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viernes, 17 de febrero de 2012

3ª Entrega del libro de Checkland

Para explotar todo lo que había sido reclamado para el joven Decazes, sus socios y para sí mismo, era necesario formar una compañía que suministrara al menos el capital inicial. Decazes aceptó la visión optimista de Deligny y buscó apoyos importantes. La primera compañía tuvo en su nómina de directores, además del joven marqués, a un antiguo Ministro de Finanzas de Francia y a tres miembros de la Comptoir d’Escompte  de París, una de las casas financieras líderes. Estos hombres inicialmente no deseaban invertir grandes sumas en un proyecto aún por definir: así que era esencial, para mantener su confianza, trabajar de tal manera que se consiguieran beneficios tan pronto como fuera posible, y sólo entonces se empezaría a suministrar el capital adicional necesario.
Deligny parece que había prestado poca atención a esta necesidad. Se puso a diseñar un programa de desarrollo bastante ambicioso que por supuesto habría sido realidad a largo plazo, pero que necesitaría ingentes cantidades de capital mientras tanto. Tomó  la determinación de resolver el problema de achicar las aguas que inundaban Tharsis y La Zarza, la gran barrera a la reapertura de las minas desde época romana. Encargó tres máquinas de vapor para el bombeo y para la ventilación en Tharsis; para que éstas pudieran funcionar tuvo que buscar operarios con la necesaria formación técnica. Emprendió la tarea de despejar el gran túnel de desagüe de época romana, conocido como El Algaida en la Zarza. Más costoso resultó el proceso en Tharsis al no encontrarlo, por lo que tuvo que abrir él mismo uno nuevo través del Filón Sur, usando para ello maquinaria de mano y pólvora. Un desembolso menor en Filón Sur hubiera supuesto una vuelta al tajo mucho más rápida.
La actividad a tal escala estaba obligada a dar que hablar: el resultado fue un cierto auge, con unos 250 nuevos denuncios mineros emplazados en la provincia en 1853. Pero Deligny se había asegurado la mayor parte de los mejores.
Deligny no estaría preparado para extraer mineral de Tharsis  hasta el verano de 1854, y además a pequeña escala. Por entonces ya había sufrido una serie de calamidades. Hubo desfalcos de fondos por parte de sus socios. El cólera azotó Andalucía, aislando  los pueblos del interior y provocando la huida de sus operarios de máquinas. El importante proyecto de drenaje de las instalaciones tuvo que quedar en suspenso. La Corona de España rechazó la petición que pedía la resolución de las reivindicaciones; la rebelión estalló, y Sevilla se unió también. La provincia de Huelva fue mucho  más beligerante. La insurrección se hizo revolución en 1854. La Bolsa de Madrid, aterrorizada con la idea de una guerra civil, se hundió, causando serias pérdidas a los socios del Duque. La compañía se disolvió y su capital se esfumó. Parecía que los cautelosos banqueros españoles, que habían rechazado los planes de Escobar, habían estado en lo cierto.
Pero Deligny y Decazes no perdieron la esperanza. Deligny continuó el trabajo, usando sus propios y limitados recursos, y Decazes luchó para formar una nueva compañía. Tanto patrón como trabajadores de las minas, apoyaron a Deligny en sus esfuerzos. Y el pueblo de Alosno y su gente, conscientes de la importancia de la mina para su futuro, ayudaron también todo lo que pudieron.
A comienzos de 1855, las expectativas parecían desoladoras. Deligny continuó abriendo su túnel  en el que ya tanto había gastado, esperanzado en que podría terminarse y la empresa asumirlo en toda su magnitud. Al final, alcanzó los 591 metros. Los inversores eran muy cautos a la hora de facilitar capital para una empresa minera que hasta la fecha había tenido poco o ningún resultado en lo relativo a minerales, además de otros problemas añadidos,  sin mencionar los relativos a su procesamiento. Las deudas del Duque en la filial parisina de la Casa Rothchild, contraídas para subvencionar el proyecto minero, obligó a los Rothchild al envío de un ingeniero que informara acerca de las posibilidades  en Tharsis. M. Benoit, ex­-profesor de la Escuela de Minas “Saint Etienne”, les informó en términos muy negativos. Sin embargo, en contra de Benoit, los ingenieros de Rio Tinto apoyaron la visión de futuro defendida por Deligny. Éste, lejos de abandonar las piritas ibéricas, compró los denuncios de otras cinco minas en Portugal, incluyendo la de Santo Domingo, de un antiguo patrón.
Con gran esfuerzo, Decazes consiguió interesar al financiero Eugène Duclerc, y cerrar un pacto con él. Duclerc fundará una nueva compañía, la Cie des Mines de Cuvrie d´Huelva, registrada en Paris el 23 de junio de 1885, con un capital inicial de seis millones de francos. La compañía  pagaría a Decazes la suma de 640.000 francos en concepto de gastos por él efectuados derivados de la exploración  y los trabajos preliminares ya realizados. Deligny, que tenía un 10% en la antigua compañía, vería reducido su participación al 3%. Duclerc recibiría un salario anual de 24.000 francos. Finalmente, el grupo de directivos formaría un Comité de Vigilancia, que dotado intencionalmente  de grandes poderes para intervenir,  iba a tener a Deligny bajo control. Sus miembros, hombres sin conocimientos específicos en minería, pero versados en la teoría y el asesoramiento, serán tanto un freno como una afrenta para Deligny.
Duclerc era el director general, con Deligny como ingeniero. La compañía adquirió de la sociedad originaria, el Duque Glücksberg (Decazes) y Messiers Gosse y Hasselden, todas las concesiones que poseía en la provincia de Huelva, incluyendo 50 en Tharsis y 10 en La Zarza. También se hizo poseedora de más de la mitad de las acciones de otro consorcio que se creó aparte para la explotación de la mina de San Telmo, uno de los primeros denuncios de Deligny.
Es posible que los Pereire estuvieran detrás de la nueva compañía. Durante la Segunda República, Emile Pereire había tomado la iniciativa de fundar la Comptoir d´Escompte; tres de sus directores habían sido miembros de la primera sociedad de Deligny. Cuando Luis Napoleón, con su golpe de estado del 2 de diciembre de 1852, se autoproclama Emperador de Francia, los Pereire lo apoyaron. El mismo año, los Pereire, habiendo roto con los Rothchild, y a la espera de financiar ferrocarriles y otros proyectos suyos, formaron la Societé Gènèrale de Crédit  Mobilier. Sería en 1855, cuando finalmente consigan la autorización del Gobierno español para crear su filial española, la Sociedad General de Crédito Mobiliario Español. De ésta, Duclerc era vicepresidente. Rápidamente, se haría muy activa en el desarrollo industrial español. Entre uno de sus muchos proyectos, construiría la red de gas de Madrid.
Messiers Gosse y Hasselden, directores e ingenieros de los trabajos de esta red de gas, habían sido accionistas de la primera de las compañías de Deligny. Hasselden, como Duclerc, era el director de varias sociedades mineras.
Los miembros de la Junta de Vigilancia mantenían a Deligny con poco margen de maniobra; por supuesto bloquearon los trabajos de su ambicioso túnel y lo destinaron a las minas menores de San Telmo y Poyatos, donde, para su mayor fastidio, iba a dirigir ensayos sobre cementación, una materia que personalmente consideraba ya suficientemente investigada. Incluso confinado de esta manera, llevó a cabo muchas de sus ideas; sus infraestructuras resultaron grandiosas, incurriendo de esta forma en grandes gastos.
La Junta envió a M. Garnier Pages a Tharsis para velar por sus intereses. Deligny le instó a autorizar nuevos trabajos para prolongar los túneles de Tharsis y La Zarza, comenzar el trabajo
Continuará...

viernes, 12 de marzo de 2010

LA SABINA. 2ª Parte


el capítulo: LAS EMPRESA FRANCESAS: PIONERAS DESAFORTUNADAS, (original que pueden consultar en Internet) Lo siguiente:

La aparición de empresas francesas en la explotación de piritas andaluzas debe mucho a la acción de dos hombres, Decazes, duque de Glucksberg, hijo del ministro de la Restauración, y el ingeniero Ernest Deligny. Decaze, durante un tiempo embajador en Madrid, se interesa activamente por la animación minera del país. Las innovaciones recientemente introducidas en el tratamiento de los minerales de Rio Tinto atraen su atención y confía, en 1853, un estudio a Ernest Deligny, venido a España para participar en la construcción del ferrocarril Langreo-Gijón. Antiguo alumno de la Escuela Central, Deligny es un ingeniero de ferrocarriles, que hasta ahora ha trabajado bajo la dirección de Eugenio Flechet. Sin estar especializado en minas, pronto se deja entusiasmar por la inmensidad de montones de piritas, y registra fácilmente numerosas concesiones en un distrito hasta ahora ignorado por la fiebre minera, pero donde su iniciativa va a desencadenar una cierta especulación.

Sin embargo la aventura se revela rápidamente decepcionante. Fundada en 1853 una primera sociedad, a la que Decazes logra atraer una serie de accionistas, Deligny se lanza a planificaciones mineras costosas y discutibles. Fiel al método de extracción subterránea tradicional, busca resolver el problema de las aguas retenidas con la instalación de un equipo de bombeo costoso, y la excavación de un socavón demasiado ambicioso. Un año después de fundada la sociedad, en 1854 ya ha agotado sus recursos financieros. La explotación sólo tiene una débil capacidad productiva y, a pesar de la competencia ferroviaria de Deligny, el problema del transporte permanece sin resolver.

Gracias a los esfuerzos de Decazes, una nueva sociedad, la Compañía de Minas de Cobre de Huelva, retoma los activos y derechos de la anterior, y una junta controla desde ese momento la mayoría del capital, fijado en 6 millones de francos. El financiero Duclerc, futuro vicepresidente del Crédito Mobiliario Español, se convierte en Director General de la empresa, de la que Deligny es sólo ingeniero. La actividad se desarrolla con rapidez a partir de 1856, dando empleo a 1.500 obreros. Pero el equipo Duclerc-Deligny se revela rápidamente muy mal gestor: Los trabajos están mal organizados. La extracción es siempre subterránea, lo que permite en principio reducir las inversiones iniciales, pero crece a plazo los costes unitarios y perenniza el problema del agua. El plan general, aceptado por Real Orden en 1855, es de hecho una fuente de dificultades administrativas y costosas de realizar. De manera que la Compañía es incapaz de encontrar los 2,5 millones de francos considerados necesarios para la construcción de un ferrocarril. Por otro lado, la política comercial de Duclerc es desastrosa. Ante esta situación Duclerc debe dejar la dirección de la empresa en 1859, seguido a continuación por Deligny.

El nuevo director, Mercier, reorganiza la producción para contener los gastos. Desarrolla el refino del mineral, elevando la producción de cobre de 200 toneladas en 1859, a 1.536 en 1865. El déficit de la explotación desaparece, pero la situación de la compañía sigue siendo muy delicada, al carecer de medios financieros para construir el ferrocarril que le es tan necesario. Asaltada por litigios, de los cuales el más serio concierne a sus concesiones mineras, bajo el pretexto de no ejecución de los denuncios solicitados, es denunciada repetidas veces, y sobre todo en 1862, por un grupo detrás del cual actúa, posiblemente, Deligny.

Al fin se plantea un problema comercial justamente subrayado por Checkland y Broker. El interés francés por el cobre, o la cáscara vendida a precio demasiado bajo a una fundición de Ruán, es insuficiente para permitir el desarrollo de la empresa. Se hace necesario el acceso al mercado inglés, entonces el más importante del mundo para el cobre, y poco prometedor para el azufre.

A mediados de 1860, la compañía francesa se encuentra pues en un callejón sin salida en tres campos fundamentales: la actividad minera, el transporte, y la venta de productos. Más allá de los errores de Deligny, quien ha querido improvisarse ingeniero de minas en lugar de quedarse como el especialista ferroviario que la sociedad necesitaba. Esta situación manifiesta dificultades más profundas. Puesto que no hay mercado para una producción en masa, la empresa no puede estar más que desequilibrada, incapaz de conciliar los grandes proyectos productivos que demanda el yacimiento, y las posibilidades de venta aún muy limitadas. La empresa se encamina, si no al fracaso, al menos a una mediocre supervivencia, sin tener los medios de sacar partido de la oportunidades.

En 1850 las piritas de Huelva habrían podido prestarse a una especulación prudente, de simple toma de posición en la expectativa de ensanchamiento de los mercados. Queriendo jugar un papel pionero de verdaderos productores, los promotores de la penetración francesa en el distrito demuestran una inconciencia de los problemas, pero contribuyen sin embargo a acelerar la evolución del sector. Lo importante para el futuro no es la multiplicación de sociedades españolas. Estas son raramente productivas, y las toneladas de cobre obtenidos son siempre muy escasos. Como lo muestra el cuadro de abajo. Las sociedades creadas por Deligny y sus aliados, las más productivas son las que han sido fundadas en 1840. Aunque la Compañía del Castillo de las Guardas choca con el empobrecimiento de su mineral.

En contrapartida, el interés para con las piritas suscitado por los franceses ayuda en primer lugar a conocer mejor los yacimientos. Hasta el principio de 1850, los estudios geológicos son apenas habituales, y se producen sobre todo en Rio Tinto. Más tarde se multiplican y amplían su campo de prospección. La anticipación francesa permite, sobre todo, dar a conocer las piritas en los medios financieros y comerciales británicos. 

Continuara…

viernes, 5 de marzo de 2010

LA SABINA. 1ª Parte



Ordenando la documentación para escribir de La Sabina, lo primero que nos había llamado la atención es el nombre por el que se conoce este socavón. La explicación más lógica para bautizar con este nombre el primer trabajo de Deligny en 1853, es que en los alrededores hubiera un sabinar, o al menos algún ejemplar, que hiciera identificable el lugar que se había escogido para iniciar la actividad minera. Nombres que ya existían cómo: Sierra de Santo Domingo, o Cantareras de la Reina, no precisaría su ubicación, por lo que pensamos que el nombre del arbusto se le dio a la galería. Aunque bien pudiera existir otra explicación.

Este socavón fue quizás el gran “fracaso” de Ernesto Deligny, que desembocaría, años más tarde, en su salida definitiva de Tharsis, aunque en 1880 acudiera al Lagunazo. No solo le produjo quebranto económico, también de credibilidad. Nota curiosa es que dos años después, en 1855, Deligny utiliza este nombre para fundar una sociedad minera que explotaría las minas de Santo Domingo, en Portugal.

Exponemos a continuación algunos de los argumentos que conocemos, y que están a disposición de cualquiera, sobre lo acertado o no de La Sabina. Argumentos, algunos, que dudan de la pericia de Ernesto Deligny en sus comienzos mineros. Pero han de tenerse en cuenta algunos hechos objetivos que este ingeniero nos refiere en sus Apuntes Históricos, tales comos atajar el problema del desagüe por medio de socavón, lo que permitía ahorrar en sistemas de bombeo, costosos y difíciles de conseguir y mantener.

Esto es lo que, al respecto, relata en sus Apuntes Históricos.

Comparé la superficie de un corte horizontal de los criaderos con la superficie y altura de los escoriales. Calculé que estos, aunque pareciendo pasar de millones de metros cúbicos, correspondían a una profundidad muy reducida en la explotación, o a lo menos a un arranque muy parcial, si los medios de desagüe hubiesen permitido a los antiguos el profundizar sus trabajos. Según la experiencia y la analogía, las masas piritosas debían continuar a una profundidad muchísimo mayor. En fin, Río-Tinto solo podía compararse con lo que tenía a la vista.

***********
En Tharsis y Calañas la cuestión era mucho más difícil. La limpia de pozos antiguos sobre los criaderos, hizo reconocer la existencia de enormes cantidades de aguas detenidas, inagotables con tornos o malacates. Encargué tres máquinas de vapor para arranque y desagüe y empecé dos socavones grandes; uno nuevo en Tharsis, con objeto de recortar todos los criaderos; otro antiguo en Calañas. Así se llegó el verano del 1854 y con él vinieron una serie de tribulaciones. El cólera que castigó tanto a las ciudades de Andalucía, infundió el terror en los pueblos y tan estrechas fueron las incomunicaciones, que el tránsito y las relaciones con Sevilla, se hicieron casi imposibles. Por estos motivos, privado de los maquinistas necesarios, me fue preciso parar los trabajos más importantes en Tharsis, en el momento mismo de llegar a minerales.

Ernesto Deligny. Revista Minera, 1863

 --O--
William P. Rutherford, presidente y gerente de la Compañía de Tharsis, escribió sobre la Sabina en 1953, prologando los apuntes de Deligny:

Echando la vista atrás, con el conocimiento de desarrollo de las Minas de Tharsis desde 1853, se puede apreciar que Deligny cometió un error al disponer hacer un túnel de 591 metros atravesando la sierra de Santo Domingo (Filón Sur). El imponente crestonaje de óxido de hierro que allí existe le atrajo para creer que el túnel cortaría filones de pirita cobriza, pero en este lugar no quedan más que raíces de flores y el túnel denominado “Sabina” pasó por debajo. Dado que el trabajo se hacía a mano y que el explosivo era la pólvora negra, esta obra resultaría indudablemente costosa y dado su resultado negativo no es de extrañar la crítica de la Junta de Vigilancia. Con muchos menos gastos podía haber descubierto mineral en Filón Norte, que después fue la fuente principal de la producción.

--O--

Otra opinión importante, por cuanto su autor escribió detalladamente sobre Tharsis, es la de Pinedo Vara:

Al comienzo de las investigaciones de Deligny se acometió el trazado de un gran socavón denominado La Sabina, de 591 metros, con el cual se atravesó la sierra de Santo Domingo, sobre la que ya hemos dicho está Filón Sur. Se ha censurado esta realización, extremo frecuente cuando una obra no tiene éxito, pero el proyecto de Deligny era lógico, ya que dicho afloramiento es muy llamativo y aquí se encontraban los mayores desniveles y, por tanto los parajes más favorables para explotar y desaguar por socavón.

Isidro Pinedo Vara. “Piritas de Huelva”, editorial Summa, Madrid 1963 (páginas 217-218)

--O--

    

No menos interesante es lo que escribe Checkland S. G., en su libro: “The mines of Tharsis. Roman, French and British enterprise in Spain”

Que Deligny, después de persuadir a su colega Eugene Duclerc para constituir la Compañía de minas de cobre de Huelva en 1855, tampoco consiguen el gran despegue minero de Tharsis, y es que, según el autor, ambos demostraron ser muy poco eficaces en sus cargos directivos: Duclerc como gerente y Deligny ingeniero de la Compañía. Lo que derivó, cuatro años más tarde, a hacerse cargo de la Sociedad Victor Mercier, quien acabó pactando con Charles Tennant en 1866. Por ahora no tenemos la traducción de la opinión que le mereció La Sabina.

--O--


 
Gérard Chastagnaret, profesor en la Universidad de Provenza y director de la Casa de Velázquez, en su libro: L`Espagne, puissance minière: dans: l`Europe du XIXe siècle, editado en Madrid, año 2000, nos relata en… Continuará

sábado, 11 de febrero de 2012

2ª Entrega del libro de Checkland

El día de ayer en Corrales muy bien. Expusimos fotos en color de varias locomotoras de vapor, que algunos de los allí presentes recordaban haber trabajado en ellas. También intercambiamos impresiones con otros jubilados de la “Compañía”. Después de la proyección del documental, que terminó con un aplauso del público, vinieron a felicitarnos varias personas. Sugirieron que lo podíamos haber organizado en el “Cinema Corrales”. Incluso  nos han ofrecido hacernos llegar algún documento, alguna foto, dicen, que interesante.
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Continuamos con otra entrega del Capítulo 6 de Checkland: Ernesto Deligny. El redescubridor olvidado.
 
construcción del ferrocarril Paris-Saint Germain. Era una línea férrea de corta distancia, pero que sirvió como escuela a los nuevos ingenieros ferroviarios franceses. Flachat empleó con entusiasmo a los jóvenes y prometedores graduados de la Ecole Centrale, incluyendo a Deligny.
Flachat tuvo una poderosa influencia sobre Deligny. Nacido en 1802, Flachat alcanzó la madurez en los años siguientes a la derrota definitiva de Napoleón en 1815. Ingeniero autodidacta, había visitado Gran Bretaña para conocer a los grandes pioneros de la construcción, incluyendo a Stephenson y Brunel. El entusiasmo y la visión que ellos habían demostrado en este nuevo campo que desafiaba al hombre, y en el que el aprendizaje formal al estilo tradicional ya no tenía sentido, le inspiraron. Volvió a Francia para abrir una oficina de ingeniería. En el plazo de 10 años, ya había renovado la industria francesa del hierro y del acero, haciendo uso de las prácticas británicas, y había iniciado toda una revolución en los transportes en Francia, basada especialmente en los ferrocarriles.
En 1834, conoció a Emile Pereire, el conocido financiero, y se inició una alianza entre ellos que sólo terminaría a su muerte. Los hermanos Pereire, Emile e Isaac, provenientes del mundo del periodismo, estaban entre aquellos que habían visto el potencial de los nuevos ferrocarriles, especialmente en sus aspectos financieros. Una asociación con los hermanos Pereire era, para Flachat, algo natural. Era brillante, intuitivo, entusiasta de las nuevas soluciones y enemigo de aquellos a los que les ahogaba la prudencia. Flachat era adorado fervientemente por sus jóvenes colegas que, como Deligny, lo tenían como espejo en el que mirarse.
El tren de Saint Germain, planificado por los Pereire, fue financiado por los Rothchild y construido por Flachat. Gracias a éste, Flachat contrata a Deligny. En el proyecto se encontraron  con acusadas pendientes al ir acercándose a Saint Germain. Flachat adoptó, gracias a una ayuda estatal, el “sistema atmosférico de tracción”. Fue un triunfo para la ingeniería, pero al igual que en el caso del tren construido por Brunel al sur de Devon, fue una catástrofe financiera. Este sistema tuvo que ser reemplazado por otro más ortodoxo. De todas formas, esta línea sería la primera en Francia de transporte ordinario de vapor.
En 1848, durante la revolución que llevó a Luis Napoleón al poder en Francia como Presidente de la Segunda República, el puente sobre el Siena en Asnières fue destruido. Deligny y Flachat colaboraron  en su restauración. El joven organizó la reconstrucción provisional del viejo puente, teniéndolo abierto durante dos semanas. Flachat reemplazó el viejo de madera por otro de hierro, introduciendo de esta manera en Francia, la construcción de puentes de hierro.
En torno a 1850, a causa de un parón en la construcción del ferrocarril que siguió al auge ferroviario de 1847, Flachat no pudo contratar a todos sus jóvenes trabajadores. Deligny acudió a la llamada del joven Decazes, quizás bajo la recomendación de Flachat. Fue enviado a España  donde, en la comarca minera de Asturias, cerca de Langreo, construiría un tren minero. Es posible que la familia Decazes tuviera intereses allí, ya que tanto el director general de Langreo como los obreros franceses especializados fueron enviados desde la propia Decazesville. Además, los hermanos Pereire estuvieron luchando por conseguir concesiones de un tipo u otro, para invertir en construcción de ferrocarriles y otros negocios en España; es posible que hubieran existido conexiones entre los Decazes y los Pereire.
El tren se terminó,  Deligny se vio de nuevo inmerso en otro parón. Decazes le mandó al sur de España. Y será a partir de aquí, cuando empezará a curtirse como ingeniero. Deligny leyó artículos tanto de Alcíbar como de Figueroa y Ezquerra en la Revista Minera. En febrero de 1853, emprendió el viaje. Pidió información al staff de Rio Tinto. Estaba deseando, si fuera posible, hacer nuevos descubrimientos y ahorrarle a su patrón, el duque, los gastos de compra de denuncios a terceros. No le disuadia que ello conllevara riesgos e incertidumbres. Todo lo que hasta el momento había escuchado sobre Tharsis le convenció que allí podría empezarse algo nuevo, a una escala digna de la romana, que posibilitara usar económicamente la nueva ciencia y la tecnología del s.XIX, especialmente la máquina de vapor, y posiblemente el ferrocarril.
A medida que se acercaba al Monte Tharsis por los caminos escarpados que discurren desde la Puebla de Guzmán, apenas podía contener su impaciencia. El cabrero que le servía de guía, molesto de que un forastero presumiera  de conocer los secretos ocultos en aquellos montes más que él mismo, refunfuñaba: “Lo que va a ver son minas abandonadas. Ya nada queda en ellas”. Pasaron los imponentes riscos  en los que se asienta la ermita de la Virgen de la Peña. Deligny describió su entusiasmo al ver grandes masas rojizas  en los montes, las monteras ferruginosas o gossan de los filones de pirita, en claro contraste con el monótono verde del monte bajo. Finalmente, allí aparecieron a la vista las acumulaciones blanquecinas de escorias romanas.
Deligny apretó el paso con gran excitación hasta los afloramientos y vertederos, sorprendido y eufórico por su extensión, y observando las potentes mineralizaciones de los drenajes. Pensó acertadamente, que los antiguos, debido a sus limitaciones de bombeo, no pudieron haber penetrado muy profundamente en la zona de enriquecimiento secundario. Sabía también que, en términos generales, los romanos no podían hacer rentables los trabajos con minerales con una ley inferior al 4%  en cobre, por lo que sólo las menas más ricas habrían sido explotadas. Se imaginó, surgiendo de aquellos montes, un asentamiento densamente poblado y unido por tren a Huelva, que dejaría de ser un modesto y tranquilo pueblo de pescadores para convertirse ahora en un floreciente puerto marítimo.
El terreno estaba libre: Deligny interpuso una veintena de denuncios en nombre de Decazes, del suyo propio, y de algunos socios. Fue consciente desde el principio que sería necesaria una gran inversión inicial. Y la mejor manera de obtenerla sería captando el interés de terceros a partir del reparto de acciones.
Cuando comenzó a tomar mediciones y puntos de referencia, le preguntó a su guía por el nombre del monte. Éste le dijo que se llamaba la Sierra Tharse. A su imaginación le vino el legendario Tharsis. Rememoró las numerosas referencias bíblicas, como esa en la que Jonás partió para huir a Tharsish, la que habla sobre cómo Salomón comerciaba con él o como aquella en que el profeta Isaías pronunció su augurio contra Tiro: “Lloren, naves de Tharsish, porque ha sido destruido su puerto”. Concluyó que había redescubierto el centro de la cultura antigua. Bautizó al área minera como “Tharsis”.
Habiendo realizado los denuncios, junto con otros en distintas zonas de la faja pirítica, en la oficina minera de Huelva, realizó sondeos en el estuario. Encontró los calados adecuados para barcos de vapor, 18 pies en marea muerta y 22 en marea viva (2).
Aunque ocupado en las prospecciones de Tharsis, Deligny no limitó sus denuncios a éste. Un poco más tarde,  estudió también para su patrón, las grandes masas de mineral de La Zarza, al noreste del cercano pueblo de Calañas; aquí también adquirió concesiones.
Continuará…

viernes, 24 de febrero de 2012

Y 4ª entrega del libro de Checkland

Con esta 4ª entrega terminamos la publicación del capítulo 6 del libro de Checkland.

Hay dos noticias que queremos resaltar ocurridas en esta semana.
El robo de raíles del ferrocarril de Tharsis, en el tramo de San Bartolomé. La noticia no informa del punto kilométrico, pero este robo puede ser la puntilla para el tren turístico. Esperemos que el Ayuntamiento aclare cuanto afecta esto a su proyecto.
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La otra noticia hace referencia a la apertura de información pública sobre la constitución del nuevo municipio de Tharsis. Cualquier persona física o jurídica podrá examinar el expediente, pero, dirigiendo previamente un escrito a la Consejería de Gobernación. Ya podrían dejar una copia en Tharsis y Alosno.
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4ª entrega
en cortas, y construir dos hornos de fundición. Siguieron dos años de rápido crecimiento. Se construyeron talleres y viviendas, utilizando los pingües beneficios que Duclerc había conseguido. La mano de obra aumentó significativamente, suponiendo en 1856 unos 1.500 trabajadores. A éste se suma un gran número de arrieros y carreteros. En resumen, volvía a surgir en Tharsis, desde la época romana, un asentamiento minero en aquellas estribaciones.

Todavía quedarán muchas dificultades por solventar. Con el objetivo de asegurar el futuro de las cuatro cortas de Tharsis, se compraron al municipio de Alosno los terrenos en que se encontraban; esto se consiguió en 1857, no sin protestas. Por 783 has., la compañía pagó 86.656 francos. El cobre producido mediante el proceso de cementación y los hornos, tuvo que ser transportado en bestias y carros hasta un paraje en el Odiel, entre Gibraleón y Huelva, llamado El Charco, desde el que sería llevado rio abajo en balandras hacia Huelva. Se tuvo que dedicar una importante cantidad de dinero en mejorar esta ruta, especialmente en la construcción y reparación de puentes. La compañía sufrió duramente los robos de cobre que se producían a lo largo de la ruta.

Se hizo necesario adquirir el área de El Charco donde se instalaron los almacenes, con el fin de salvaguardar las instalaciones y su mantenimiento.

La compañía averiguó que el terreno pertenecía al cura de Gibraleón; pero lo tenía en usufructo. El sacerdote no podía venderlo bajo ninguna circunstancia, pero lo que sí podía hacer era permutarlo por otro. El terreno alternativo necesario se compró, el cambio se efectuó, y el cura empezó a cultivar su nueva posesión. Pero la transacción no había finalizado legalmente. En este momento, uno de los contratistas del transporte, originario de Alosno, entra en la historia. La compañía rechazó renovar su contrato con él, por ser sospechoso de robos de importancia. Esta situación fue presentada ante el juez de Alosno por el propio contratista, que con motivo de esta afrenta, había acudido al cura, y también se había asegurado un oportuno derecho sobre terrenos en la zona de El Charco.

Más serio fueron las malas cosechas de 1857, que produjeron una gran subida de los precios de los alimentos. Pero el asunto que casi lleva a la segunda compañía a la ruina partió de los contratos que surgieron de venta de mineral de pirita para su distribución en 1858. Deligny, por una vez, fue práctico. Apuntó que tales contratos eran extremadamente peligrosos, especialmente cuando el método “Cornish Assey” [“de ensayo córnico”] usado para determinar el contenido de cobre del mineral, y basado en el “método seco”, no era apropiado para las piritas españolas. Pero los directores estaban muy ansiosos con comenzar las ventas. Esto hizo muy difícil la firma de contratos y decepcionante la cantidad recibida por el cobre.

Entre todas estas dificultades y aparentes problemas de gestión, los directores decidieron prescindir de Duclerc. En 1859 se retira como director gerente. Había sido el apoyo y protector de Deligny; con esta destitución, Deligny, después de largos y amargos rifirrafes, se iría también. Victor Mercier será el sucesor de Duclerc.

Los cargos en contra de Deligny eran incuestionables. Su insistencia en los trabajos en los túneles de drenaje, que resultarían muy costosos, retrasó seriamente cualquier otra nueva inversión. Pero para empeorar más la situación, sus cálculos resultaron erróneos, haciendo que el túnel discurriera por bajo de la base de las masas piríticas del Filón Sur, por lo que éste terminaría colmatándose. También se criticaron sus hornos por diseño inapropiado. Se le achacó la responsabilidad tanto del no aprovechamiento de las aguas mineralizadas como de construir unas instalaciones de cementación a escala colosal. También estaba el asunto del dique que había construido; en lugar de servir para retener el agua de lluvia para ser usada en las zonas de calcinación, reventó y terminó inundándolos.

La tragedia de Deligny fue haber sido modelado por los ideales de Flachat y tratar de aplicarlos en Tharsis y La Zarza. Flachat trabajó como ingeniero civil. Construyó sus magníficos ferrocarriles, muelles y edificaciones, utilizando el hierro, de poca tradición para la construcción en Francia, dejando cada uno de sus logros como recordatorio de su éxito.

Deligny, en el caso de Tharsis, lo pensó y planeo todo a la misma escala; con el estimulo de los inspectores de mina españoles, no buscó sino la rehabilitación de los trabajos a la medida de los de época romana. Prestó poca atención a la actitud de los accionistas. Se implicó cada vez más en los innumerables problemas tanto de la explotación minera como de su posterior tratamiento metalúrgico. La construcción del ferrocarril hasta el puerto de Huelva, en que puso toda su experiencia práctica, no pudo ser llevada a cabo hasta que no se produjo rentabilidad en las minas. El pobre Deligny estaba atrapado en un pozo del que no pudo escapar. Flachat, absorbido por sus propios proyectos y comprometido con sus jóvenes promesas, no pudo rescatarlo de su atolladero español, si bien sería capaz de ayudarlo de una manera un tanto curiosa algo más tarde. El propio Duclerc que debería haber controlado a Deligny, fue un desastre como director.

Pero frente a un final deshonroso en su relación con Tharsis, Deligny consiguió cumplir el gran objetivo que soñara sólo seis años antes. Las minas volvían a funcionar de nuevo. La faja pirítica pronto iba a jugar, una vez más, un papel importante en la minería europea.

Fue un erudito y un romántico. Ayudado por los clásicos con los que había aprendido tanto sobre ciencia y tecnología en el Ecole Centrale, se dio cuenta del gran drama del nombre Tharsis en este lugar remoto y quedó fascinado de la manera en el que la Roma imperial había explotado los filones piríticos. Reflexionó mucho sobre los métodos y la vida de los hombres de la antigüedad que habían abandonado su trabajo hacía ya tanto tiempo. Admiró y respetó a sus mineros andaluces, manteniendo con ellos gran amistad, tanta que no podía creer que la misma tarea que realizaban, fuera hecha por esclavos en la antigüedad.

Deligny nunca volvió a trabajar como ingeniero. Publicó sus reflexiones del proyecto del ferrocarril transalpino de Flachat, pero no volvió a ser requerido para el trabajo activo. Al menos obtuvo algunos beneficios que, si bien procedentes de su incursión en el mundo de la pirita, le supondrían una renta personal hasta sus últimos días. Mantuvo intereses en la mina “Lagunazo” y en la portuguesa de “Santo Domingo”.

Deligny volvió a Francia en 1860, dedicándose al cultivo de la vid en la región de la Gironde. En 1870 fue dueño y editor en Burdeos de un periódico, La Tribune. Una vez terminado el periodo de terror durante la Comuna, volvió a París. Será conocido como el Marqués de Alosno. Este título, tras ser reclamado por él, le sería otorgado por el rey de España, en reconocimiento a su explotación pionera de la faja pirítica de Huelva. Él habría preferido haberse convertido en el Conde de Tharsis. Pero la compañía que le había despedido, al enterarse por los periódicos que Deligny estaba buscando tal distinción, protestó con éxito a las Cortes españolas. Interesado en el desarrollo urbano, fue elegido para el Consejo municipal de París y para el Consejo general del Sena, organismos a los que dedicará sus últimos veinte años de vida.

Se convirtió en una especie de ingeniero, pero de la política, publicando un sinfín de estudios sobre Paris y el Sena; ya fueran sobre el tráfico rodado, el abastecimiento de aguas, el nivel fluvial, las aguas residuales, o las nuevas líneas del servicio de tranvías. Volvió sus miras, tal y como aprendiera de Flachat, a un plan urbanístico de París a gran escala, incluyendo un tren “Metropolitano” de carácter periférico. Pero hombres más pragmáticos que él, siguieron, como de costumbre, actuaciones de menor envergadura. Siempre tuvo una gran capacidad de trabajo; pero ahora, la indiferente acogida de su plan de transporte, terminaría por quebrando su salud.

En el decimoquinto aniversario de la Societè des Ingeniers Civils en 1898 recibiría, junto con otros miembros fundadores aún vivos, una placa de plata: cuando admiraba el monumento dedicado a su maestro Flachat, con sus bajorrelieves alusivos a sus grandes gestas, Deligny, que contaba con 79 años, estaba ya a escasos cinco meses de su muerte. En Huelva su nombre aún sobrevive en la calle “Ernesto Deligny”; no es necesario señalar que pocos son ya los ciudadanos que conocen el por qué de este nombre.

Notas aclaratorias:
(2): (Página 4). Se entiende por mareas muertas aquellas en la que la diferencia de altura entre la alta y la baja es la menor posible. Por el contrario, mareas vivas son aquellas en las que la diferencia de altura entre la alta y la baja es la más extrema.

(1): (Página 2). Nombre con el que la historiografía suele designar el periodo histórico que se desarrolló en Francia de 1830 a 1848.

S.G. Checkland
"The mines of Tharsis: Roman, French and British enterprise in Spain"           *****
Capítulo traducido por José Alberto Fernández. Enero de 2012

jueves, 14 de octubre de 2021

PROGRAMACIÓN DEL HOMENAJE A DELIGNY


Esta es la programación que le hemos propuesto a los familiares de Ernesto Deligny. Nos confirman que ya han reservado el vuelo.

-Viernes 29 de octubre, sobre las 9 de la mañana. Rueda de prensa en Huelva. El Señor Gervais, en representación de la familia, informará de la donación del archivo familiar a la ciudad de Huelva. Ya que no hablan español, nos acompañará el señor Rogers que amablemente hará de intérprete.

-A las 12 horas. Los bisnietos de Deligny van a tener la oportunidad de contemplar el cuadro donado por su antepasado al Monasterio de la Rábida en 1869. El prior del Monasterio ha atendido gustosamente nuestra petición para acompañarles en la visita.

-El sábado 30, a las 16,30 horas, en Tharsis. Concentración en la explanada del Casino Minero para recibir a los familiares. Desde allí partiremos en vehículos al monte Tarse para conmemorar el 200 aniversario.

-A las 17 horas, actos del homenaje. Actuación del grupo de teatro de Tharsis, que nos trasladará al mes de marzo de 1853. Terminada la función se descubrirá la placa de recuerdo a Deligny. Después nos dirigimos en vehículos a la Oficina General para inaugurar la exposición.

-Visita de la exposición. Como no está instalada en una sala amplia, igual tendremos que acceder por grupos. Pero esto está por ver.

Terminada la exposición, despedida de los familiares.

                                                            ********

MÁS INFORMACIÓN DEL HOMENAJE

Un hecho interesante que ha propiciado el homenaje es la relación de la familia Deligny con Huelva. Con una diferencia de 152 años, esas buenas relaciones se han reconocido con una donación comunicada a las autoridades provinciales mediante cartas. La más antigua, fechado en París el viernes 1 de octubre de 1869, dirigiendo al Gobernador de Huelva el objeto de la donación:

Ilustrísimo señor, tengo la honra de remitir a vuestra Ilustrísima con destino al ex convento de Nuestra Señora de La Rábida, un cuadro pintado por el distinguido artista monsieur J. Jollivet, y que representa a Colón en el momento de divisar por primera vez, en su larga y penosa navegación, las tierras de América.”

Y su motivación.

He residido por bastante tiempo en esa provincia, me unen a ella y me la hacen sumamente querida tiernos recuerdos de amistad; el nacimiento de una hija, los constantes y fructuosos trabajos que ocuparon el tiempo de mi residencia, y la satisfacción de haber puesto una de las primeras piedras en el edificio de prosperidad futura con el descubrimiento de algunos de los ricos criaderos mineros. Muy especialmente dando nueva vida al de Tharsis y con él a esa ría, en otro tiempo surcada por los numerosos buques que conducían sus productos al reino de Salomón”.

Firmado. Ernest Deligny y Ardaillon.


La más reciente. Fechada en París el viernes 1 de octubre de 2021. De nuevo otra donación. Esta vez un archivo particular que se le anuncia al alcalde de la ciudad.

Me gustaría compartir con ustedes mi deseo de entregar a los archivos de la provincia los documentos que me han llegado. Estos documentos, escritos mayormente por Deligny, merecen ser depositados en los archivos. Su conservación estaría así asegurada y serían accesibles a todos los interesados en la mina y en la historia de la provincia”.

Y su motivación.

Viajando varias veces por la provincia de Huelva, como bisnieto de Ernest Deligny, me conmovió conocer calles o plazas que llevan su nombre. Me conmovió aún más descubrir en Tharsis una Asociación que también llevaba su nombre y, sobre todo, que le dio vida a su memoria”.

Esperando que acepte esta iniciativa”

Firmado. Benoit Gervais

                                                                  ***

La recreación histórica que va a representar el grupo de teatro de Tharsis lleva por título: Marzo de 1853, Tharsis se inscribe en la historia.

Deligny, en compañía de Luciano Escobar, contempla desde un alto cerro las labores mineras abandonadas hace siglos; los inmensos escoriales, los pozos y galerías excavadas, el portillo de Santo Domingo. Humos de las calcinaciones de Riotinto, de las minas a los pies de la sierra de Aracena: Poderosa, San Miguel, San Telmo. El puerto de Huelva.

Para fijar lindes en los denuncios mineros pregunta por el nombre de aquel cerro. La respuesta que le da un pastor le trae a la memoria lo que ha leído del mundo antiguo; de Historia, del Imperio Romano, de Geografía.

El título lo dice todo, en esa fecha, hace más de 168 años, Deligny registró las minas con el nombre que trascendió a la población que se fue configurando en su entorno. Renacía así una actividad milenaria que ya habían desarrollado primitivos pobladores, antes incluso de fenicios y romanos. Descubrir por medio de un pastor, cómo la tradición oral había conservado un nombre hasta entonces mitológico, fue una revelación para Deligny.

Revivir ese momento a cargo de actores, es situarnos de dónde venimos; al comienzo de hace más de siglo y medio. Para evocar aquella fecha no hay mejor lugar que representarlo en la cima que quedó recogida para la historia, el monte Tarse.

                                                                  ***

En cuanto a la exposición en la Oficina General, qué deciros de este importante edificio inaugurado en agosto de 1879. Y aunque no tiene habilitada ninguna dependencia para exposiciones, el sitio elegido no puede estar más cargado de historia, el despacho y sala de reunión de la Dirección. Donde Alexander Allan recibió la citación a juicio por el daño de los humos sulfurosos de las calcinaciones. Donde estaba la “Audiencia”, y se decidían sanciones por faltas cometidas en el trabajo o en el poblado; aplicando un particular “Código penal”. Donde la “señorita” Phyllis Gray despachaba con Rutherford los problemas que le llegaban de la población.

José Gómez Ponce

Octubre 2021 

sábado, 31 de octubre de 2020

EL CUADRO DEL MONASTERIO DE LA RÁBIDA

 


En 1855 se inaugura oficialmente el Monasterio de la Rábida. Aunque su existencia pendió de un hilo en 1851, cuando el ministro de la Gobernación encargó su derribo por encontrarse abandonado. En su lugar se proyectó construir un monumento a Cristóbal Colón. Gracias a la intervención de quien en esa fecha era Gobernador de la provincia, Mariano Alonso y Castillo, se paralizó su venta y se procedió a su restauración. En 1856 es declarado monumento histórico.

Ernesto Deligny acude al Gobierno Civil el 26 de Marzo de 1853, para registrar más de 40 denuncios mineros, estando de Gobernador, Mariano Alonso. Si residió en la capital por esas fechas, pudo estar al corriente de la restauración y la posterior inauguración del Monasterio, siendo este un asunto importante en la vida social.

El 1 de octubre de 1869, Ernesto Deligny dirige un escrito al Gobernador de la provincia, Fernando de la Cueva y Cáceres, en calidad de representante de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de la provincia de Huelva. (1)

El 16 de diciembre de 1869 se da lectura en el Ayuntamiento de la capital, la carta que la Sociedad Económica de Amigos del País de la provincia de Huelva (2) ha dirigido al señor Gobernador, presidente de la Comisión de Monumentos Artísticos e Históricos, redactada en los siguientes términos:

"Con motivo de un notable cuadro que con destino al Monasterio de la Rábida ha regalado el ingeniero francés don Ernesto Deligny, en cuyo escrito se recuerdan los beneficios que ha reportado a la provincia dicho señor, por haber contribuido eficazmente al desarrollo de la industria minera, por lo cual dicha Sociedad espera que se le conceda al señor Deligny una distinción que patentice que la capital sabe agradecer y estimar los cuantiosos beneficios que le debe"

La Corporación aprueba lo siguiente:

El ayuntamiento, reconociendo con gusto los brillantes servicios prestados por dicho señor, deseando recompensar estos con una imperecedera muestra de gratitud y satisfacer a la vez los justos deseos de la Sociedad Económica de Amigos del País, acuerda declararle hijo adoptivo Benemérito de esta capital”.

Si desde ese año, 1869, o al siguiente, el cuadro fue expuesto para que fuera contemplado por el público, la información que se da era mínima y errónea..

Braulio Santamaría, en su obra: “Huelva y la Rábida, 1873”, ya daba una información, aunque no completa (3)

Otro interesante libro que trata de La Rábida, el de Sebastián García Rodríguez O. F. M. La Rábida, pórtico del Nuevo Mundo. (4) Pero sigue siendo errónea la información sobre el cuadro, aunque ya se habla de su tamaño, el más grande de todos los expuestos.

Si bien el donante del cuadro, Ernesto Deligny, ya refirió en 1869, el nombre del autor J. Jollivet, es una biografía de hombres destacados del siglo XIX, editada en Francia en 1846, donde se informa de Jollivet (5)

La compra del cuadro por Ernesto Deligny, ya nos la detalle el señor Gervais en el libro: “Ernest Deligny en Tharsis. 1853-1859”. En mayo de 1868, el subastador Charles Pillet organiza una subasta en el hotel Drout de París, poniendo a la venta todo el contenido del estudio de Jollivet: pinturas, bocetos y muebles. El primer día de la venta, Deligny compró el lote Nº 5. "Christophe Colomb”

Desde el pasado día 14 de octubre se hacen justicia al autor y al donante del cuadro. Se ha cambiado la cartela del mayor cuadro que se exhibe en el Monasterio. A partir de ahora quienes escriban sobre la obra pictórica de Pierre-Jules Jollivet, tienen que informar que uno de sus cuadros importantes, Christophe Colomb découvrant l Amérique, está depositado en el Monasterio de la Rábida, en Huelva.

                                                                 *********

(1) Excelentísimo Señor, tengo la honra de remitir a V.I., con destino al ex convento de Nuestra Señora de La Rábida, un cuadro pintado por el distinguido artista, “monsieur” J. Jollivet, y que representa a Colón en el momento de divisar por primera vez las tierras de América.

(2) Sociedad Económica de Amigos del País de la provincia de Huelva. Fundada en 1852 por Mariano Alonso y Castillo.

(3) “El cuadro que merece especial mención es uno que ocupa todo el testero de la referida celda, regalado en 1870 por el ingeniero francés señor Deligny. Esta composición, de atrevidos rasgos y brillantes coloridos, parece ser de la escuela italiana”. p. 65

(4) “Llegada de Colón a América, la tierra anhelada, pintura sobre lienzo al óleo (3,30 X 2,50 metros), anónimo, escuela italiana de finales del siglo XVIII o principios del siglo XIX. De estilo barroco. Vino a la Rábida este lienzo, como donativo de los Duques de Montpensier. p. 72

(5) Pirre-Jules Jollivet 1794-1871. Se traslada a España en 1826, dónde a pesar de su corta estancia, buena parte de su obra pictórica reflejan temas españoles. Una de sus obras más destacadas es "Christophe Colomb découvrant l Amérique".



José Gómez Ponce

Octubre 2020





viernes, 14 de enero de 2011

DELIGNY, UN INGENIERO DEL SIGLO XIX, 1ª Parte


Hace un tiempo recibimos de un amigo el enlace a una página de Internet referida a la biografía de Ernesto Deligny. Dado que la página venia en francés tuvimos que pedir ayuda para su traducción. La vamos a ofrecer en varias entregas, porque aún la tenemos que revisar y localizar algunos enlaces que tienen que ver con Deligny.

También la anterior entrada, sobre el patrimonio convertido en chatarra, ha generado algunos comentarios, que vienen a constatar el escaso interés que nuestros gobernantes, y todos nosotros, mostramos por nuestra historia, por nuestro pasado. Esta falta de respeto, o de interés, tiene repercusión a otros muchos niveles. Si no respetemos nuestra historia, nuestra memoria, que más da obviar normas y leyes. Y si este ejemplo lo dan quienes se suponen que nos representan, la conclusión es bastante pesimista.

Bueno, este asunto ya lo retomaremos, aunque somos conscientes también, que las motivaciones del personal, por lo general, no son de altos vuelos.
Lo dicho, volveremos sobre ello.

Ahora la primera parte sobre Deligny.



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Ernesto Deligny, un ingeniero del siglo XIX: 1820-1898

La vida de Ernesto Deligny ocupa la mayor parte del siglo XIX. Su carrera de ingeniero se inscribe en el 2º periodo de la Industrialización. Caracterizado por la variedad de sus actividades, los lugares donde se desarrolla, y los compromisos que le sustentan. Del tipo de ingenieros que formaba entonces La Escuela Central de las Artes y Manufacturas, fundada en 1829. Aunque no disponemos de toda la información que hubiera sido deseable, pensamos que era necesario hablar de esta aventura humana y técnica.

Origen y Formación: 1820-1842.

Ernesto Deligny nació el 4 de mayo de 1820 en París. Su padre, Fernando Deligny, comerciante, vivía en el nº 18 de la calle Basse de Orleáns, en el barrio San Denís. Su madre fue Margarita Ardaillon. Al menos se le conoce un hermano. En la época de su entrada en La Escuela Central, su padre es propietario en Calonges (Cantón de Autrey) en Haute-Saóne. Parte de sus estudios los realiza en el Colegio de Gray, del mismo departamento, desde 1835 a 1839.

Volvió a la Escuela Central de Artes y Manufacturas el 4 de enero de 1840, después de haber superado un examen de admisión el 4 de septiembre de 1839.

De allí salió el 15 de agosto de 1842, Diplomado en la especialidad de Metalurgia. No se sabe con qué rango. La promoción constaba de 48 alumnos, de los que 29 fueron Diplomados, los otros Certificados (cualificación de menor relevancia). 120 alumnos habían sido admitidos en 1840. La selección a estos estudios había sido dura. Sus compañeros de promoción se llamaban, Arquembourg, Bishoffeim, Gouvy, Hartmann, Koechliln.

El joven ingeniero: 1842-1850

Dirigió su salida profesional hacia la industria de los ferrocarriles, que constituía en ese tiempo un camino lleno de futuro, sinónimo de progreso. Desde su salida de la Escuela en 1842, trabaja como ingeniero en el estudio del ferrocarril de Dijon a Besancon. Aquí estuvo poco tiempo, pues en 1843 se convertía en ingeniero de los ferrocarriles de Saint-Germain y Versalles, con la categoría de Jefe de Sección; bajo las órdenes de Eugenio Flachat, quien lo había contratado. Estaba pues, integrado en un prestigioso equipo, de ideas San Simonianas. Y de notable repercusión en los ferrocarriles, la ingeniería civil asociada, y las fábricas metalúrgicas. Llegó a tratar, entre otros, con Jules Petier (1832), y Alexis Barrault (1836), quienes marcaron su época.

En 1845 simultaneaba el trabajo de ingeniero en la línea Paris-San Germain, colaborando en los trabajos del ferrocarril atmosférico de Pecq a San Germain,  así como en la estructura de la estación San Lázaro. Participando en la construcción de la parte más antigua de la estación, que aún existe, formada por cerramientos y ensamblajes. O en la reconstrucción del puente de Asnieres.


En su necrológica, se lee “En 1848, Deligny fue el responsable de los trabajos de reconstrucción y mantenimiento. Demostrando su pericia para restablecer en muy poco tiempo tres vías del gran puente de Asnieres, que el 2 de marzo los barqueros del Sena habían incendiado, así como otros menos importantes. En sólo dos días presentó el proyecto y los materiales para la obra. Los trabajos se iniciaron el 4 de marzo, y 15 días después la circulación podía restablecerse. Esto fue una gran hazaña en aquella época”.

                

Participó a continuación en los estudios del "Puente en hoja", obra que debía estar finalizada en 1852. En el mismo año de 1848, era miembro fundador de la Sociedad Central de Ingenieros Civiles de Francia, nombre inicial de la SCI; y miembro del Comité de la Sociedad desde 1850 a 1851.



LA AVENTURA ESPAÑOLA: ferrocarriles, minas y arqueología, 1850-1869

Era imposible un desarrollo interesante de su carrera en el marco de expansión de la Cía. de Versalles, ya que no obtuvo la concesión de la línea del Oeste. Ello, y el interés que los financieros franceses habían puesto en los recursos mineros españoles, y especialmente en los carbones de Asturias, le impulsó a viajar a España. En 1850 participa como ingeniero en la construcción del ferrocarril Langreo-Gijón. Siendo director de las minas de hulla de Langreo.

Se puede pensar que los sucesos de 1851, (el golpe de estado de Luis Napoleón Bonaparte), del 2 de diciembre, y del régimen político allí instituido, han pesado en la decisión de su aventura española.



Continuará...


jueves, 10 de marzo de 2011

DELIGNY, UN INGENIERO DEL SIGLO XIX, y 2ª Parte

Hemos referido en otras ocasiones las posibilidades de Internet para recibir o enviar información. Hace unos meses, y por mediación de unos amigos, nos pusimos en contacto con Victoria, una nieta de Francisco Limón Rebollo, quien tanto tuvo que ver con la actividad minera en Tharsis y la apertura del ferrocarril para el transporte de viajeros en 1881. Esta nieta, que aún vive, tiene 102 años,  en 1999 se dedicó a recoger la cronología de su familia en unas notas escritas a mano y que tituló: “El Apellido Limón. Recopilación de datos desde principios de siglo XIX a finales del XX”

Comienza su escrito con los nombres de sus bisabuelos: Francisco Limón Carrasco y Sebastiana Rebollo Marin. A partir de sus abuelos: Francisco Limón Rebollo y Bella Caballero Rebollo, nos va relatando los hijos habidos, los nombres de los padres, fechas de nacimiento y defunción, así como sus profesiones. La descendencia más numerosa corresponde a la de sus padres: María-Rondana Limón Caballero y Eduardo Vázquez Casanova, que tuvieron 13 hijos. Uno de los cuales sería el Doctor Francisco Vázquez Limón cuya clínica estuvo al servicio de la Compañía de Tharsis.

Estos datos son interesantes para quienes quieran investigar su árbol genealógico y para conocer más nuestra historia. No olvidamos que los apellidos Limón, o Rebollo, nos son igualmente familiares en Tharsis.

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El mes de Enero publicamos la Primera parte de un escrito sobre Ernesto Deligny. Quien lo descubrió en Internet nos envió el enlace. Acontecimientos posteriores nos hicieron aparcar la siguiente entrega. Aprovechamos ahora para publicar la 2ª Parte, no porque no haya asuntos más importantes y cercanos. La Historia es cultura y necesaria, y a nadie hace daño. Pues aquí lleváis la 2ª Parte. Si lo queréis leer en francés, picar aquí, y que nos perdonéis que no somos interpretes.

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DELIGNY, UN INGENIERO DEL SIGLO XIX, y 2ª Parte
 
Pero lo más importante estaba por llegar.

Entre Febrero y Marzo de 1853, visitó varias minas en Andalucía, entre ellas la de RioTinto, donde habían realizados progresos en el tratamiento de los minerales. También acudió a Portugal. Todo por encargo de Luis-Charles Decazes, duque de Glucksberg (1819-1886), que había sido embajador de Francia en España, y Contador de Escompte. En los alrededores de los yacimientos mineros, descubrió grandes depósitos de escorias, importantes restos de explotaciones anteriores: romanas, o fenicias. En esos principios de la Geología, el recurrir a esos métodos de prospección, era un enfoque que no carente de interés. Claude Domergue nos dice que Deligny formó parte de de esos ingenieros que de hecho fueron los primeros arqueólogos mineros. Inmersos en la cultura clásica, llenos de admiración por los trabajos de griegos y romanos; no dejaron de anotar en sus cuadernos los restos de trabajos antiguos, arriesgándose a menudo a reconocimientos peligrosos en zonas de dudosa estabilidad. En su entusiasmo creyó haber encontrado cerca del pueblo de Alosno las minas bíblicas de Tharsis. De hecho, es el nombre de la montaña vecina “Tarse”, lo que le empujó a esta interpretación poco acertada. Pero el nombre se ha mantenido, y el de Deligny está asociado a una página española de Internet “Los amigos de Tharsis, Ernesto Deligny”. Aunque cometiera varios errores por su inexperiencia minera, va a ser el primero en sentar las bases de una explotación a gran escala. Se aferró a una explotación subterránea, pero no solucionó correctamente el problema del desagüe y extracción (Ver La Sabina) Y a pesar de su experiencia en ferrocarriles, no pudo solucionar el gran reto del transporte. La primera sociedad creada para explotar las minas de Tharsis en 1853, debió ser rescatada rápidamente. Sucediéndole otra nueva en 1854: La Compañía de minas de cobre de Huelva. La actividad se desarrolló rápidamente, y en 1856 1.500 obreros trabajaban en ella.

En 1858, Decazes junto a Duclerc, futuro dirigente del Crédito Mobiliario de España, y Deligny, fundaron la Sociedad La Sabina para la explotación de Santo Domingo, en Portugal, que ya había reconocido en 1855. Esta zona, aunque separada por la frontera, era la prolongación de los yacimientos de Tharsis. Pero la salud financiera de La Compañía de minas de cobre de Huelva no era siempre buena y, en 1859, Duclerc dejó la dirección de la compañía, seguido por Deligny. No obstante pudo ser recuperada en parte, (Dirección de Mercier) pero continuando con un pésimo transporte para la salida de los minerales, y un escaso mercado.

Los ingleses penetraron en la zona llevando, gracias a una innovación técnica de la doble recuperación del cobre y del azufre, una ampliación del mercado que permitía la movilización de capitales. En 1866, la “Tharsis Sulfur and Copper Company”, sociedad inglesa cuya sede estaba en Glasgow, retomaba la explotación de las minas constituyendo una entidad con medios financieros bastante considerables. La sociedad “Mason and Berry” fortalecía las concesiones de la Sabina (Santo Domingo en Portugal) y completaba así la presencia inglesa.

Al final de la década de 1860, Déligny crea la Sociedad de minas de cobre de Alosno,  única sociedad francesa en la región, activa y próspera en 1882, donde la representaba su hijo Víctor.

A pesar del dominio de los ingleses sobre el conjunto de las minas de la zona, los intereses franceses habían sido preservados en buena parte. La acción de los pioneros franceses -pioneros desgraciados como los califica Gérard Chastagnaret,- había permitido despertar a toda una región, relanzando un sector de actividad que constituyó una fuente de riqueza. En 1878, a pesar de sus avanzados puntos de vista, la Corte de España concedió a Deligny, como recompensa por sus servicios, el título de Conde de Alosno. Pero según relata L. L. Vauthier, él no le daba importancia a este nombramiento.

En 2007, el Ayuntamiento de Huelva decidía volver a rotular una de sus calles con el nombre de Ernesto Deligny. (A petición de Amigos de Tharsis) Esta ciudad, frecuentada antes de 1850 por apenas algunos barcos pesqueros, donde no llegaba nunca un navío, se había convertido a finales del siglo XIX, en uno de los puertos comerciales más importantes de España.

 
LA VUELTA A FRANCIA Y SU IMPLICACIÓN AL SERVICIO DE PARIS

Su vuelta a Francia se hizo progresivamente, con una etapa en el viñedo Bordelés, al norte de Libourne. Entre 1862 y 1866 se encuentra todavía en España, ocupado en la construcción de un muelle de carga en Huelva para el mineral de Tharsis.

En 1863 publicó Apuntes Históricos sobre las minas cobrizas de la sierra de Tharsis (Tartesis Bética) en la Revista Minera, texto que fue reeditado en Glasgow en 1953 bajo los auspicios de la Tharsis Sulfur and Copper Company que todavía existe. En los Apuntes relata la historia de las minas de Huelva desde la época fenicia, y cuenta cómo y por qué acudió a inspeccionar las minas de la provincia. Su descubrimiento de lo que él llamó Tharsis, y el argumento utilizado para bautizar con ese nombre a las antiguas minas, laboradas ya por fenicios y romanos. Las concesiones solicitadas, y los comienzos de la explotación hasta 1860.

En 1864 devolvió al Museo de Artes y Oficios la rueda romana de desagüe de la mina de Santo Domingo. En esa fecha estaba domiciliado cerca de Paris, el nº 15 de la Vieja Carretera a Neuilly. En 1868, en el anuario de los viejos alumnos de la Escuela Central, se declara cultivador vinícola en el Castillo del Arco, por San Denís de Pile (Gironde), dando una nueva dirección en París, el nº 18 de la calle Francisco I. El Castillo del Arco fue la propiedad del padre de Luis Carlos Decazes, Elie (1780-1860) ministro de Luis XVIII y fundador de Decazeville en 1822.

Antes de 1870 es propietario y director del periódico La Tribuna de Burdeos. Habiendo estallado la guerra de 1870, fue, en 1871, miembro de la Comisión de abastecimiento para la defensa de París, lo que le valió la Cruz de Caballero de la Legión de Honor en 1891.)

Esto fue el principio de la última parte de su vida, durante la cual se consagra al servicio de París. En 1874 fue elegido consejero municipal, sin interrupción hasta 1893, del barrio de La Puerta Dauphine (en París).

Su actividad parisina merecería un desarrollo particular. De 1875 a 1878 ocupó el puesto de síndico de la Asamblea. Republicana, pero independiente. Rehusó constantemente tomar parte en discusiones políticas y sólo se ocupó de cuestiones municipales, donde colaboró con L.L. Vauthier (1815-1901).
Furierista que se había ilustrado en Brasil, donde había trabajado en el desarrollo de Pernambuco (Recife) durante seis años. De vuelta a Francia, elegido diputado en 1849, implicado en los sucesos de junio de 1849, fue excluido del cuerpo de Puentes y Carreteras. Encarcelado, y después desterrado de Francia en 1855, fue amnistiado en 1859. Practicó la actividad de ingeniero civil en Europa, después en Francia. Elegido Consejero municipal en 1871, donde permaneció hasta su muerte, fue un miembro influyente de la Asamblea, interviniendo en todos los problemas técnicos que presentaba el desarrollo de una gran ciudad. Constituyó, junto con Deligny, el núcleo de consejeros con quien se podía dialogar, enfrentarse con una administración muy poderosa, teniendo en cuenta el estatus particular de París. Redactó su reseña necrológica para la SCI.

Presidente de la Comisión de Aguas y Alcantarillado, Deligny solicitó el desarrollo del suministro del agua potable de fuentes y ríos, y su distribución en los edificios. La finalización de la red de alcantarillado, y la mejora de los muelles del Sena en la travesía de París. Votó por la creación de institutos de chicas, y por viviendas baratas. Estuvo muy implicado también en el problema del transporte: en el proyecto de la Estación Central, del metropolitano, y en el desarrollo de los tranvías. Es autor, además, de más de 18 informes sobre estos temas, entre 1883 y 1891; catalogados en la Biblioteca Nacional de Francia. Allí aparece anotado, además, su informe en 1878 sobre la cesión por la villa de París de los terrenos necesarios para la construcción de la nueva Escuela Central. Se había convertido en una voz muy respetada, tanto en el Consejo Municipal como en el Consejo General del Sena, sobre todo lo que concernía al desarrollo de París y el bienestar de sus habitantes.

Moriría en el castillo del Arco, en Gironde, el 15 de noviembre de 1898.

INGENIEROS COMPROMETIDOS Y FILANTRÓPICOS

A través de las vicisitudes y éxitos de su carrera, se puede, con un sólo examen de las acciones emprendidas y de los objetivos perseguidos, reconocer los valores que encarnaron esta existencia: creencia en el progreso material para mejorar las condiciones de vida de la población, con el desarrollo de los transportes, de la industria, de la higiene, y de la educación.

Se encuentra, con su orientación política republicana, una similitud con un hombre como Emilio Muller (1844) calificado en el momento de su muerte, en 1889, como “soldado del progreso” por Eiffel. En el Consejo municipal de París, otros Centralistas -como Eugenio Parisse (1877)- compartían en particular sus preocupaciones por la educación.