miércoles, 9 de marzo de 2016

ARRIEROS ENTRE THARSIS Y EL ODIEL


 
Aunque no aparecemos por aquí hace unos meses, por nuestra parte sigue todo bien, pero con menos ganas de escribir.
Hemos leído el libro "El Alosno, etapa singular de un pueblo" de Miriam González Limón. Trata, entre otros, un asunto que tuvo gran trascendencia para la puesta en explotación de Tharsis, el trabajo de arriería. (Oficio de arriero. Personas que trajinan con bestias de carga) Trabajos que se venían ejerciendo desde antiguo y  que había permitido que algunas familias de Alosno prosperaran con la explotación de este medio de transporte. Trasladar mercancías  entre España y Portugal de forma clandestina. Este trasiego de productos entre ambos países, ya descrito por Pascual Madoz a mediados del XIX, permitió la acumulación de capital en manos de alosneros. Lo que no sería de extrañar, para que al promotor de la explotación de las minas de Tharsis se le brindara todo el apoyo, incluso el económico, en una colaboración de interés mutuo: para Deligny por las dificultades y problemas que se le presentaron para iniciar los trabajos mineros y el error de cálculo con la Sabina. Para los alosneros, porque se les presentaba una posibilidad de negocio segura a largo plazo, el traslado hasta Huelva del mineral para la exportación. Este agradecimiento al pueblo de Alosno lo manifiesta en los Apuntes,   apareciendo el nombre de uno de los benefactores, un tal Bautista Limón.  
El inicio de la actividad minera en los entornos de la sierra “Tarse”, debió ser aprovechado por quienes ya tenían experiencia en el transporte con caballerías, y más al corriente estaban con las posibilidades mineras del municipio. Detectadas años antes por Luciano Escobar, ampliarían  las posibilidades de prosperar a algunas familias.
Deligny relataba en sus Apuntes históricos la importancia de este transporte animal para exportar la producción de Tharsis, donde más de 2000 caballerías se utilizaron para llevar el mineral hasta Huelva. Previamente había comprobado el calado de la ria con la visita de un buque  de guerra francés, para que pudieran atracar barcos de mayor calado. A mayor capacidad de carga de los buques, menos costoso el transporte.
Pero no sólo de trasportar mineral hicieron negocio los dueños de las reatas que iban y volvían a Tharsis periódicamente. Había que satisfacer las necesidades de una población inmigrante de miles de almas, y al igual que hasta Huelva transportaban un tipo de mercancía, al regreso transportarían otros productos demandados por esa nueva población que adoptó el nombre de la explotación.
Estas reatas transportando mineral al puerto de Huelva debió constituir un prospero negocio para quienes desde antes de la llegada de Ernesto Deligny, ya se dedicaban en Alosno al transporte de mercancías, bien desde el puerto de Cádiz donde se recibían los galeones procedentes del Nuevo Mundo, bien por  el contrabando  entre España y Portugal, trayendo y llevando mercancías.
En el periodo que relata Deligny, hasta 1863, "más de dos mil barcos han venido a cargar minerales al río Odiel" lo que constituyó una fuente de negocio para  alosneros que disponían de caballerías que pudieron dedicar al transporte o al contrabando, como Francisco Limón Rebollo, de quien la autora relata una curiosa anécdota transmitida entre generaciones, relativas a que las correrías de Limón Rebollo las hacía a lomos de una jaca torda y encima de los fardos de café. Y cuando un amigo le preguntara porqué en un caballo así, contestaba: "Porque así me conocen guardiñas y carabineros al cruzar la frontera, y no me dispararan a dar". Lo que viene a demostrar la  colaboración entre guardias y contrabandista.
El contrabando desde Alosno, contra el que clamaba la prensa, llegó a ser tan escandaloso, que en 1881 el gobernador de la provincia   trasladó hasta allí la Capitanía de Carabineros, dotándola de una sección de caballería.
La llegada del ferrocarril en 1871 pudo mermar el prospero negocio del transporte en caballería, pero con la apertura a viajeros del tren minero desde 1881, apertura en la que Limón Rebollo fue el destacado protagonista, una incalculable mejora en la distribución de la mercancía que cruzaba la frontera portuguesa se había puesto en marcha. Acercar los productos de contrabando a la capital se podía hacer en el medio de transporte más rápido de la época, el ferrocarril. De esta etapa, los que tenemos cierta edad recordamos a nuestras recoveras cargadas de huevos y café, entre otras mercancías. Para entonces, Limón Rebollo y otros, ya habían conseguido un importante capital y  supieron invertir en otros negocios que  avistaron en el horizonte: Los consumos, o las pesquerías en almadrabas. Esta faceta mercantil de un grupo de alosneros, está recogida en el libro. Al igual que la posible radicación en el Portichuelo de algunas familias judías, que huyeron de persecuciones y pogromos.

2 comentarios:

Tarsileño dijo...

Estimados paisanos,

he echado de menos el tiempo que habéis estado sin escribir. Para un tarsileño como yo que está fuera, ésta era una forma de mantenerme en contacto con las cosas que ocurren y ocurrían en nuestra tierra. También me gustaría agradeceros la buena labor que hacéis con la historia de nuestra mina.

También entiendo que las ganas de escribir no sean las mismas que las que tenías cuando hacías aquellas revistas del club juvenil.

Sin más, un tarsileño agradecido de vuestra labor. Ánimo.

Amigos de Tharsis dijo...

Es de agradecer el apoyo y el ánimo que nos dais estando tan lejos de Tharsis. Aunque hayan pasado años, y las circunstancias nos aten a sitios lejanos, esas vivencias de nuestra infancia y de nuestra juventud jamás se podrán olvidar. Es nuestra historia, contar lo que vivimos y lo que seguimos aprendiendo de nuestro pasado.