del contrabando, que nuestros padres bien recordaban, y a lo que también se dedicaron vecinos de Tharsis. El  café y el azúcar eran los productos más demandados en esta parte de la frontera. Esta actividad fue perseguida en España y Portugal pero con cierta permisividad en ambos países. Del contrabando, ejercido mayormente por hombres, se pasó a la recova, ejercida casi en exclusiva por mujeres, y que portando enormes canastos repletos de huevos, una vez que llegaban en tren al Puntal, intentaban abordar a toda prisa la primera canoa. Llegar cuanto antes a la plaza de Huelva repercutía al alza el precio de  los huevos.
Esos años propiciaron también la desaparición de la banda de música. Las necesidades eran tantas que se sacrificaron aficiones para la búsqueda de ingresos extras tan necesarios. En vez de ensayar y tocar con la banda, esos días y esas horas se empleaban en conseguir trabajos retribuidos. Las penurias que  se pasaban en muchas familias relegaron la afición por tocar. Nuestros padres nos contaron de esas penalidades, donde una terrible hambruna asolaba muchos hogares. Juan Blanco Estévez, a quien entrevisté en 2008, me informó de esta situación.

En 1941, 350 trabajadores de Huelva parten para trabajar en Alemania, que estaba en guerra. Entre ellos, trabajadores de  Tharsis  componentes de la banda de música. Esta ausencia de algunos, y las necesidades básicas poco cubiertas de la mayoría, debió desmotivar a todos.  Actuaron por última vez en 1951 para acompañar en procesión  por el pueblo a la virgen de Fátima. Después se entregaron los instrumentos. Uno se vendieron y otros desaparecieron.
La  exportación de la pirita en los años 50 propicia igualmente el incremento de mano de obra y la empresa promueve la construcción de nuevas viviendas: plaza de San Benito, calle Dr. Fleming. A pesar de ello muchos huertos fueron ocupados, por qué la demanda de vivienda no la solucionaban las nuevas construcciones.



En 1963 se aplicó el salario mínimo interprofesional, de 36 pesetas diarias de media para la  industria, y entre 24 y 27 en la agricultura. Un día de febrero de 1965 se supo en el pueblo que un teatro ambulante situado en el llano del paseo había sido derribado por un fuerte viento. Quienes pasaron por allí relataban que les había impresionado ver esparcidos pertenencias y objetos personales. La compañía le prestó ayuda, al igual que hicieron otros vecinos ofreciéndoles alojamientos en su huerto.

En 1967, representantes del jurado de empresa de la compañía de Tharsis, viajaron a Nerva para agradecerle al ministro de trabajo Romeo Gorría, y al “caudillo”, el incremento en los salarios de los mineros.

En 1968, el diario Odiel dedica un amplio reportaje a la Compañía de azufre y cobre de Tharsis y sus importantes realizaciones. En uno de nuestros artículos publicamos fotografías de aquella época. Ese mismo año la Sección Femenina instala su cátedra en Tharsis, que clausura con una demostración de gimnasia y la actuación de un grupo de baile en el llano del paseo.  

En 1969 se inaugura el club Juvenil. Disponer de un local de reunión para la juventud fue un hecho importante, donde asumimos, entre todos, la responsabilidad de organizarnos. Participamos en  tómbolas, teatros, excursiones y bailes. Y editamos la revista Tharsis, con su aire contestatario, que creo fue el motivo por el que nos pidieron legalizarnos o dejar de publicar.  Pero de esto ya hemos escrito en nuestro blog hace más de siete años, para conmemorar el 41 aniversario.

José Gómez Ponce
Febrero 2018

miércoles, 15 de noviembre de 2017

RECUERDOS DE LA ESCUELA GRANDE


La meteorología en esta época del año no se asemeja a la que recordamos por estas fechas, cuando hacíamos el camino hasta la Escuela Grande, ni por supuesto el sendero que durante  años transitamos, parte desaparecido, y lo que queda  apenas reconocible.
Hace 40 o 50 años, por este mes de Noviembre,  nos parece que el tiempo era más frio y que llovía más. Y aunque las casas no estaban preparadas para combatir las bajas temperaturas, sí se agradecía que al caer la tarde nuestra madre encendiera la copa de picón, la regara de cenizas, y nosotros levantábamos la enagua de la mesa camilla para colocarla en el hueco de la tarima.
Alrededor de estas mesas, sentados en sillas de enea, se hacían deberes, se contaban historias, se cenaba, y también, quienes teníamos aparatos de radio, escuchábamos a Matilde Perico y Periquín; siempre que no se fuera  la luz, porque entonces  teníamos que recurrir al foco de carburo o a las “mariposas”.

La Escuela Grande se construyó hacia 1881, y si en la etapa francesa ya contaba el poblado con una escuela donde se impartían clases para los niños, el traspaso de la actividad minera a los británicos influiría para su construcción, ya que estos ampliaron en 1872 la escolarización de las niñas. Esta cobertura a la población de ambos sexos, unido al aumento de la producción con la consiguiente demanda de mano de obra, posibilitó el incremento de la población, y con la formación de nuevas familias y la llegada de otras aumentarían los nacimientos.
Tres caminos principales confluían en la escuela. Desde el casino Viejo, el Corralón y alrededores, la distancia a recorrer era menor que los que íbamos de Casas Nuevas, calle Dr. Fleming, y plaza de San Benito; o de quienes venían del “Coto”, plaza de General Franco, y alrededores de la iglesia.
Más larga era la caminata de quienes vivían por el dique Pino, que pasando entre el muro del embalse podían contemplar diariamente la actividad en talleres, en la estación, y el tránsito de trenes. Continuaban por vista Hermosa y bajaban los escalones de traviesas que cruzaban la vía del ferrocarril.

Nuestro recorrido empezaba en calle Casas Nuevas, renombrada después  Obispo Pedro Cantero, frente al huerto de Arroyo y huerto de la Posada; pasábamos  junto a los  eucaliptos que había frente a la casa de Doña María la Partera y un edificio alto que construyeron después para subestación eléctrica; bajábamos por la esquina de la calle Salmerón, donde a su espalda estuvo la clase particular de José el Pintor, y sus temidos “repasos” con las “lampás voladoras”; pasamos por un lateral de la plaza de San Benito hasta tomar el callejón que limitaban varios huertos, el de “la Chata” a mano izquierda, para llegar al cruce de caminos: a la izquierda todo eran huertos  y camino utilizado para ir y venir de Talleres. A la derecha también huertos y se venía a salir a la alcantarilla y huerto de “Moquilla”. Pasado este cruce comenzaba la cuesta del vacíe para subir hasta el llano de la escuela.


Antes que construyeran las nuevas aulas en un edificio anexo, todos entrábamos por la puerta principal, y desde el patio nos dirigíamos a las distintas clases. Los más jóvenes empezábamos, creo recordar, con Doña Pepita. La clase olía a cera todos los lunes, ya que se celebraba allí la misa del domingo. Aunque algunos habíamos pasado por el “preescolar” de la escuela de la Balsa.
Después de terminada la ampliación de la escuela, fuimos distribuidos en las nuevas aulas, a las que se accedía bajando una escalera con dos accesos que se había practicado en el patio de la escuela Grande, y junto a un depósito de agua donde alguna vez nos tocó fabricar la tinta para rellenar los tinteros que se colocaban en los pupitres.
Este nuevo edificio tenía una entrada principal y las clases distribuidas a derecha e izquierda. La puerta del fondo se abría a una cruz de los caídos, que alguna vez vimos con flores. En su patio se colocó un año un pupitre en un rincón, con un mapa de Europa a un lado y una pizarra al otro, y nos hicieron una fotografía en color para el recuerdo. El fotógrafo bien pudiera ser Benito “el retratista”, que vivía en las Cantareras. Como las clases de niños estaban separadas de las niñas, los maestros lo organizaron para quienes teníamos hermana nos hicieran la fotografía juntos. Estas fotografías, que muchos conservamos,  tienen ya los desperfectos y la pátina del paso de los años. 

Era imposible en aquellas fechas, que transitando por el pueblo no pasaras junto a algunos huertos, porque los había en los alrededores y por el medio. Hoy aún perduran algunos, otros han dejado paso a nuevas construcciones, pero esa tradición por los huertos tuvo sus comienzos con nuestros antepasados. Cuando  Tharsis  y el Lagunazo dejaron de calcinar el mineral en teleras  la tierra empezó  recuperarse, y solicitaron autorización para construirse un huerto y así ayudar en sus modestas economías.        


A las salidas de clase se producía un gran bullicio. En aquel llano, frente a la escuela, nos juntábamos niños y niñas, y en grupos marchábamos a nuestras casas. En días de lluvia acudían nuestras madres con paraguas o impermeables y todo eran prisas, pues tenían que dejar preparado el canasto para nuestros padres. También era paso de obreros, que iban o venían de talleres, y de la carretera que utilizaba la camioneta en su recorrido a Huelva, siendo parada obligatoria frente a la oficina de correos,  zona muy concurrida del pueblo, pero que la apertura del actual Círculo Minero en 1951 unida a la posterior ampliación de Filón Norte, acabarían despoblando. Después, la camioneta hacía el trayecto hasta Villanueva de las Cruces pasando por vista Hermosa y el dique Pino.
En los recreos de aquellos años de escuela nos entreteníamos jugando a los “bolindros” o a los “rompes”, aunque  lo más concurrido era jugar a la pelota en los alrededores de la escuela, junto al nuevo edificio; pero como lo habían sembrado de aromos y puesto unas jaulas de madera para protegerlos, nos decían que había que respetarlo, por lo que nos íbamos a un terreno más irregular cerca de donde se conservaban las ruinas de un antiguo lavadero. Por esta irregularidad del terreno había que ir a buscar la pelota a los eucaliptos que estaban en la zona de los huertos, o en el “sajondon” que hacían el llano de la escuela y el terraplén del vacíe. Después hemos comprobado, por fotografías antiguas, que el agua del dique Grande tuvo que cubrir parte de aquellos huertos.
El horario de recreo lo aprovechavamos igualmente para acudir a una tienda que había frente a la escuela, junto a un salón del frente de juventudes, la tienda de María Antonia, creo. Este camino no era el habitual para regresar a nuestra casa y recordamos que en esta calle, trasera de la calle la Puebla, se instaló posteriormente un bar, el de  Antonio Venancio. Más adelante vivía un personaje al que una que otra vez vimos a la puerta de su casa y que era conocido como “el millonario”.

Si a la escuela íbamos algunos días con más o menos ganas, el camino de vuelta lo hacíamos normalmente más resueltos y alegres. Encontrábamos motivos para entretenernos. Una parada frecuente era frente al huerto de José el Pintor, pues por allí salía un regajo de aguas cristalinas que a nosotros nos parecía de un manantial, y recogíamos con una botella.
Alguna que otra vez aparecía por el pueblo un afilador, llamando con la flauta para que las mujeres acudieran con cuchillos o tijeras, y nos quedábamos admirados como aquel artilugio, que portaba rodando el afilador, una vez parado la misma rueda con la que se desplazaba movía la piedra de afilar. Nos entretenía ver los golpes de pedal, las chispas que salían, y como al final, aquellas tijeras afiladas cortaban limpiamente un trapo que el afilador llevaba.
Otra vez, cuando íbamos de vuelta a casa, vimos varias personas congregadas alrededor del brocal del pozo que estaba en la Barriada de Santa Bárbara, nos acercamos y vimos que en el fondo había un gato agarrado a las piedras del borde, y era imposible que pudiera subir pues  el agua estaba a 4 o 5 metros de profundidad. Alguien acudió con una canasta de caña y puso en su interior unas sardinas, la bajaron, pero el gato parece que temía más la canasta que al agua. Después de un buen rato allí y de varios intentos, no pudimos ver si el gato llegó a salir, pero creo que lo conseguimos averiguar al día siguiente. 

Ya en casa, si ese día nuestra madre había ido al economato, lo primero que buscábamos era la tableta de chocolate Kitin Nogueroles, para ir completando el álbum con el cromo que traía. 

lunes, 25 de septiembre de 2017

Capilla de Santa Bárbara, Tharsis. Datos sobre su historia.

                                                    
El golpe de estado iniciado en Cataluña es la amenaza más grave para la convivencia en paz de los españoles. Es necesario, cuanto antes, que en esa comunidad se imponga el cumplimiento de la Constitución y el acatamiento a las leyes, que se vienen conculcando sistemáticamente hasta ahora.
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Relataba Cándido Maestre en una de sus crónicas aparecidas en el diario Odiel, que la construcción del primer edificio que pudiera llamarse iglesia, se construyó en Tharsis bajo la dirección de Víctor Mercier. Siguiendo esta escueta información me propuse averiguar, consultando archivos, si existía constancia por escrito; si intervinieron los antecesores al frente de la actividad minera, Duclerc y Deligny;  y en cualquier caso, sobre los pormenores seguidos para su construcción e inauguración. 

Esta iglesia, edificada igualmente bajo la advocación de Santa Bárbara, ha sido más conocida entre nosotros como la iglesia de Pueblo Nuevo. Aunque en la correspondencia del siglo XX figura con el membrete: “Capilla de Santa Bárbara, minas de Tharsis”. Hoy día lo que queda de ella son unos paredones  ruinosos cubiertos de vegetación, y en nada hacen figurarnos que fue un edificio pequeño pero coqueto, alejado de suntuosidad  y boato.




Desde el comienzo de la actividad minera en el siglo XIX, una prioridad de las compañías extranjeras, aparte de sacar rentabilidad a su inversión, era mantener la paz social. Tanto franceses como británicos se pusieron a ello, y edificios destinados al culto o a la enseñanza formaron parte del poblado. En la visita de Gonzalo y Tarín en 1888, se habla de la existencia de una capilla católica y otra protestante, así como escuelas para alumnos de estos cultos religiosos.

En la búsqueda de esta información se detectan dos prioridades puestas de manifiesto por el representante de Víctor Mercier. Primero, que ya han construido una “iglesia rural” y lo que necesitan es el oportuno VB para su inauguración y funcionamiento. Segundo, que este primer edificio que esperan sea autorizado para celebrar la misa, se considera provisional. Que el edificio que se pretende para el futuro será más importante y definitivo, para lo que se adjunta el plano correspondiente. Plano fechado en julio de 1860, profusamente detallado y coloreado.  Firmado por quien en esa fecha era el responsable administrativo, Alfonso Le Bourg, quien ocuparía la dirección de la mina en época británica, y a quien se honraría en 1874 con una placa instalada en la fuente de la oficina General en Tharsis.

En la correspondiente solicitud que el representante en Huelva de la empresa Víctor Mercier y Cía  dirige al arzobispado de Sevilla, se reseñan la justificación y ubicación de esta nueva iglesia a construir en Pueblo Nuevo. Entre los argumentos aportados destacan que la iglesia que se pretende sería la segunda con que contaría la población, que continuaba aumentando. Los franceses tenían construida una “capilla rural”, por lo tanto el poblado disponía de algún edificio,  no una iglesia, que esperaban utilizar en la celebración de actos religiosos, para lo que estaban a la espera de recibir “la campana que se estaba fundiendo en Sevilla, así como otros ornamentos”, y mediante esta solicitud esperaban también la habilitación del local y se permitiera celebrar la misa.  Téngase en cuenta que para los actos litúrgicos, la población que conformaba el poblado era muy dependiente de Alosno: misas de guardar, bautizos, matrimonios,  entierros, etc.

En el plano de Tharsis de 1868 no se localiza la ubicación de esta primera capilla, sí la de Pueblo Nuevo, lo que puede interpretarse que el edificio, una vez construida la nueva, pasaría a prestar otros usos. Las obras finalizan en Junio de 1863 y para su apertura se le exigen una serie de compromisos a Mercier, que se fueron solicitando desde el arzobispado: Firma de documento notarial comprometiéndose a la conservación, mantenimiento y cuantos gastos conllevaran su existencia. Igualmente se solicitó un informe al arcipreste de Villanueva de los Castillejos, para que visitara la dicha iglesia, requisito previo para conseguir el V B arzobispal antes de su inauguración.


El documento público se firma ante el notario de Puebla de Guzmán. Francisco López Quintero, e intervienen: Víctor Mercier Portel, gerente de la sociedad Minas de cobre de Huelva; y de otra el Bachiller, Blas José Romero, cura de Villanueva de los Castillejos, arcipreste de Puebla de Guzmán. Siendo testigos: Alfonso Le Bourg Lanclais,  y José Ortega, presbítero de Alosno.

En este intercambio de correspondencia se detallan igualmente interesantes pinceladas  de la vida en el poblado, y confirman datos aportados, entre otros, por Chekland  o González Vílchez.

Sobre su ubicación en un montículo de Pueblo Nuevo, el representante de Mercier refiere: “se establece definitivamente en el punto más sano y mejor situado del terreno”. No se menciona la combustión de las teleras, pero huir de ellas sería un propósito. Que se construyera en un promontorio pasó desapercibido para una población en edad de trabajar, que no contaba  con ancianos ni personas no aptas para el trabajo.  Generaciones futuras comprobarían después, que el repecho de aquella subida para acudir a los oficios religiosos, podía tener algo de penitencia.

También se mencionan las viviendas del poblado: “La considerable población aglomerada en el establecimiento de las minas de Tharsis en unas 400 chozas y casas”. Esta definición de “chozas”, construidas en la época de Deligny o Mercier, ya la hemos mencionado aquí, incluyendo el plano que  González Vílchez publica en su libro: “La arquitectura inglesa en Huelva” y que a raíz de un informe aparecido en el Socialista, en 1929, comentamos con dos artículos:

http://amigosdetharsis.blogspot.com.es/2012/05/la-vivienda-en-tharsis-y-la-denuncia-de.html
http://amigosdetharsis.blogspot.com.es/2012/06/la-vivienda-en-tharsis-y-la-denuncia-de.html

Aunque su tamaño, construida en una sola nave y según las medidas del plano, 6,70 x 17 metros,  no parecía el adecuado para cobijar en su interior a muchos feligreses. La población calculada exclusivamente sobre las 400 chozas podía superar más de 2000 personas. Si en el dibujo   no aparecen edificios anexos, es porque estos se construirían posteriormente, entre ellos el que albergaría la pila bautismal. Para 1866 el crecimiento de la población continuaría con el traspaso a los británicos. 

Así, comparando la escala del plano 0,01 x metro, tenemos una superficie de 113 metros cuadrados, que si la trasladamos al edificio que todos conocemos, que es la actual iglesia, con 233 metros cuadrados, resultaría que su superficie es dos veces superior a la mandada construir por Mercier.  

Acabada su construcción, se encarga al Arcipreste Blas José Romero, que “visite la dicha capilla, e  informe circunstanciadamente”.  Este informe, fechado en Julio de 1863, añade una nueva pincelada  sobre el poblado en relación con los trabajos mineros que tienen lugar.

Se entrevista primero con los curas de Alosno y  escribe en su informe: “que debe autorizarse la capilla en Tharsis, y así poder ser socorridos los muchos infelices trabajadores que sucumben sin poderles prestar los auxilios”. Parece un poco exagerado “los muchos trabajadores que sucumben”, más creo que tenga que ver con prestar el santo viático o la extremaunción, para lo que tenían que desplazarse a Tharsis, con el consiguiente trastorno del desplazamiento. “Y viendo las desgracias que ocurren muy continuo, provienen aquellas muchas veces por derrumbamiento en las cortas del mineral que llevan los trabajadores. Otras por anticiparse la explosión en los barrenos. Y la más por atropellamiento de carros, o vagones-maquinas. Siendo la muerte casi instantánea por desgracia, como usted puede figurarse. Por todo lo cual debe desde luego establecerse la capilla en la advocación que se solicita, para que en ella se celebre el Santo Sacrificio de la Misa a la multitud de empleados y trabajadores que en ella hay,  como también para que pueda administrarse el santo viático y sacramento de la extremaunción, quedando todo lo demás a cargo del señor cura de esta villa, como también el sacerdote que se nombre”.
Desde el arzobispado le piden a la empresa de Mercier que proponga capellán para la iglesia ya construida, propuesta que este remite a los curas de Alosno para que sean ellos quienes designen un capellán para Tharsis. El nombramiento recae en D. Manuel Delgado Pérez, presbítero.

El 28 de Marzo de 1866 se le comunica a Alfonso Le Bourg que se autoriza la bendición y uso de la capilla de Tharsis.

En Julio de 1936 sufriría el embate más fuerte para su posterior abandono y desaparición. El telegrama que se envía desde Tharsis a la dirección en Glasgow relata así el asalto sufrido el día 22: “entre las 10 y las 11 de la mañana, un grupo de comunistas, vestidos con camisas azules, y los jóvenes socialistas en camisas rojas, y todos armados, llegaron hasta Pueblo Nuevo en Tharsis. Exigieron la llave de la iglesia al sacerdote, alegando que deseaban registrar el edificio. Subieron al techo de la iglesia y procedieron a demoler la espadaña. Después destrozaron los muebles de su interior que cargaron en un camión y llevaron hasta la sede del sindicato donde hicieron con ellos una hoguera”.
La misa y otros actos religiosos acabaron trasladándose a la Escuela Grande. En 1958 se colocaría la primera piedra de la iglesia que existe en la actualidad.