jueves, 25 de septiembre de 2014

Recordando a José Alfonso. 2ª Parte.



Os dejamos, en esta 2ª entrega, una de las colaboraciones enviadas al director de La Higuerita, junto a una carta donde explica que sus escrito, a pesar de la distancia, hacen referencia a su Patria y a su pueblo. Sentimientos estos, puestos espléndidamente de manifiesto en su poema: “Tharsis, patria y hogar”.
La poesía “retorno” se la hemos enviado a su nieto Pepe Arenas, quien conoce su trayectoria literaria y le era desconocida.
Transcribimos en primer lugar la referencia que hace D. Juan Bautista a la carta de José Alfonso. Después el poema que le acompaña.

                                                *****************

Recibimos de Buenos Aires la afectuosa carta que por sus méritos patrios hispanos y su valor literario nos complacemos en publicar, como así la bella poesía que nos remite el culto ami­go y colaborador don José Alfonso, que desde el otro lado del mundo no se olvida de su Madre España.
Agradeciendo sus saludos nos despedimos del inspirado poeta y amigo. -El Director.-

                                                *****************
Ciudadela (Buenos Ai­res) 26 de Mayo de 1955
Señor D. Juan Bau­tista Rubio.
Isla Cristina (Huelva)
 
Mí estimado ami­go:

La visita, siempre muy grata, de La Higuerita que llega has­ta mí casi todas las semanas, me trae la grata sorpresa de mi verso dedicado a Tharsis, anunciado ya en el número anterior. Muchas gra­cias, don Juan, por esta atención suya, así como por los ama­bles juicios que dedica Vd. a este traba­jo mío.

Hoy, considerán­dome ya un colabo­rador de su periódi­co, quiero aprovechar la ocasión para enviarle otro trabajo en verso, por si lo cree apto para ser publi­cado. Aunque escrito, como casi todas mis cosas en verso o prosa, en esta tierra americana, advertirá usted que se refiere más bien a cosas de España, ya que ese mes de Agosto en que las fuentes están se­cas y hay polvo en los caminos no pueden ser aquí, donde Agosto es uno de los meses más crudos del invierno.

Es España y sólo España, la musa que me inspira y lo mis­mo mis versos, que mis cuentos, así co­mo dos novelas que he escrito aquí, tie­nen su argumento en ese modesto escena­rio del terruño, y sus héroes o protagonis­tas, no son por cier­to, ni gauchos ni ha­cendados de La Pam­pa, ni señores, ricos o pobres, de esta tie­rra, sino oscuros mi­neros, soldados ra­sos, o gentes del pue­blo de mi tierra. Es­tá visto, pues, que mi inspiración viene de allá, sólo de allá. Es un homenaje silen­cioso y permanente al recuerdo de la pa­tria, jamás olvidada.

Muchos saludos, mi querido amigo, y que Dios le dé salud para seguir su noble tarea, le desea: Su buen amigo y com­patriota.

José Alfonso.

                                                *****************
 
 
 
RETORNO 
 
Sobre una colina
se ve la aldehuela
es un grupo de casas parduscas,
de techos y tapias de color de tierra.
Agosto ha tostado
la mies en las eras;
el campo es un yermo;
la fuente está seca.
Allá, junto al río
las cañas sedientas
sacuden con ruido
sus hojas anémicas
que parecen doblarse hacia abajo
buscando, del agua, las húmedas huellas.
Marchando despacio
por la estrecha senda,
cubiertos de polvo
tres hombres se acercan.
Son ellos, los mozos
hijos de la aldea,
que juntos partieron
un día a la guerra.
Ya se escuchan sus cantos alegres;
sus gritos de júbilo, de gozo y de fiesta.

Pero ¡ay! que, uno de ellos,
aún viendo estas muestras,
no ríe ni canta;
una gran tristeza,
un intimo duelo
anuda su lengua
y en sordo sollozo
de pronto revienta.
Es Juanillo que sabe
que, muerta su madre, ya nadie lo espera.
Muy pronto a las casas
la noticia llega;
ya va, de una en otra,
corriendo la nueva.
Gozosa, la gente
se agolpa a las puertas,
los brazos en alto,
las almas suspensas,
mientras ellos, llamándose a gritos, 
consumen, corriendo, su propia impaciencia.
¡Allí está mi casa! 
¡el huerto!  ¡la alberca!
¡Yo veo a mi madre!
¡Miradla! ¡Es aquella!
¿No estamos soñando?
¡Dios mío...! ¿Es de veras?
Y tú, Juan ¿qué dices?
¡Alegra tus penas,
que si a ti no te espera una madre,
tendrás el cariño de dos, en las nuestras!
 
La luz del crepúsculo,
ya vaga e incierta,
es polvo en el aire
y es oro en la sierra.
Ya suben del valle
olores de hierbas,
sonidos de esquilas,
balidos de ovejas...
En la dulce quietud de la tarde
el triste tañido del Ángelus suena.

Sobre la colina
está la aldehuela;
es un grupo de pardas casitas,
de techos y tapias de color de tierra.
 
José Alfonso.
Buenos Aires, Mayo 1955.
 
Continuará...
 

 

No hay comentarios: