miércoles, 27 de febrero de 2019

CAMINOS, ARRIEROS Y BALANDRAS. EL EMBARQUE DE MINERAL EN EL CHARCO.

CAMINOS, ARRIEROS Y BALANDRAS. EL EMBARQUE DE MINERAL EN EL CHARCO.


Iniciamos la publicación de un interesante y documentado trabajo sobre el transporte de mineral a través del río Odiel. Desde la etapa de Deligny, y antes que funcionara el ferrocarril, su autor, Antonio Andivia, ha recopilado abundante información del transporte que se hacía a lomos de caballería hasta el término de Gibraleón, donde se construiría el primer puerto minero, El Charco. Una segunda etapa de este transporte lo fue acercando hasta la siguiente zona de embarque, El Fraile, para terminar, a partir de 1871, en el Puntal de la Cruz, fin del trayecto en ferrocarril. El embarcadero allí construido permitía abordar una canoa que, desde 1881, utilizaban viajeros para llegar hasta Huelva. Este trayecto, que todavía permanece en el recuerdo de muchos de nosotros, lo hacíamos junto a pasajeros para las más variopintas necesidades: Acudir a la clínica Vázquez Limón, donde atedian a los accidentados de la empresa. Para hacerse fotografías de primera comunión, en Monís. Para las compras de vestimenta con los vales que daban a nuestras madres en el economato. Pero las más asiduas de la llegada al Puntal eran nuestras aguerridas recoveras, con esos enormes canastos repletos de huevos, enterrados entre paja y que cuidaban con esmero, pues se jugaban la ganancia. 

A veces, cuando se analizan con perspectiva y en la distancia, el devenir histórico, se pueden interpretar la serie de circunstancias para que determinadas cosas lleguemos a conocerlas. Si el nombre de Tharsis se lo debemos a Deligny, es en parte por su formación en Humanidades, aunque nos cabe la duda si sus conocimientos de las vías romanas en Hispania no estuvieran al nivel de la Historia de las civilizaciones. 

Las dificultades encontradas en los primeros momentos, cuando los accionistas le pedían resultados y llegar a minerales se hacia demorar, recibió ayuda económica de los vecinos de Alosno, quienes a su vez habían conseguido beneficios dedicándose al transporte y al contrabando de mercancías. Y esta experiencia de dedicarse a la arriería, le permitiría a él, a Mercier, y a Lebourg, disponer de arrieros y animales de carga. La mina se puso en explotación con el nombre que propuso su director técnico. Y para el transporte hasta la ribera del Odiel, en esta primera etapa, contaban con experimentados transportistas a poco más de una legua. 

Difícil debió de ser los comienzos mineros de unos pioneros extranjeros, que invirtieron en una actividad con un alto riesgo de acabar en quiebra.
La publicación de estos primeros puertos en el Odiel, se dividirá en varias entregas. Las fotografías se corresponden con el trabajo original, solo que el texto al pie de foto que lleva en el original, aquí se ha integrado en la misma foto.
Todas las referencias numeradas, que remiten a la fuente de información, se incluyen al final de cada entrega.

Y una vez más, dar las gracias por la excelente labor investigadora que viene desarrollando Antonio Andivia, cuya trayectoria conocemos desde hace tiempo, y que nos autoriza a divulgar entre nuestros seguidores.

José Gómez Ponce

Febrero 2019


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CAMINOS, ARRIEROS Y BALANDRAS. EL EMBARQUE DE MINERAL EN EL CHARCO, PRIMER PUERTO DE LA COMPAÑÍA DE THARSIS EN EL RÍO ODIEL (1857-1870) 

Antonio L. Andivia-Marchante 
Grupo de investigación HUM 132. “Vrbanitas. Arqueología y Patrimonio” 
Departamento de Historia, Geografía y Antropología. Facultad de Humanidades. 
Universidad de Huelva. 

Resumen: 
Una de las principales dificultades que afrontaba la minería en Huelva a mediados del XIX era la carencia de infraestructuras de transporte terrestre y la ausencia de poderosos medios de embarque en el puerto de la capital. La Compagnie des Mines de Cuivre de Huelva, primera sociedad que explotó las minas de Tharsis, acometió un programa de infraestructuras que, si bien pueden considerarse provisionales y algo rudimentarias en comparación con las llevadas a cabo posteriormente por la escocesa The Tharsis Sulphur & Copper Co. Ltd. -ferrocarril (1869) y muelle de hierro (1871)-, le permitió demostrar la viabilidad del negocio al colocar las piritas tharsileñas en el mercado europeo. La construcción de un camino carretero desde Tharsis hasta la desembocadura del Odiel, la puesta en marcha de un servicio organizado de arrieros y carreteros o la edificación de un pequeño poblado con su embarcadero en el sitio de El Charco, al sur de Gibraleón, son realizaciones de las que se tenían muy pocos datos y a las que tratamos de aproximarnos en el presente trabajo. 

INTRODUCCIÓN
La España decimonónica, que se debatía entre la persistencia de las rancias estructuras heredadas del Antiguo Régimen y la apertura hacia el liberalismo, no fue un escenario cómodo para el progreso de las ciencias y las técnicas. A estas contradicciones estructurales se unía el problema crónico de la deuda externa y la carencia de espíritu emprendedor de los capitalistas: había poco crédito, y el que lo tenía se lo pensaba muy bien antes de arriesgarlo en aventuras tan inciertas como el negocio de la minería. De ahí el protagonismo decisivo que tendrá la iniciativa extranjera en el futuro desarrollo minero e industrial del país. 

En Huelva, la llegada del ingeniero francés Ernest Deligny en febrero de 1853 (Deligny, 1863, 208) supondrá un punto de inflexión en la historia de la minería contemporánea. Con el apoyo capitalista de sus protectores, Louis Charles Élie Amanieu Decazes y Charles Théodore Eugène Duclerc, establecerá los cimientos para la rehabilitación de las milenarias y aún entonces innominadas minas de Tharsis (Alosno), prácticamente olvidadas desde hacía siglos pero llamadas ahora a convertirse en unas de las más importantes del mundo hasta bien entrado el siglo XX. Los trabajos que emprendió suscitaron, además, el interés de numerosos particulares y compañías por las abundantes piritas ferro-cobrizas de la zona, iniciándose así el periodo de la gran industrialización minera de la provincia de Huelva. 

Hasta la aparición de estas compañías extranjeras, el mineral beneficiado en las minas onubenses era destinado en su mayor parte al comercio interior, y en especial a la Fundición de Artillería de Sevilla, adonde llegaban los cargamentos de cobre por vía terrestre. Pero cuando los pioneros franceses hicieron acto de presencia en Alosno y comprendieron que una buena parte del beneficio futuro debía pasar por la exportación de los minerales brutos hacia los centros industriales europeos, enseguida fijaron su mirada en el puerto de Huelva como lugar donde acondicionar adecuadas instalaciones de embarque de mercancías. Para ello sería necesaria también la construcción de una línea férrea que desde Tharsis transportara los cargamentos hasta el río Odiel, pero dicha infraestructura, aunque solicitada en una fecha relativamente temprana como 1858 (1), no será impulsada de manera efectiva hasta 1866, cuando la escocesa The Tharsis Sulphur and Copper Company Ltd. le dio el empuje que requería tras alquilarle las minas a la Compagnie des Mines de Cuivre de Huelva, la sociedad que Deligny, Decazes y Duclerc habían registrado en París el 23 de junio de 1855(2) para explotar los criaderos piritosos de Tharsis y La Zarza (Calañas). 

La compañía francesa, consciente de la dificultad que entrañaría levantar el ferrocarril, procedió a diseñar un esquema de transporte basado en la construcción de un camino carretero desde las minas hasta el río y en la habilitación de una infraestructura portuaria de recepción de mercancías para embarque de los productos mineros y desembarque de los imprescindibles materiales de importación, como el carbón para los hornos de fundición o el hierro para la cementación. De este modo, antes de construir la definitiva obra de embarque –el gran muelle de hierro conocido como Muelle de Tharsis (1871)– llegó a establecer hasta tres puntos distintos para tales menesteres: primero El Charco, situado aguas arriba del Odiel en el municipio de Gibraleón, a unos 4 km de esta localidad y a 8 km de la ría de Huelva; después El Fraile, a 4 km al sur del anterior, entre los términos municipales de Aljaraque y Gibraleón; y finalmente, también más hacia el sur y dentro de los límites de Aljaraque, La Punta, brazo de tierra que se adentra en el Odiel y desde donde más tarde arrancaría el citado muelle 
(fig. 1).

Una de las principales inquietudes de Deligny era comprobar si el puerto de Huelva tenía calado suficiente para los grandes buques que habrían de recibir el mineral. Por sus Apuntes históricos sobre las minas cobrizas de la Sierra de Tharsis se deduce que nada más verificar los denuncios de las minas en marzo de 1853, procedió a reconocer la barra de Huelva: «los pescadores de Huelva no se acordaban entonces de haber visto anclado en el río un barco de cruz y sí sólo faluchos y místicos. Esto no era suficiente» (1863, 211). Con la ayuda del práctico sondeó la ría y reconoció un fondo de arena de 5 metros y medio en alta mar de aguas muertas y 6,70 m en alta mar de aguas vivas; dos meses más tarde convenció al comandante De Maisionneuve para arribar al puerto con un vapor de guerra de mil toneladas y tuvo entonces la absoluta certeza de la navegabilidad del río Odiel para barcos de gran tonelaje. Ahora bien, en estos momentos la aduana del puerto onubense era de cuarta clase, lo que la habilitaba sólo para el comercio general de exportación y para el de cabotaje. Era imprescindible que el Ministerio de Hacienda le concediera al enclave portuario tanto la facultad de exportar minerales como de importar «los efectos indispensables a sus faenas mineras». Así quedaba expresado en una Real Orden de 26 de julio de 1856 por la que se declaraba a la Aduana de Huelva habilitada de segunda clase en respuesta a una demanda realizada por «varios interesados en minas de la provincia»(3)

Es muy probable que entre esos «interesados» estuviera la Compagnie des Mines de Cuivre de Huelva, ya que éste es el año en que la empresa empezó a remontar el vuelo. Sólo unos pocos meses antes de la publicación de la Orden, hacia marzo, habían comenzado a extraer mineral de Tharsis y Deligny sabía que una buena parte de los efectos necesarios para el servicio de las minas tendría que importarlos, especialmente el carbón, el hierro y la maquinaria. Una vez promulgada la Orden, la Compagnie pudo, al fin, enviar las primeras remesas de lingotes de cobre a Inglaterra(4). Al año siguiente, en octubre de 1857, publicaba la Revista Minera la siguiente reseña: «Desde que se autorizó la habilitación del puerto de Huelva por el Ministerio de Hacienda se ha aumentado su concurrencia, y las expediciones de minerales para Inglaterra figuran por cantidades importantes»(5)

EL CAMINO CARRETERO DE THARSIS A EL CHARCO Y EL IMPRESCINDIBLE TRABAJO DE LOS ARRIEROS 
Una vez confirmado el interés inglés por las piritas tharsileñas debía comenzar una verdadera política de realización de infraestructuras de transporte y embarque. Al no existir ningún camino directo entre Tharsis y Huelva, los primeros envíos de mineral mencionados se realizarían atravesando el abrupto terreno de la región a lomos de bestias de carga hasta llegar a algún punto aguas abajo de Gibraleón, donde el Odiel ya era navegable (De Paula Mellado, 1845, 451). No debió de ser fácil para los arrieros alosneros acometer esta tarea, aunque, como se verá, éstos acumulaban una gran experiencia en el trajín de mercancías por todo el territorio. Para facilitar este trabajo de arriería y más tarde contratar un servicio organizado de carros, se decide construir un camino carretero desde Tharsis hasta el río. Por una carta de junio de 1868 dirigida por Alfonso Le Bourg, entonces Director General en España de la sociedad minera, al alcalde de Alosno, sabemos que el 10 de mayo de 1857 se firmó un contrato entre el municipio y la compañía francesa por el que ésta arrendaba unos terrenos destinados a la construcción de un camino «para el arrastre de sus minerales»(6). Éste partía desde las minas, dirigiéndose al sur hasta llegar a El Charco, que se había empezado a dotar para el trasbordo de mercancías precisamente el mes anterior(7). El coste de construcción ascendió a la considerable cantidad de 672.000 reales y la compañía estuvo pagando, hasta que pudo abrirse el ferrocarril, 41.500 reales anuales a los propietarios de los terrenos que atravesaba(8). Ya en junio de 1860, en un informe dirigido a los accionistas, se puso de manifiesto que el camino carretero se hallaba en muy mal estado y que era necesario invertir una importante suma de dinero en mejorarlo, especialmente en la reparación y construcción de puentes(9). Desconocemos si estas mejoras se llevaron a cabo, pero lo cierto es que William Moore, en otro informe de 1866, se refirió a éste como «a very bad road»(10), lo que explica que una de las primeras actuaciones de la sociedad escocesa fuera invertir 200 libras para su reparación(11) 

(fig. 2).


Como acabamos de anticipar, la compañía tuvo la fortuna de hallar en Alosno un pueblo con una extraordinaria tradición de arrieros. De hecho, A. Miguel Bernal (2015, 8) considera que «la actividad por antonomasia que da arranque a la prosperidad de El Alosno durante los siglos XVI al XVIII es la de arriería». Según el autor, esta ocupación dio lugar a uno de los principales rasgos de la idiosincrasia alosnera, esto es, su conocimiento directo de la geografía de los territorios circundantes. En el Catastro de Ensenada se afirma que de los 490 vecinos que tiene la localidad 36 son arrieros(12), aunque es Madoz (1845, 191) quien no deja lugar a dudas acerca del predominio de la arriería para el periodo en que la compañía minera empezó a operar en la zona: 

“dedicados a la agricultura y muy especialmente a la arriería, tráfico y comercio, puesto que casi todo el vec. se emplea en conducir drogas, y géneros ultramarinos, desde Cadiz a Ayamonte, a las prov. de Extremadura y de Castilla, reportando géneros manufacturados y frutos de estas prov. a las de Andalucía: el comercio con Portugal, es también bastante activo” (13)

Con respecto a la participación de los vecinos de Alosno en el incipiente proyecto minero, nos dice Luciano Escobar (1899, 5) que «en considerable número acudieron presurosos obreros para las minas, carreros y arrieros para los transportes de sus minerales al embarcadero de Huelva». Se trató sin duda de una asociación perfecta entre los intereses de ambos grupos: por una parte, el pueblo encontró un nuevo elemento de mejora y prosperidad, y por otra, la compañía pudo acudir a esta fuerza de trabajo para poner en pie tanto los diversos trabajos de la mina como el complicado transporte del mineral hasta el río Odiel. Sobre lo duro de este acarreo se trató en el Report by the Directors de la Tharsis Sulphur en agosto de 1868, cuando el retraso en la terminación del ferrocarril desesperaba ya a los accionistas de la empresa escocesa: «No one who has not seen the country, can form any adequate idea of the difficulty which attends the conveyance of large quantities from the Mine to the Shipping Port»(14) 

(fig. 3).


Sabemos por diversas fuentes que este servicio, que ya en 1858 empleaba entre arrieros y carreteros a «más de dos mil caballerías en transportes de minerales y materiales» (Deligny, 1863, 215), fue subcontratado: el informe de junio de 1860 dirigido a los accionistas, tratando sobre el alquiler de El Charco, refiere a uno de los contratistas de Alosno(15); en el inventario de 31 de diciembre de 1862 se incluye la partida «Contratistas de transportes», 20.980,20 reales que quedaban a pagar «por transportes de Diciembre y meses anteriores»(16); y en una carta de Alfredo Solande a Víctor Mercier de octubre de 1875, se comenta que las relaciones con los contratistas del transporte habían finalizado con el alquiler de las minas a la compañía escocesa en 1866(17). Contamos además con el testimonio de Víctor Sévoz, ingeniero francés que está trabajando en las «mines de cuivre de Huelva» al menos desde 1857 (Société de l’Industrie Minérale 1857, 743). Sévoz escribirá en el Bulletin de la Société de l’Industrie Minérale de 1860 una memoria sobre las minas de manganeso en la provincia de Huelva en la que aporta datos interesantísimos sobre el trabajo de los arrieros y sobre El Charco (Sévoz y Breuilhs 1860, 29-81). Pues bien, parece ser que el precio de transporte pagado a un arriero por quintal de mineral –46 kg– y legua de España –unos 5,57 km– era de 0,80 reales. Teniendo en cuenta una distancia aproximada de 38 km entre Tharsis y El Charco y los cuatro quintales que, según Sévoz, podía cargar una mula, resulta un coste de 21,83 reales. Considera el ingeniero que estos precios son altos, pero lo achaca al mal estado de los caminos y a lo abrupto del terreno. De hecho, la ganancia para el transportista era bastante pequeña, ya que a esta cifra tenía que restarle el consumo de cebada y los gastos de paja, cordeles, esportones y atalajes, concluyendo Sévoz que, para ganarse bien la vida, el arriero necesitaba como mínimo tres mulas: «tout un capital pour un arriero muletier en Andalousie». Nos dice también que la mula tardaba hora y media en recorrer una legua, lo que para los 38 km mencionados hace un total de cerca de nueve horas y media de trayecto. 

Continuará...


Referencias
(1)Gaceta de Madrid 28-04-1858, n. 118, p. 1: «Ley de 17 de abril de 1858 autorizando á D. Eugenio Duclerc la concesión de un ferro-arril desde Tharsis al sitio llamado el Fraile, en la orilla del Odiel».
(2) Glasgow University Archive (G.U.A.), Statuts de la Société des Mines de Cuivre de Huelva. No hemos consultado directamente los estatutos sino el resumen que de éstos hace Checkland en lo que fue la investigación previa de cara a redactar su ya clásica obra The Mines of Tharsis. Roman, French and British Enterprise in Spain (1967). En estos Working Papers está todo el material que el autor usó, incluidos los resúmenes de toda la documentación conservada en el fondo de la compañía (cartas, informes, bibliografía, etc.). Unas veces cita de manera literal, otras parafrasea y, en ocasiones, también incluye sus propias conclusiones de lo que va leyendo, no son pues transcripciones textuales completas. Ello explica que no aportemos la fecha de estos estatutos, ya que él no la incluye, de hecho sólo se limita a comentar los artículos que considera oportunos. El lector deberá tener en cuenta a partir de ahora que siempre que citemos los Working Papers no se ha consultado directamente el documento en cuestión sino lo que de éste se resume en los papeles. Para el caso concreto de estos Statuts, la referencia completa es Working Papers S. G. Checkland 11/36, Minute Books & Letterbooks, UGD 57 Tharsis Sulphur & Copper Co. Ltd.
(3)BOLETIN OFICIAL DEL MINISTERIO DE FOMENTO. 03-07-1856, t. XIX, a. V, n. 236, p. 466, «Real Orden de 26 de julio de 1856 habilitando el puerto de Huelva para la importación y exportación de efectos y productos del ramo de minas».
(4) Revista Minera 01-10-1856, t. VII, p. 622, «Variedades - Compañía de las minas cobrizas de Huelva»: “La aceptación que han tenido en Inglaterra los lingotes remitidos por esta compañía y los grandes consumos de cobre que ya la tienen pedidos, la decidieron á desarrollar sus labores [...]”.
(5) Revista Minera 01-10-1857, t. VIII, n. 177, p. 633-634, «Variedades ± Minas de Huelva».
(6) Archivo Municipal de Alosno, Carta de Alfonso Le Bourg al alcalde de Alosno, 26-06-1868. Fondo Compañía de Azufre y Cobre de Tharsis: Antecedentes sobre la carretera de Tharsis al Río Odiel (1867-1868), leg. 213.
(7)G.U.A., Carta de Alfredo Solande a Víctor Mercier, 26-10-1875. Letterbooks 4/11 May 1874-Dec 1875, UGD 57 Tharsis Sulphur & Copper Co. Ltd.
(8) G.U.A., Report by Don Luis Sánchez Molero, Ingeniero Jefe de Segunda Clase del Cuerpo de Minas, 02-01- 1866. Working Papers S. G. Checkland 11/11 (1865-1908), UGD 57 Tharsis Sulphur & Copper Co. Ltd.
(9) G.U.A., Report to the Shareholders, 30-06-1860, p. 9. WorNing Papers S. G. ChecNland 11/36, Minute BooNs & LetterbooNs, UGD 57 Tharsis Sulphur & Copper Co. Ltd.
(10) G.U.A., Report on The Tharsis, Calanas and San Telmo Sulphur and Copper Mines, William Moore. Glasgow, 1866. WorNing Papers S. G. ChecNland 11/34, UGD 57 Tharsis Sulphur & Copper Co. Ltd.: «The manufactured copper from Tharsis is conveyed, partly in carts, over a very bad road constructed by the company, and partly on mules’ backs over the mountains, to the loading wharf on the river Odiel, at El Charco». El protagonismo de este ingeniero escocés no terminaría con la redacción de este informe encargado por Charles Tennant, presidente y máximo accionista de la Tharsis Sulphur, ya que más tarde sería el encargado de diseñar el ferrocarril y el muelle de hierro (Andivia-Marchante, 2014, 178).
(11)G.U.A., Carta del 5 de octubre de 1866. WorNing Papers S. G. ChecNland 11/36, Minute BooNs & LetterbooNs, UGD 57 Tharsis Sulphur & Copper Co. Ltd.: «Agreed to pay the sum £200 for the repair of the road to Charco».
(12)Respuestas Generales del Catastro del Marqués de la Ensenada (1755).
(13) También Luciano Escobar (1899, 3), que llega a Alosno en 1849, refleja este hecho: «En su desarrollo, se vieron precisados a recurrir a los limítrofes para que les cedieran una parte de sus terrenos mas inmediatos, y esta cesión fue tan insignificante y poco fructífera, que les obligó, primero a los mas intrépidos a lanzarse al comercio ambulante. Viendo otros que aquellos aumentaban su capital, los siguieron sin vacilar, y así todos los aptos para el camino, ya en el comercio, ya en la a arriería, buscan su vida y gustosos continuaron y prosperaron».
(14)Repositorio Institucional de la Universidad de Huelva (R.I.U.H.), Report by the Directors of the Tharsis Sulphur & Copper Co. Limited, to the Second Ordinary General Meeting of Shareholders, 27-08-1868, p. 3. Charles Tennant, William A. Vérel y Jonathan Thomson.
(15) G.U.A., Report to the Shareholders, 30-06-1860, p. 15. WorNing Papers S. G. ChecNland 11/36, Minute BooNs & LetterbooNs, UGD 57 Tharsis Sulphur & Copper Co. Ltd.
(16) Archivo Histórico de las Minas de Tharsis (A.H.M.T.), Inventario General Minas de Tharsis (1862), libro 471.
(17) G.U.A., Carta de Alfredo Solande a Víctor Mercier, 26-10-1875. LetterbooNs 4/11 May 1874-Dec 1875, UGD 57 Tharsis Sulphur & Copper Co. Ltd. Solande era por entonces representante de la compañía en Huelva; Mercier, avezado hombre de negocios, ocupó el cargo de Director General en España desde agosto de 1859, sustituyendo a Duclerc. Las cosas no le iban nada bien a la compañía y ésta le encargó sanear las cuentas, reordenar los trabajos mineros y darle, en definitiva, un nuevo impulso al negocio.





miércoles, 16 de enero de 2019

SEGREGACIÓN Y PATRIMONIO




Solamente los pueblos que aprecian y valoran tanto su pasado como
para conservarlo y difundirlo, son merecedores del mejor de los futuros”.
(Placa instalada a la puerta del museo).

Más de una vez nos hemos manifestado por el potencial turístico que el pasado minero de Tharsis podía ofrecer como una alternativa económica a la desaparición de la actividad. Que las instalaciones representativas de esa actividad minera centenaria, estuvieran concentradas en tan pequeño espacio, las hacían idóneas para el extraordinario museo al aire libre al que de forma natural estaban abocadas. Permitiendo así que nuestro patrimonio pudiera ser conservado para generaciones futuras.
Este inventario material heredado, al igual que algunos de los servicios financiados por las compañías mineras, fueron pioneros y admirados no sólo en pueblos de la provincia, también en el resto de España, conformando un rico pero olvidado legado.
Pionero fueron los casinos mineros, el de Tharsis de los más antiguos de la provincia, inaugurado en 1880,y dotado de una surtida biblioteca. Al igual que la banda de música, que tocaba en pueblos de alrededores, siendo muy aplaudida y admirada.
Pionera fue la cooperativa de consumo, que funcionaba en los tres centros, y permitió que la población dispusiera de productos básicos incluso en épocas de crisis o desabastecimiento.
Pionera fue también lo que podíamos considerar como las primeras cajas de ahorros que empezaron a proliferar en España, donde los trabajadores podían ingresar parte de su salario obteniendo unos intereses que garantizaba la Compañía. Idea importada de Gran Bretaña.
La enseñanza gozó igualmente de prestigio y cualificación en toda la provincia. Quienes asistimos a la Escuela Grande recordamos que los libros de texto y la enciclopedia Álvarez, pasaba de un curso a otro ahorrando costes para las familias.
Todo ese rico legado material e inmaterial que hemos conocido, tenemos la obligación de traspasar a los más jóvenes.
Aunque la maquinaria y los talleres es el patrimonio más escandalosamente arrasado. Instalaciones con artefactos y aparatajes centenarios, que habían servido hasta no hace mucho para fotos de bodas, reportajes de modelos, grabaciones de videoclips, o películas; como La cólera del viento, con Terence Hill de protagonista; ya no serán posibles. Hoy, visitar aquel emporio de actividad: Talleres, estación, central eléctrica, creosota, planta de trituración, etc; no nos causa más que pena y tristeza. Y pensar que el legado histórico que ofrecía Tharsis para atraer visitantes, no requería mucha inversión, bastaba que lo que se podía visitar estuviera minimamente organizado y fuera seguro.



Desgraciadamente nada de esto se ha tenido en cuenta, no sólo porque indeseables hayan venido a robar, también porque desde el Ayuntamiento se ha permitido y consentido que tan rico patrimonio fuera vendido por chatarra. Que la tan cacareada puesta en marcha del ferrocarril minero se ha demostrado que no era más que un bulo, que sirvió para que los liquidadores vendieran al Ayuntamiento todas las instalaciones a un precio mucho menor del que le ofrecían otros interesados, para luego hacer caja como otro chatarrero más. 



Con ser grave y vergonzoso todo lo que ocurre con nuestro patrimonio, lo es mucho más por cuanto desde la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía se dicta resolución declarando Bien de Interés Cultural, y zona de especial protección con la tipología de Zona Patrimonial, todos los bienes que representan la actividad minera desde 1853. Recogidos en la página 263 de la resolución. Pero con seguridad, nadie tendrá responsabilidad porque se declare bienes a proteger cuando ya han sido reducidos a chatarra y continúan destruyéndose.

¿Y ahora qué tenemos? 
Una declaración de interés cultural que nada protege desde sus promulgación. 
Un museo cerrado los fines de semana, cuando más forasteros acuden al pueblo. Con interesantes piezas representativas, pero que debería ser el colofón a una visita in situ, por donde tantos familiares nuestros se ganaban la vida.
Unas instalaciones ruinosas y peligrosas de visitar, de las que ha desaparecido todo vestigio de a qué se dedicaban nuestros antepasados.
Unos edificios emblemáticos, cada vez mas deteriorados, en los que se intentó dotar al pueblo de infraestructura turística, pero que ni la inversión pública ni privada han conseguido poner en servicio: Casa de Huéspedes y Chalet Nº 1.
Unos recursos mineros que parece interesar al capital extranjero, una vez más. Y que pudiera poner fin al continuo vandalismo de las instalaciones, aunque demasiado tarde. Donde su explotación constituiría un verdadero revulsivo, tan necesario para nuestra comarca andevaleña. Pero no se ven obras, maquinarias, o planeamientos, para confirmar que el interés por explotar estos recursos sean ciertos y no mera especulación. La ubicación de esas reservas mineras, y la estimación en toneladas de mineral, son de sobras conocidas; publicadas desde hace años por la propia Compañía, y en la prensa internacional.

José Gómez Ponce
Enero 2019



miércoles, 9 de enero de 2019

Exposición de fotografías



Después de la ruta fotográfica del pasado 17 de Noviembre, para conmemorar el 165 aniversario de la visita de Ernesto Deligny, algunas de las fotografías realizadas serán expuestas en el casino de Tharsis. Estando prevista su apertura al público, el día 12 de Enero, sábado, a las 12 del mediodía. En el horario de apertura del casino, o en el que su junta directiva considere oportuno.

martes, 4 de diciembre de 2018

SANTA BÁRBARA DE NUESTRA INFANCIA




Cuando empezamos a escribir en Internet dedicamos algunos artículos a esta festividad del 4 de diciembre. Colgamos también un vídeo en You Tube hace ya ocho años.
La religiosidad entre los habitantes del poblado, que desde 1866 contaban con un edificio para el culto, no parece que estaba muy extendida. La capilla que se construye en Pueblo Nuevo, considerada como primera iglesia de Tharsis, se solicita bajo la advocación de Santa Bárbara. Santa relacionada desde la Edad Media con las peregrinaciones a Santiago de Compostela, y adoptada como patrona y protectora de los mineros y antes del cuerpo de artilleros.
Si la afluencia de mano de obra a las minas de Tharsis tuvo repercusión en toda España, dos de los pueblos más cercanos, Alosno y La Puebla, sí tenían tradición religiosa; manifestada en procesiones, devociones y fiestas: San Juan Bautista o la Virgen de la Peña, entre otros.
No parece que esa tradición por lo religioso, importada al poblado que se estaba configurando en torno a la mina, tuviera la misma continuidad; en el sentido de acudir a misa, a las procesiones, o cumplir los preceptos que señalan la iglesia católica; más al contrario, esas tradiciones se irían relajando al acudir a trabajar como mineros. Fuera por comodidad y no tener que hacer 6, 0 14 kilómetros para un bautizo, una boda, o una misa de difuntos, o fuera por ideología; en la correspondencia que se mantiene con el arzobispado de Sevilla se señala que los mineros no bautizan a sus hijos o lo hacen con cierta edad.
Sobre la vida en los poblados mineros ya escribía Checkland en su libro, que la festividad de Santa Bárbara era un gran día festivo, pero relata por lo anecdótico la gira que se montaban los escopeteros. También Cándido Maestre en una de sus crónicas hacia 1953, escribía que la participación en esta festividad aumentó después de la guerra civil.
Que la guerra tuviera su influencia en una mayor participación también se puede entender, si quienes la perdieron perseguían a la Iglesia y quienes la ganaron salieron en su defensa.
También tendría su influencia los hechos tan desagradables vividos: quemas de iglesias e imágenes, requisas de objetos de culto. Después los vencedores nos impusieron el catecismo de la iglesia católica.
Hijos de aquella situación somos muchos jubilados de hoy, que vivimos Santa Bárbara sobre todo como un día festivo.
No teníamos que cumplir con la obligación de ir a la Escuela Grande. Ese día era de los más alegres de nuestra existencia. Escuchar los cohetes, la banda de música, ya nos hacía saltar de la cama la mar de contentos. Nos poníamos la ropa que nuestra madre había comprado para la ocasión, bien en el ditero, o si días antes habíamos ido a Huelva con los vales que daba la Compañía para que nos atendieran en El Barato, o en casa Aurelio la tienda chica.
Salir a la calle antes de vestirte de domingo para ver y escuchar cohetes y a la banda de música, era una obligación. Ya te podía decir tu madre que hacía frio o que habían carámbanos, tenias que respirar ese aire nuevo, que olía a fiesta, a diversión.
Nos entraba la prisa por salir a la calle, nos parecía que si no salimos a la búsqueda de la gente nos estábamos perdiendo algo. Quería ayudar en casa para que ese día estuviéramos más horas fuera, e intentaba encender el petroman sin conseguirlo, porque no le había quitado bien la carbonilla que se forma en la torcía y tenía que venir mi madre a encenderlo, dejando de planchar el pantalón o el vestido de mi hermana. Ese día, ademas, era en los que la Compañía suministraba corriente eléctrica a las casas durante el día.
Cuando toda la familia ya estábamos listo para salir, te tenían que dar el último retoque: que si en el peinado, en el pantalón, o el vestido.
La procesión, que desde 1959 ya contaba con la actual iglesia, reunía en su explanada a las familias para acompañar a la imagen hasta Sierra Bullones. Esa explanada también la vimos alguna vez repleta de trabajadores cuando algún suceso luctuoso tenía lugar. El camino de ida y vuelta se hacia con alabanzas a la patrona de los mineros, que eran contestados con vítores por el público.

El llano del paseo, cuando el casino actual entró en funcionamiento en 1951, era el lugar de encuentro. Y por supuesto, ese día había que entrar al casino, que estaba a rebosar de público. Tus padres te decían que te sentaras pero lo que hacíamos era picotear en su tapa de choco frito y salirnos al llano para estar a nuestro aire.
Encontrabas a otros compañeros con nuevas indumentarias, igual que te encontraban a ti. Comprar algunas chucherías con el dinerillo que te daban para la ocasión, era otra necesidad. Te llegabas por Julián Castell o te acercabas al canasto que llevaba Román.
Estábamos ansiosos por ver las atracciones que se habían montado. Algunas nos divertían, como esa cucaña pintada de verde con un cuadrado de madera y aristas de cuerdas, que giraba en torno a un eje, y recuerdo ver a alguien alcanzar con la boca el dinero en papel que se ponía en un extremo.

Otra atracción, pero más que diversión producía tristeza; consistía que un hombre, con el torso desnudo, se tendía en el suelo cubierto de cristales y un ayudante con una marrilla le partía una piedra apoyada en su vientre. Otro año actuó la Sansona del siglo XX, y con la boca intentaba tirar de una cuerda atada al camión de Santiago, el camión que se utilizaba para ir en grupos a la Peña.
Y cómo olvidar al presentador de la caseta instalada junto a la terraza del casino, Manolo el Control, presentando a los Beatles de Cádiz o al dúo Rupoll. Cuanto disfrutamos de todo aquello.

¡Santa Bárbara de nuestra infancia, ampáranos!

José Gómez Ponce
Diciembre 2018

lunes, 26 de noviembre de 2018

RELATO SOBRE LA RUTA FOTOGRÁFICA



La ruta fotográfica del sábado día 17, programada para conmemorar el 165 aniversario de la llegada de Ernesto Deligny, resultó entretenida. La sorpresa me la llevé yo, no solo por el número de participantes, venidos de Huelva, San Telmo, o Sotiel Coronada. La grata sorpresa, no exenta de preocupación, se me dio tres días antes por e-mail: los tataranietos de Deligny me comunican que acudirán desde París, que a las 10 de la mañana se presentaran en el casino de Tharsis. Mi alegría fue grande, y mi preocupación también. Por una parte me encontraría de nuevo con Benoit Gervais, que nos visitó hace dos años, y le podría hacer nuevas preguntas; y por otra parte, ¿cómo localizo yo en dos días a un interprete, si ellos no hablan español y conversan en ingles o francés? Ademas, en el e-mail me pedía que nos acompañase Roger Roland, que ya nos hizo de interprete y es una persona bien conocida en el pueblo. Pero mi gozo en un pozo, el móvil de Roger no recogía mis llamadas y su correo electrónico me devolvía mis mensajes. Esto era el viernes, sin esperanzas ya de poder contar con un interprete para el día siguiente. Menos mal que Jaime me recordó que el hijo de Paco Volante domina varios idiomas, y tenía que contactar con él para ver o pedirle que ese fin de semana viniera a Tharsis. Todo era una incógnita llegado el sábado, solo faltaba que lloviera para dar al traste con trabajo e ilusiones.
Me presento en el casino antes de las diez y allí que llegan Diego Volante y Roger, ¡uff!, que alegría. Dos interpretes, y el día anterior no contaba con ninguno. Al momento veo que entran al casino el tataranieto de Deligny acompañado de su hermano, una cuñada y su hijo. Lo saludo estrechándole la mano y lanzándole un ¡Bonjour! que me salio del alma. Ya con el interprete al lado, me comunica, que me hace entrega de un ejemplar de la primera edición de los apuntes históricos para que en su nombre lo entregue al museo de Tharsis.

Nos hicimos la foto en los escalones del casino. Les comenté a los allí reunidos cómo estaba organizada la ruta, y les hablé sobre el personaje del que recordamos el 165 aniversario de su visita.
Partimos del casino 15 coches, que terminamos casi cuatro horas después en el mirador de Sierra Bullones.

Los familiares de Deligny se marcharon contentos y agradecidos, y el resto de participantes, aficionados a la fotografía, han descubierto las posibilidades que el pueblo les ofrece para repetir una nueva visita por su cuenta.
Ahora nos queda por delante la segunda parte de esta ruta, que las fotografías realizadas, o parte de ellas, puedan ser expuestas en el casino, lo que comuniqué en su día al presidente, Alonso Vélez. También al presidente del casino de Corrales, Javier Gabalda, le propuse que pudieran exponerse parte de estas fotografías, y según me comentó, lo consultaría con la junta directiva, adelantándome una grata particularidad, que al estar de celebraciones por el 100 aniversario de su inauguración, quieren organizar un concurso para otorgar tres premios en metálico.

José Gómez Ponce
Noviembre, 2018


lunes, 5 de noviembre de 2018

RUTA FOTOGRÁFICA EN THARSIS




Desde amigos de Tharsis ya hemos divulgado la trayectoria de Ernesto Deligny (1820-1898), no solo en el blog, en Facebook, editando sus apuntes históricos, o en alguna intervención radiofónica. También acudimos en 2011 al colegio Argantonio para hablarle a los alumnos de la labor de este francés, que visitó un terreno inhóspito, despoblado, sin nombre ni futuro, en 1853.
Esta ruta fotográfica tiene por objetivo recordar aquella visita, que gracias a la determinación mostrada para hacer realidad lo que parecía imposible, nuestros antepasados vivieron y prosperaron trabajando para la empresa que pasó de ser francesa, a británica y después belga.
En el cartel se explica lo que se pretende, por lo que el desplazamiento es por cuenta de cada uno, y ya que los lugares a visitar están a cierta distancia, lo haremos en coche, partiendo del mismo sitio y siguiendo un itinerario. En cada lugar visitado se dará una explicación o se leerá algún pasaje de sus apuntes, después un tiempo para hacer las fotografías.

José Gómez Ponce
Noviembre 2018

martes, 4 de septiembre de 2018

CORRALES, 100 ANIVERSARIO DEL CASINO MINERO.



El pasado mes de Junio fue organizado por el Casino minero de Corrales una fiesta para conmemorar los 100 años de su apertura: 1918-2018. Por lo que nos cuentan, el acto fue emotivo y alegre, con la participación de los socios, que recrearon la efemérides con indumentaria similar a la de aquella época.
Previamente se descubrió una placa recordando aquella fecha de 1918. Después se procedió a degustar los aperitivos que los propios socios habían elaborado, acompañados de té y otras bebidas.
Estos Casinos, o círculos mineros que la Tharsis Sulphur sufragó en los tres centros: Tharsis, La Zarza y Corrales, se adelantaron muchos años al resto de Casinos de la provincia.
Lo que los hacía diferente es que la propia empresa se encargaba de su construcción y dotación. El de Tharsis, hasta los años 30, constaba de mesa de billar, pianola, proyector de cine para películas mudas, y de una excelente colección de libros. Posteriormente, con la llegada de la radio, se instaló un aparato de radio a válvulas, con tanto éxito, que venían andando desde Alosno para escuchar las retransmisiones de los partidos de fútbol.
Aunque fueron construidos para el disfrute de los trabajadores, el staff directivo debió contar mucho antes de un casino mas exclusivo y elitista, situado en los aledaños de sus viviendas. Ya pusimos aquí la fotografiá de la demolición del Casino inglés de Tharsis en los años 60, que denota una construcción bien antigua, seguramente no muy lejana al traspaso de Mercier a los ingleses en 1866.
Pero si importante fue que estos poblados mineros dispusieran de algún centro de ocio, igual de importante fueron otras construcciones financiadas por la Compañía: iglesia, cementerio, hospital, mercado; y lo mas importante, casas. Pero su construcción, o mejor, su escasa construcción de viviendas, motivó siempre un grado de conflicto entre empresa y trabajadores.
Tanto los edificios como las infraestructuras necesarias para vivir en los poblados mineros fue responsabilidad de la empresa. Suministrando agua y electricidad. Agua, perforando pozos cuando la combustión de las teleras hacía que el agua potable escaseara y la depuración ni se contemplaba. Electricidad desde la central eléctrica a las casas. El mercado, siempre surtido de productos, unos traídos por ferrocarril a partir de 1871, y otros directamente por los propios agricultores a lomos de caballería desde Cartaya, Lepe, o Gibraleón.



Esta responsabilidad asumida por la empresa debió tener dos objetivos, no por ellos despreciables: 1) Fijar a la población. En la medida que vivienda, comida y ocio estuvieran minimamente cubiertos, residir en el poblado sería atractivo. Ya en los comienzos de la minería, la empresa sufría el abandono de mano de obra en la época de la cosecha. Igualmente, la autosuficiencia a la que se vio abocada por la lejanía de centros industriales y el coste de los transportes, la persuadió a asumir la reparación de maquinas y la fabricación de piezas; donde los modelos en madera expuestos en el museo es un claro ejemplo. De ahí que instruyera a una población eminentemente agrícola para dotarse de mecánicos, carpinteros, fundidores, maquinistas, fogoneros, etc.
2) Rentabilizar la inversión económica. Poner en explotación unas minas creando tres centros mineros y unirlos por ferrocarril, fue una verdadera revolución industrial. Sus planes incluían conseguir estabilidad social, que pretendían conseguir creando casinos, teatros, hospitales, bandas de música, o economatos. Pusieron en explotación estas minas para sacar el máximo rendimiento a nuestras materias primas y a nuestros antepasados. Que el Casino fuera un elemento más para fijar a la población y alejarla de pulsiones contestatarias o revolucionarias, también es evidente. Y a pesar de toda esta ingente infraestructura la Compañía sufrió huelgas y sabotajes.
La celebración de estos 100 años del Casino minero de Corrales es un hecho histórico que los vecinos han recordado oportunamente. Si orgullosos estuvieron nuestros padres y abuelos por considerarse mineros, que menos que recordemos el aniversario de un centro que fue importante en sus vidas y les permitió, de alguna manera, evadirse de su duro trabajo.
Olvidarse de donde venimos, nos puede conducir a tomar malas decisiones.

José Gómez Ponce
Septiembre 2018